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El populismo agotó su ciclo

El populismo agotó su ciclo
Se está acabando la ola que nació con la revolución cubana y se extendió
por América Latina
JULIO MARÍA SANGUINETTI 20 DIC 2015 – 00:00 CET

Cuando en 1959 estalló la revolución cubana, la América Latina entró en
un ciclo histórico que, bajo la sombra de la guerra fría, abrió un
dramático capítulo de enfrentamientos. De un lado, la magia romántica de
la revolución; del otro, los golpes de Estado, en nombre del orden y la
salvación del mundo democrático. En 1964, Brasil —la joya de la corona—
cayó en el militarismo y luego, uno a uno, fueron derrumbándose unos y
otros, con las solitarias excepciones de Colombia, Venezuela y Costa
Rica. Algunos Estados vivían viejas dictaduras (Stroessner en Paraguay,
Trujillo en Dominicana, los Somoza en Nicaragua), pero el resto fue
arrastrado en esa dialéctica. Aun a los países de mayor tradición
democrática, como Uruguay y Chile, se los llevó la marea en 1973.

Sobre la década del ochenta, se vislumbraba un agotamiento de la guerra
fría, una declinación de la acción desestabilizadora de la izquierda
marxista, apoyada desde la URSS y Cuba, tanto como de las intervenciones
de la CIA para enfrentar los regímenes revolucionarios. El militarismo
estaba en su ocaso. Y así, en 1978, retornan República Dominicana y
Perú, en 1983 lo hace Argentina —luego del derrumbe del régimen militar
por la derrota de las Malvinas—, en 1985 Brasil y Uruguay, para culminar
en 1989 con Chile y Paraguay.

La utopía revolucionaria se había desvanecido con la cristalización de
la revolución cubana; a su vez, la “redención” militarista había dejado
una siembra de dolores, fracasos y enconos. Alumbró un tiempo de
esperanzas. Nació el Mercosur con la idea de integrar a los países del
Atlántico sudamericano. Los centroamericanos consolidaron su Sistema de
Integración. La CAF, comunidad andina, ensanchó su órbita. La democracia
ya no era discutida ni tampoco la economía de mercado, con políticas más
abiertas. Se abrió un fuerte debate entre “desarrollismo” y
“neoliberalismo”, planteado en términos más dogmáticos que reales,
porque la tendencia privatizadora solo se expresó en su versión ortodoxa
en Argentina y Chile.

Desgraciadamente, la democracia, que parecía llegar para siempre, fue
bastante más esquiva. Cayeron numerosos presidentes, víctimas ya no de
irrupciones militares pero sí de una indeseable inestabilidad. Irrumpió
el populismo y la formación Alianza Bolivariana para los Pueblos de
nuestra América (ALBA), que reunió a Bolivia, Ecuador, Nicaragua y
varias islas caribeñas, bajo el liderazgo de Venezuela y Cuba. Se
trataba de un grupo cuyo discurso antinorteamericano apareció como un
retorno nostálgico. Brasil y Argentina se le sumaron, en la simpatía, en
la diplomacia y en los negocios. Se levantaban banderas de izquierda,
detrás de las cuales había de todo y hoy se advierte de modo dramático:
un autoritarismo opresivo en Venezuela, un Gobierno de confrontación y
aislamiento en Argentina, una fuerte complicidad de Brasil con todo ese
grupo heterogéneo. La bonanza de los precios del petróleo y las materias
primas (la década dorada de 2003 a 2012) marcó el apogeo de estos
regímenes más cercanos al fascismo que a la proclamada izquierda.

Hoy el viento volvió a cambiar. El ciclo de los grandes precios ha
terminado. En Venezuela, el voto popular ha sido abrumador en contra del
régimen y el ejército, hasta ahora soldado tranquilo, puso el límite
para que no se consumara el fraude anunciado por las amenazas de Maduro,
la prisión de los líderes opositores y el cercenamiento de la prensa. En
Argentina, la elección la gana el ingeniero Mauricio Macri, primer
presidente —en un siglo largo— que no es radical ni peronista. Anuncia
una economía más abierta y una intervención racionalizada de un Estado
exhausto. Brasil asiste al derrumbe moral del Gobierno del PT, a raíz de
un juicio penal que ha abierto la caja de Pandora de una gigantesca
corrupción en Petrobras, usada por el partido de Gobierno como un barril
sin fondo para sostener su estructura y por empresas contratistas como
fuente de negocios espurios.

La cohabitación venezolana será difícil, entre un presidente
autoritario, acostumbrado al abuso, y un Parlamento con más de dos
tercios opositores. En Argentina, Macri, sin mayoría parlamentaria,
deberá lidiar con la oposición enconada de la expresidente, tan airada
con la derrota que ni siquiera asistió al traspaso de mando. Brasil, por
su parte, está navegando sin rumbo, con una señora presidente
cuestionada y una mayoría parlamentaria que empieza a fragmentarse.

El futuro no está aún claramente dibujado. Pero no hay duda de que la
ola populista agotó su ciclo.

Julio María Sanguinetti fue presidente de Uruguay.

Source: Lationoamérica: El populismo agotó su ciclo | Opinión | EL PAÍS
elpais.com/elpais/2015/12/17/opinion/1450365466_960166.html

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