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Elecciones en Venezuela y experiencias cubanas

Elecciones en Venezuela y experiencias cubanas
PEDRO CAMPOS, La Habana | Diciembre 11, 2015

El triunfo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en Venezuela traerá
un sinnúmero de implicaciones para Cuba, dependiendo de cómo se
desarrollen allí los acontecimientos. Habrá que esperar algún tiempo
para poder realizar una valoración integral del fenómeno.

Para la dirección madurista, la culpa de su derrota aplastante en las
elecciones parlamentarias del pasado domingo es del imperialismo, sus
acólitos internos y su guerra económica y mediática. Los cubanos
conocemos ese discurso justificativo incapaz de la autocrítica.

El madurismo ha llegado a decir que triunfó la contrarrevolución en unas
elecciones donde perdió el PSUV abrumadoramente por sus propios errores.
Las mayorías populares que votaron por el cambio democrático, según esas
expresiones, serían contrarrevolucionarias, incluidas las fuerzas de
izquierda y chavistas que optaron por candidatos de la oposición: mala
lectura.

Este enfoque es parte de la filosofía del populismo autoritario
tradicional de una “izquierda” que ha visto lo revolucionario, lo
socialista, en el control centralizado del estado sobre la economía y la
política y en el maniqueo conmigo o contra mí, “porque la revolución soy
yo”.

Una visión constructiva de futuro obliga al PSUV, a la izquierda cubana
e internacional a realizar una valoración serena, profunda y dialéctica
del triunfo de la MUD en las elecciones parlamentarias venezolanas que
parecen marcar el fracaso, acaso anunciado, de la experiencia
estatalista del chavismo, desviado de sus corrientes socializantes
iniciales.

Para empezar, una derrota tan aplastante no puede achacarse únicamente a
la “guerra económica y mediática del imperialismo y la oposición”, que
sin duda ha existido. No podía esperarse respaldo a una política
populista de amplio gasto público, restricción de la inversión interna y
el sostenimiento de una enorme burocracia a costa de un petróleo que no
podía recuperar sus precios, por muchas razones. Gobierno además,
autoritario, de sistemático acoso a la oposición y con estrechos
vínculos y contribuciones al único Estado no democrático de la región.

Durante los últimos años, lo que más centraba el interés del Gobierno
de Nicolás Maduro era el accionar violento de grupos de extrema derecha,
con el que vinculaban a toda la oposición, fuera de centro, derecha o
izquierda, olvidando las causas del fenómeno: la ausencia de políticas
efectivas encaminadas a enfrentar el crecimiento de la inseguridad
ciudadana, la corrupción gubernamental, la inflación y el
desabastecimiento. Esto, unido al abandono del rumbo socializante
inicial del proceso ya presente en los últimos años de Chávez, alejaba
al Gobierno de sus bases originales. Todo muy típico del voluntarismo
cubano: prestar atención a los efectos, no a las causas.

Hubo mucha vocinglería antiimperialista, mucha represión innecesaria y
poca política práctica y económica para enfrentar esos problemas. Se
dedicó tiempo y recursos a tratar de elevar el precio del petróleo, a la
“solidaridad internacional” en busca de amigos y apoyos, se aumentaron
de forma voluntarista los salarios de los trabajadores públicos y del
sector privado y poco esfuerzo hubo para diversificar la economía y
conseguir el concurso y funcionamiento del capital productivo nacional.
A falta de producción y liquidez: inflación. ¡Buena asesoría cubana!

Si bien siguieron las misiones y los planes generales centrales de
beneficio social a los sectores de menos ingresos a costa del petróleo,
con precios sistemáticamente devaluados en el mercado internacional, se
priorizó la distribución centralizada de los recursos agenciados por el
Estado, a costa del funcionamiento de los presupuestos participativos
locales y el fomento del trabajo libre, privado o asociado, inicialmente
impulsados como ejes del socialismo chavista.

