Corrupción – Cuba – Corruption
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El nuevo rol de los “repasadores”

El nuevo rol de los “repasadores”
La crisis del sistema educativo cubano afecta gravemente a las nuevas
generaciones
lunes, diciembre 21, 2015 | Ana León

LA HABANA, Cuba.- En Cuba la nulidad de los salarios, las pésimas
condiciones de trabajo y el brusco vuelco producido en la moral de los
ciudadanos durante el denominado Período Especial, han afectado
considerablemente al sistema educacional. En los años más difíciles de
la década de 1990 se hizo evidente un dramático descenso en la nómina de
los profesores en todos los niveles de enseñanza, ora por la emigración
de estos profesionales hacia otros países –fundamentalmente Estados
Unidos–, ora por su desplazamiento hacia empleos mejor remunerados.

La escasez de maestros se reveló crítica en los primeros años del siglo
XXI, y el gobierno cubano debió trazar estrategias urgentes con el fin
de evitar un colapso en el sistema educacional. La primera medida,
implementada en el curso académico 2000-2001, fue el Plan de Maestros
Emergentes para los niveles educativos de primaria y secundaria. Además
fueron convocados profesores jubilados o distanciados temporalmente de
la enseñanza para que volvieran a las aulas, a cambio de una irrisoria
elevación de los salarios. Ambas iniciativas funcionaron solo a medias y
no con los resultados esperados, pues la severidad del déficit exigió
que cada profesor impartiera dos y hasta tres asignaturas, sin percibir
un aumento proporcional en su remuneración.

La oleada de profesores emergentes representó un saldo desastroso para
la educación cubana. No solo faltaba vocación a la mayoría de aquellos
jóvenes, sino que apenas eran cinco o seis años mayores que sus alumnos
de escuela secundaria. Los problemas generados en tan difícil coyuntura
fueron desde escarceos sexuales con adolescentes, hasta situaciones de
violencia que, en más de una ocasión, tuvieron consecuencias fatales.

La solución de los padres ante la obvia incompetencia del sistema ha
sido colocar la educación de sus hijos en manos de los repasadores. La
cifra que hace algunos años no superaba la decena de estudiantes por
clase ha ascendido a veinte e incluso treinta que acuden, dos o tres
veces por semana, a aprender –no repasar– el contenido de sus materias
en casa de un maestro privado.

La repasadora María Eugenia Bode imparte clases de Física y Matemática a
una matrícula numerosa, compuesta por niños y adolescentes de varios
municipios de La Habana. Según comentó para este reportaje, las
principales razones que motivan a los padres a contratar los servicios
de los repasadores son: primero, la posibilidad de que sus hijos reciban
una mejor preparación, sustentada en la calidad de las clases y el
tratamiento diferenciado que ofrece el enseñante privado a los alumnos
menos aventajados; segundo, el déficit de maestros, sobre todo en las
escuelas secundarias; y tercero, la inestabilidad de los claustros, que
provoca que los estudiantes pasen meses –a veces el curso completo– sin
recibir alguna de las asignaturas incluidas en el plan de estudios.

Gran parte de los maestros no manifiesta vocación ni interés hacia su
profesión; dificultad que se agudiza si se ponderan los bajísimos
salarios adjudicados al sector educacional. De ello se ha desprendido el
grave –y al aparecer, irreversible– mal de la corrupción, que se expresa
desde la práctica privada del magisterio por parte de profesores activos
en el sistema cubano de educación, hasta la venta de hojas de ejercicios
–entre los cuales van incluidos los que saldrán en el examen–,
seminarios, controles parciales y finales.

