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El fin de la revolución cubana

El fin de la revolución cubana
Esto se jodió”, es la expresión que más usan los cubanos para referirse
a la gravísima situación en que se encuentra el país
lunes, noviembre 23, 2015 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- “El mundo, tal cual lo conocemos, muy pronto llegará a
su fin”, esta es más o menos la traducción al español del parlamento de
uno de los personajes de 2012, la famosa película de catastrofismo
dirigida por Roland Emmerich. Thomas Wilson, presidente de los Estados
Unidos en el filme, anuncia la noticia a sus homólogos de otras naciones
que, de inmediato, vuelcan todos los recursos en el diseño de una vía de
escape que solo admite a unos cuantos elegidos, es decir, a aquellos con
suficiente poder y capital para comprar un cupo en una especie de bote
salvavidas.

No hace mucho, un vecino, militante del Partido Comunista y ex miembro
de las Fuerzas Armadas, me comentaba que, al ver el filme, aunque
fantasioso en sus teorías y muy alejado de nuestro contexto, no podía
dejar de pensar que podía ser visto como una parábola de lo que sucedía
con eso que algunos aún se atreven a nombrar como “revolución cubana”
pero solo porque no encuentran otro nombre con el que bautizar el
engendro en que ha devenido ese proyecto social de los años 60 que,
mediante promesas, fintas y malabares, encandiló a algunos y encegueció
a multitudes.

Debido a la propia experiencia personal de mi vecino, el secretismo con
que los “elegidos” manejaron la debacle en el filme le hacía pensar en
una Cuba donde estuviera pasando algo parecido, no tanto por los pactos
y conversaciones secretas de los últimos meses (con norteamericanos,
rusos, chinos, coreanos del norte y europeos) ?que para nada son moda en
nuestras relaciones internaciones?, sino más bien porque había asistido
a un par de reuniones partidistas, muy confidenciales, donde algunos
altos dirigentes habían hablado de la situación cubana actual con un
tono que le “sonaba a fin del mundo”, muy similar al de Thomas Wilson y,
en consecuencia, muy distante del entusiasmo que proyectan los medios de
propaganda oficiales donde a los cubanos del futuro, es decir, aquellos
elegidos que logren ponerse a resguardo y sobrevivan a las medidas de
choque actuales, les espera un porvenir próspero y sostenible pero tan
distante en el tiempo como el mismísimo Reino de los Cielos de las
Sagradas Escrituras.

“Parece que ahora la cosa realmente no tiene remedio”, se lamentaba mi
vecino para más tarde preguntarse: “¿Pero cómo se le dice al pueblo que
esto ya no aguanta más?”. Una pregunta que, según la práctica habitual
del gobierno, pudiera haber sido esta otra: “Y ahora, ¿qué más les
inventamos?” O, peor aún, “¿cómo les decimos que no están incluidos en
nuestros planes de salvación?”, lo que evidencia no solo la desfachatez
de la aceptación del engaño colectivo como acción “benefactora” sino la
desconexión de aquellos que integran la cúpula del poder con la realidad
que conocen los cubanos.

La gente, en el día a día, ya no necesita de esclarecimientos; ha
descubierto por sí misma que viven en un sálvese quien pueda y que la
construcción del socialismo es solo otro globo inflado, por no decir una
canción de cuna que provoca más desvelos que sueños porque solo hay que
sentarse a la mesa perpetuamente desierta y tocarse los bolsillos vacíos
para percatarse de que el país avanza cuesta abajo, con prisa y sin
pausa, hacia el más despiadado de los sistemas sociales donde cada cual,
con los recursos que tiene a mano y sin pensar en el bien común, se
construye su propia balsa de salvamento o se dispone a dar brazadas y a
patalear para mantenerse a flote hasta que pase lo peor.

“Esto se jodió”, es la expresión que más usan los cubanos (después de
aquella otra, mucho más sonora, de “esto está de p…”) para referirse a
la gravísima situación en la que se encuentra el país, a la que algunos
analistas, engañados con la palabra “cambio”, quisieran llamar “camino a
la transición” pero que los más lúcidos no titubean en denominar por su
verdadero nombre: “final definitivo”, basados, sobre todo, en cientos de
síntomas y datos alarmantes como el incremento del número de personas
que han decidido emigrar a pesar de las promesas de mejoría, el aumento
de las ideas y expresiones anexionistas entre los más jóvenes, el
decrecimiento de la natalidad a causa de la incertidumbre, el
inmovilismo social y la imagen negativa que proyectan el Partido
Comunista, sus “cuadros de dirección” y las instituciones que ellos
administran, todas secuestradas por la corrupción y devastadas por el
pillaje.

“No están construyendo el socialismo, están diseñando una pequeña balsa
de salvación donde solo caben unos pocos. A nosotros nos queda esperar
por un milagro”, me dice con resignación este viejo vecino al que
también le oigo calificar a los dirigentes, a los que tanta lealtad juró
cuando era militar, como a unos grandes “infladores”: “Han inflado
tantos globos para mantener esto a flote que nuestro escudo debería ser
un gran zepelín y nuestro héroe nacional, Matías Pérez”.

Source: El fin de la revolución cubana | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/el-fin-de-la-revolucion-cubana/

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