Aquellas modalidades, que muchos vimos con entusiasmo, fueron derivando
al enfoque cubano de capitalismo monopolista de Estado, nada socialista,
donde el papel principal del desarrollo económico no se confiere a la
iniciativa privada y social, sino a las empresas asalariadas del Estado,
se intenta vulnerar y controlar las leyes de la economía, se subestiman
y hasta desestiman las formas de producción autogestionarias, privadas o
asociadas, mientras que francamente se rechazan las distintas
modalidades de capitalismo privado, o se aceptan a regañadientes.

En vez de que el chavismo originalmente democrático, autogestionario y
socializante, influyera sobre el fidelismo autoritario, estatalista
asalariado, ocurrió lo contrario y esa es una de las causas del desastre
que enfrenta ahora el PSUV. Allá y acá, con el “socialismo” se ha
barrido el piso.

La historia demostró en todas partes que el estatalismo asalariado y el
control centralizado de los mercados son contrarios al desarrollo
sostenible de la economía. Otros Gobiernos latinoamericanos que se han
sentido solidarios con La Habana, se cuidaron de no caer en el mismo
bache, como son los casos de los Ejecutivos nicaragüense, ecuatoriano y
boliviano.

En Cuba, el sistema político autoritario y antidemocrático de control
absoluto del Partido Comunista sobre el Estado y la sociedad impiden que
la oposición democrática y la izquierda socialista se organicen,
divulguen públicamente sus programas y trabajen por un cambio político
desde las estructuras democráticas, como sí ha podido hacer la oposición
al PSUV.

Los líderes de la Sierra que capitalizaron el triunfo del 59 jamás han
permitido una elección democrática y, con lo que ha pasado en Venezuela,
posiblemente concluyan que el sistema democrático nada tiene que ver con
sus intereses políticos. Lástima que no aprendan aquella lección del
“campo socialista”: es preferible compartir y hasta perder el poder
democráticamente, que perderlo definitivamente por otros medios.

A un año del anuncio del restablecimiento de relaciones con EE UU y a
nueve de que Raúl Castro se encargara del Gobierno, las mejoras para el
pueblo llegan a cuentagotas y se ven inestables.

Como en Cuba no existen mecanismos democráticos de participación que
permitan la manifestación de las fuerzas opositoras y distintas a las
del Gobierno-Partido-Estado, se ha ido gestando un movimiento telúrico
que podría estallar como volcán, con todas sus consecuencias. Pero el
pueblo no quiere volcán, sino cauces para sus inquietudes. El éxodo
sostenido y últimamente aumentado de cubanos es la muestra más evidente
del descontento popular.

Pero en el Gobierno-Partido-Estado cubano parecen predominar las fuerzas
contrarias a un proceso de democratización que los incluya, por temor a
perder todas las palancas del poder. Las últimas declaraciones del
oficialista presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba
(UNEAC) patentizan el pavor del poder ante la democratización que viene
creciendo desde abajo y la falta de realismos político en las alturas.

Esas fuerzas ciegas y oscuras serán responsables de todo lo negativo que
generen.

Es más fácil hacer las cosas para el bien de todos: un cumplimiento
consecuente de los principales acuerdos del VI Congreso del Partido
Comunista de Cuba (apertura real al trabajo autónomo, al cooperativismo,
a la autonomía empresarial, a la descentralización de los presupuestos,
a la inversión extranjera y especialmente a la inversión de los cubanos
que están fuera del país), junto a una clara apertura democrática que
elimine la represión por razones políticas y amplíe la libertad de
expresión y asociación, potenciarían un ambiente de diálogo y concordia
nacional, un casi inmediato crecimiento de la economía interna con
prosperidad para todos los cubanos, un renacer del deseo de vivir en
esta tierra para tantos jóvenes que se van y sería crucial para que el
Congreso de EE UU empiece a eliminar todas las ataduras pendientes del
bloqueo-embargo.

Un cambio en esa dirección inclusiva, democrática, permitiría un
aterrizaje suave en la inevitable desestatización y descentralización de
la economía y la política, en consecuencia, con un principio elemental
de la politología: el poder del Estado es inversamente proporcional al
del pueblo.

Source: Elecciones en Venezuela y experiencias cubanas –
www.14ymedio.com/opinion/Elecciones-Venezuela-experiencias-cubanas_0_1905409442.html

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