Muchos profesores que en las escuelas no imparten buenas lecciones,
ofrecen clases particulares en horario nocturno para los mismos
estudiantes que a diario deberían instruir en horario regular docente.
Ello representa un negocio redondo y proporcional a la remuneración
recibida según el caso: los salarios miserables que paga el gobierno
cubano son correspondidos con la docencia mediocre que se da en las
escuelas; mientras las lecciones privadas suponen un beneficio que
asciende, en una hora y media de clases para una matrícula de diez
alumnos (1 CUC o 0.87 USD per cápita), a la mitad del salario mensual
que ganan los maestros. Todo ello con el bono adicional de que, entre
los ejercicios que el maestro privado les explica, aparecen aquellos que
serán evaluados en el examen. Así, el profesor no solo garantiza un
mejor sostén económico para sí, sino también la promoción “con esfuerzo
propio” de sus pupilos.

La venta de hojas con ejercicios “target” al módico precio de 1 CUC
constituye otra de las prácticas más comunes de la corrupción de los
educadores cubanos, siendo la actitud de los padres lo más alarmante
ante tal realidad. En lugar de acudir con la denuncia al Ministerio
Municipal de Educación, prefieren hacer la vista gorda porque temen
represalias contra sus hijos. Coquetean con el descalabro ético que
supone pagar horas extras al mismo profesor de la escuela; sin
comprender que, de modo colateral, están comprando el aprobado de los
muchachos.

De acuerdo a un informe publicado en 2014 por el Banco Mundial, Cuba es
el país que más dinero invierte en Educación y es la única nación en
América Latina cuyos resultados en esta esfera alcanzan parámetros
mundiales. Cabría entonces preguntarse: si son los propios estudiantes
quienes deben ir a limpiar sus centros escolares, si los padres deben
reunir el dinero para comprar artículos de limpieza y ventiladores con
el fin de que sus hijos no se mueran de calor en las aulas, ¿a dónde van
los millones que destina el gobierno cubano al sistema educativo?
¿Cuántos de esos millones acaban en malversación, si ni siquiera hay
fondos para la inversión básica que ha de garantizar la higiene y la
ventilación de las escuelas?

Con este trasfondo, la repasadora María Eugenia no cree que exista un
futuro decoroso para la juventud cubana. A propósito subraya: “los
adolescentes se están formando sobre la base del fraude, la corrupción,
el finalismo y la falta de estudios”.

Cuando se intenta focalizar la raíz del problema, todo conduce a la
abismal desproporción existente entre el poder adquisitivo de los
ciudadanos y el elevado costo de la vida. La caída en picada de la
autoestima de los profesores, su creciente descrédito a causa de los
fraudes y el agobio de una realidad harto difícil, debilita su sentido
de la responsabilidad y el compromiso hacia una profesión considerada
medular para el desarrollo de cualquier sociedad.

Por otra parte, los padres no podrían, aunque quisieran, dedicar el
tiempo necesario a compartir la instrucción de sus hijos. Requerimientos
tan pueriles como garantizar la alimentación, el aseo y la ropa los
mantienen doblando turnos en negocios privados o bregando por las calles
de La Habana hasta altas horas de la noche. La asistencia de sus hijos a
las lecciones de la profesora María Eugenia, no solo supone un beneficio
desde el punto de vista académico, sino que permite el contacto con una
profesional de recia catadura moral, capaz de ampliar el horizonte
cultural de sus alumnos y transmitirles valores prácticamente
desaparecidos de la sociedad cubana como el respeto, la disciplina, la
cortesía y la honestidad.

Mucho se discute y especula sobre el futuro de la nación cubana a la luz
de un envejecimiento poblacional acelerado, una emigración en aumento y
una economía agonizante. Si a todo ello agregamos las fallas de la
educación, la prioridad número uno no sería ya repensar el modelo
político y económico de la nación. La inquietud esencial sería dilucidar
si las nuevas generaciones, constantemente acechadas por la ignorancia,
la corrupción y la alienación, serían un capital humano con el cual
contar para construir una Cuba mejor.

Source: El nuevo rol de los “repasadores” | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/el-nuevo-rol-de-los-repasadores/

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