Corrupción – Cuba – Corruption
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¡Abajo el embargo! ¿Y las libertades ciudadanas?

¡Abajo el embargo! ¿Y las libertades ciudadanas?
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 9 Nov 2015 – 7:53 am.

Las nuevas relaciones con EEUU tienen que acompañarse con restauración
de los derechos y libertades de los cubanos.

El pasado 27 de octubre la Asamblea General de la Organización de
Naciones aprobó una resolución contra el embargo impuesto por Estados
Unidos a Cuba. El hecho no reúne la condición de noticia por su
repetición, pero guarda una diferencia que merece atención: las 23
ediciones anteriores tuvieron lugar en un contexto confrontacional,
mientras la actual se presentó después del restablecimiento de las
relaciones diplomáticas entre los dos países.

Como el nuevo escenario no emergió de la victoria de ninguna de las
partes sino del fracaso de ambos, por razones de pragmatismo y
responsabilidad los problemas pendientes en el camino hacia la
normalización —que son muchos y complejos— requieren de un tratamiento
acorde con el nuevo escenario.

En “Desbrozando la hiedra paso a paso”, publicado en Juventud Rebelde el
18 de enero de 2015, la periodista Juana Carrasco citó las siguientes
palabras de Raúl Castro, pronunciadas en privado ante dos senadores
norteamericanos en 1977: “Nuestras organizaciones son como un puente en
tiempo de guerra. No es un puente que se puede construir fácilmente, ni
tan rápidamente como fue destruido. Toma tiempo, y si ambos
reconstruimos ambas partes del puente, cada cual su propia parte del
puente, podremos, darnos la mano, sin ganadores ni perdedores”. En esas
palabras el mandatario cubano reconoce el carácter bilateral del
conflicto y de su solución.

Acorralar al poder ejecutivo de Estados Unidos o forzarlo a apoyar la
resolución cubana implicaba mover al presidente Barack Obama de la
flexibilización del embargo al enfrentamiento con el Congreso, pues
votar contra una ley, justa o no, del país que él representa, constituye
un acto de alto costo político.

Si por cualquier razón Cuba no podía dejar de presentar la resolución,
entonces la misma debió tener otro carácter. Por ejemplo, agradecer el
apoyo a todos los que votaron a favor durante los 23 años precedentes y
anunciar que una vez restablecidas las relaciones diplomáticas la lucha
contra el embargo será competencia de la negociación entre ambos países.
Sencillamente la ONU no fue ni será escenario para la solución del
embargo, entre otras razones, porque las resoluciones de ese organismo
internacional no son de obligatorio cumplimiento, como lo demuestran las
24 resoluciones aprobadas.

Esa conducta pasa por alto que aprovechando la confrontación, en Cuba se
desmontó la sociedad civil, se castraron las libertades cívicas y
políticas, el poder se concentró en el líder y la propiedad se
monopolizó por el Estado. Uno de los efectos negativos de ese proceso
fue la desaparición de la condición de ciudadano, lo cual se reflejó en
la indiferencia social, la ineficiencia económica, los salarios
insuficientes, el éxodo cada vez mayor de los cubanos y una galopante
corrupción. De ahí lo inútil de insistir en el pasado.

Se trata pues, de desandar el camino transitado desde enero de 1961,
cuando la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba
condujo al presidente Dwight D. Eisenhower a la decisión de romper las
relaciones diplomáticas y en septiembre de 1962 a la promulgación del
embargo por John F. Kennedy.

Lo determinante para los cubanos sería emplear a fondo las oportunidades
que brindan las relaciones diplomáticas y las medidas de flexibilización
implementadas por la administración estadounidense para ir desmontando
gradualmente el embargo hasta arribar a la normalización plena de las
relaciones.

La solución de ese crítico cuadro, sin el cual no habrá cambios
sustanciales en Cuba, depende esencialmente de medidas internas
dirigidas a empoderar a un pueblo impedido de participar en la solución
de un problema que le afecta directamente. Parafraseando al general Raúl
Castro, lo destruido es como “un puente en tiempo de guerra, que no se
puede construir tan rápidamente como fue destruido. Toma tiempo, y si
cada uno reconstruye la parte del puente que le corresponde todos
seremos ganadores”. Por tanto, la normalización de las relaciones con
Estados Unidos tiene que acompañarse con la reconstrucción del puente
cívico que fue destruido, es decir, con el empoderamiento de los
cubanos, con la restauración de los derechos y libertades para su
participación efectiva en los problemas nacionales, lo cual hoy está
ausente en el discurso gubernamental.

Los pasos sucesivos que condujeron a las conversaciones secretas, a la
declaración simultánea del 17 de diciembre de 2014, a las rondas de
conversaciones efectuadas a partir de enero de 2015 y a la decisión de
reabrir las respectivas embajadas en Washington y La Habana, requieren
simultáneamente de la restauración del derecho de asociación, de acceso
a internet, de salir y entrar a su país sin límites de tiempo, de ser
empresario, de contratarse libremente como fuerza de trabajo, etc.

Lo que acaba de ocurrir en las Naciones Unidas guarda relación con la
violencia devenida cultura, expresada en batallas épicas, héroes y
mártires, sangre y “victorias”. Una clara manifestación de esa realidad
cubana es que en el siglo XX, durante los primeros 31 años de República
—de 1902 a 1933— con excepción del Dr. Alfredo Zayas, todos los
presidentes cubanos procedieron de las guerras de independencia
escenificadas el siglo anterior: hombres entrenados en el ordeno y mando
con una pobrísima cultura democrática. De igual forma de 1933 a 1952
prácticamente todas las figuras que tomaron parte en la política
emergieron de la lucha violenta —cívica o militar— contra el gobierno
del General Gerardo Machado. Y de los 63 años que van de marzo de 1952 a
hoy, Cuba realmente ha tenido solo tres presidentes: dos generales y un
comandante en jefe, ninguno elegido democráticamente en las urnas.

Ese predominio del ordeno y mando, unido a las responsabilidades e
intereses contraídos y al miedo a la pérdida abrupta del poder, guarda
una relación directa con la última resolución contra el embargo
presentada en la ONU el pasado mes de octubre.

Lo deseable y necesario para el pueblo cubano es que el Gobierno, a la
vez que normaliza las relaciones con Estados Unidos, reconstruya el
puente destruido implementando cambios dirigidos a facilitar el efecto
de las medidas estadounidenses, con lo cual se generaría un escenario
favorable para neutralizar las fuerzas que en el Congreso norteamericano
se oponen. Claro, esas medidas fortalecerían al sector privado y
facilitarían el surgimiento de una clase media, que son dos de los
temores gubernamentales.

Source: ¡Abajo el embargo! ¿Y las libertades ciudadanas? | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1446993626_17986.html

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