Corrupción – Cuba – Corruption
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Disidencia y embullo

Disidencia y embullo
Los líderes disidentes no se concentran en el empeño unificador de sumar
votos contra el gobierno y más bien prefieren fajarse entre ellos,
afirma el autor
Arnaldo M. Fernández, Broward | 11/11/2015 10:20 am

El capítulo más reciente de la telenovela cubiche Disidencia en la
disidencia presentó a Eliécer Ávila (EA) y Antonio Rodiles (AR) en los
papeles protagónicos con guión basado en la novela por entregas Todos
Marchamos, del propio Rodiles y otros. La crítica en este sitio abordó
el tema desde la perspectiva del dinero, pero acaso es más significativo
este intríngulis:
– EA: “Yo no marcho con corruptos, gente sin moral y a quien el pueblo
de Cuba no soporta”.
– AR: “¿A qué se refiere él cuando dice que no marcha con corruptos? ¿A
qué se refiere cuando menciona que somos rechazados por el pueblo?”
Dejemos la corrupción a un lado, porque sólo EA sabrá de qué está
hablando. La respuesta a la última pregunta de AR se cae de la mata: EA
se refiere al pueblo que no tiene ni tendrá Todos Marchamos, que lleva
casi treinta domingos reportando detenciones y más detenciones en vez de
más y más participantes en las marchas. Y la aclaración no termina ahí,
porque EA pasó por alto que tampoco su partido Somos+ tiene ni tendrá
pueblo.

Lógica de medio a fin
Ni AR marchando ni EA sin marchar consiguen sumar partidarios. Desde
luego que cada cual puede engolfarse en el proyecto de liberación
nacional que le venga en ganas y derrochar coraje, pero de nada valió
que los efectivos de la Brigada 2506 pelearan “como tigres” —según el
oficial de la CIA Gayston Lynch— si la invasión estaba condenada al
fracaso por su irracionalidad instrumental.
El contexto de oposición pacífica exige deslegitimar al gobierno por
medio de las urnas, pero los líderes disidentes ni se nominan como
candidatos a delegados de las asambleas municipales ni se concentran en
el empeño unificador de sumar votos contra el gobierno. Prefieren
fajarse entre ellos.
Y lo hacen porque cada cual tiene su propia estrategia, aunque ninguna
genera el mínimo arrastre popular. Esto último suele achacarse a la
represión, pero así queda sin explicación por qué los líderes opositores
“que van y vienen” tampoco tienen arrastre popular en el exilio. Ninguno
se lanza a la colecta popular entre la masa de exiliados libres de la
represión y eso me hace pensar que no han muerto al final ni la
sabiduría ni la hipocresía exiliares. La sabiduría refrena el impulso de
abrir el monedero para sufragar iniciativas como los comedores de
Guillermo Fariñas y la revolución con memorias flash de Yoani Sánchez.
La hipocresía acelera el impulso de defender a ultranza, sobre todo por
Internet, estas y cualesquiera otras iniciativas descabelladas, pero sin
abrir el monedero.

Le ronca la mangosta
Tras casi seis décadas de castrismo corriente, todavía se empollan
anticastrismos tan ilusorios como la Operación Mangosta, que la
administración Kennedy pergeñó tras el fiasco de Bahía Cochinos con
treinta y pico tareas, de las cuales se cumplió tan sólo la Tarea 21:
“inducir a errores en los cultivos de alimentos”, pero no por la CIA,
sino por el propio gobierno de Castro.
La clave irracional puede ilustrarse ejemplarmente con el testimonio que
rindió ante el Comité Church (1975) el oficial de la CIA Tom Parrott: el
brigadier Edward Landsdale, jefe de operaciones, “tenía un plan
maravilloso para salir de Fidel Castro. Consistía en difundir por toda
Cuba que la segunda venida de Cristo era inminente y que Cristo estaba
contra Castro, [quien] era el Anticristo (…) En el momento oportuno
saldría frente a las costas de Cuba un submarino americano para disparar
obuses de iluminación (star shells) como manifestación de la segunda
venida de Cristo y Castro caería”.
Ningún proyecto actual de la oposición, disidencia o resistencia
orientado a la transición democrática en Cuba entraña mejor racionalidad
que aquel plan de “eliminación por iluminación” de Lansdale. Tenemos
incluso una versión light de ese plan con los fuegos artificiales en
aguas internacionales frente a La Habana: “oposición por iluminación”.
En el contexto de oposición violenta, la CIA comprendió de inmediato que
para tumbar a Castro había que matarlo. Igual rigor lógico mostraron
Jack Esterline y Jack Hawkins, jefes respectivos del Grupo Especial
(WH-4) y de Operaciones Paramilitares contra Castro, al puntualizar que
el fin de la invasión se lograba ya sólo por medio de la intervención
militar abierta de EEUU. Al margen de esta lógica se concibieron la
Operación Mangosta y otros proyectos.

Embullos
Por ejemplo, los exiliados se embullaron con el plan de José Elías de la
Torriente, que salió hacia diciembre de 1969 con este pregón: “Luego de
una década de pugnas, tácticas diferentes, divisiones infecundas,
gestiones conciliatorias fracasadas, luchas y sacrificios aislados, se
ha logrado concertar esa unidad de acción anticomunista y democrática de
las vertientes y sectores del exilio cubano”.
Un veterano del Plan Torriente, Esteban Fernández, confiesa: “Yo ‘me
comí el millo’ [pues] estaba seguro que el viejo [Torriente] iba a
resolver algo. Puras pamplinas”. Y la guerra se perdió, pese al embullo
anticastrista no vacilaba frente a riesgos que ya no se afrontan: morir
en combate o en el paredón o pasar 20 o 30 años en prisión sin licencia
extrapenal.
Esteban Fernández reconoce también que tampoco tuvo sentido embullarse
con “los anuncios constantes de las supuestas muertes de Fidel Castro”,
el “frenesí estúpido e irracional” ante los sucesos en la embajada del
Perú y “la locura colectiva con Elián González”, para remachar con el
asombro de que todavía hay cubanos “tan desesperados que depositan la fe
en personajes prefabricados dentro de Cuba —que van y vienen— que de
lejos hasta el bobo de la yuca puede darse cuenta que no van a resolver
nada”.
Reparemos tan siquiera en el pregón insiliar “Si #TodosMarchamos los
domingos, el miedo y la dictadura se acaban”. A este fin se enlaza un
medio que hasta el bobo de la yuca sabe que no está ni estará
disponible: no ya todos; ni tan siquiera el mínimo necesario para lograr
aquel fin saldrá a marchar jamás. Y como toda tensión prolongada es
falsa, cada domingo que pasa convence de que, en vez de actores
políticos, los líderes de las marchas no pasan de meros revoltosos. Y el
embullo se vuelve más absurdo por entre una historia de represión que
genera tan solo más represión y más historia.

Source: Disidencia y embullo – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/disidencia-y-embullo-324051

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