Corrupción – Cuba – Corruption
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Qué nos dice Venezuela?

¿Qué nos dice Venezuela?
La sociedad que votó masivamente contra la continuidad no lo hizo a
favor de una opción política específica
Haroldo Dilla Alfonso, Santiago de Chile | 08/12/2015 1:55 pm

La derrota electoral sufrida por el Partido Socialista Unido de
Venezuela no es simplemente un descalabro electoral, sino sobre todo,
otro momento en el agotamiento del proyecto chavista.
Fue un proyecto disruptivo que emergió de los escombros del acuerdo
elitista de Punto Fijo. Se denominó a sí misma como Revolución, pero en
realidad no afectó sustancialmente las estructuras de propiedad y del
régimen político. Aunque reclamó el epíteto de socialista, tras 17 años,
Venezuela ha seguido siendo una nación plenamente capitalista y su
sistema político —aunque acompañada por una constitución en muchos
sentidos más avanzada que sus congéneres latinoamericanas— nunca
traspasó, en lo esencial, su cualidad democrática liberal.
Su vocación disruptiva se canalizó por los cauces populistas. No originó
la crisis —de hecho sus signos críticos fundamentales ya estaban
presentes durante el orden que pretendió superar— pero sí agregó más
crisis a la existente. Tampoco dividió a la sociedad —ya estaba
fuertemente dividida— sino que convirtió esta división objetiva en
componente dinámico de un discurso estructurante que separó a la
sociedad en dos campos: pueblo y oligarquía. Y no es cierto que haya
redistribuido las riquezas —la propiedad burguesa no fue tocada en lo
fundamental— sino que distribuyó mejor el excedente.
En este contexto, la suerte de la llamada Revolución Bolivariana estaba
ligada a dos condiciones. La primera era un líder carismático e
inteligente capaz de cautivar la imaginación popular. La segunda era la
bonanza petrolera. Mientras Chávez estuvo al frente del gobierno
respaldado por los precios extraordinarios de los combustibles, todo
marchó viento en popa —extensión de programas sociales diversos (las
llamadas misiones), generación de puestos de trabajo, construcción de
viviendas e importaciones masivas de bienes de consumo— justo lo que
Chávez llamó “socialismo petrolero”, de la misma manera que Carlos
Andrés Pérez había llamado “democracia petrolera” a su primer exitoso
gobierno. Y Chávez ganó una tras otra todas las elecciones, por márgenes
tan abrumadores como 26 %.
No creo que la opción populista de Chávez haya sido la mejor opción para
Venezuela para aprovechar las oportunidades del boom petrolero. Hubiera
sido más razonable usar la coyuntura para empujar un proyecto más
coherente de desarrollo económico y social. Pero también creo que fue
una opción mucho mejor que cualquiera otra practicada anteriormente en
el país, como ocurrió, por ejemplo, en los 70, cuando el auge de los
precios sirvió para amasar nuevos burgueses y ampliar desmedidamente la
fortuna de los existentes. Y dejar a Venezuela navegando en una penosa
inequidad reflejada en la convivencia de las peores favelas con las
comunidades cerradas, desde donde la burguesía venezolana construía el
mejor de sus mundos posibles. Y desde donde, probablemente, escucharon
las ráfagas criminales que segaron la vida de cientos de personas que en
1989 decidieron reclamar un lugar bajo el sol.
El sexenio 2004-2010 fue la época de oro del proyecto chavista. Pero sus
dos pivotes no duraron mucho más. Desde 2009 el precio del petróleo
comenzó a oscilar hacia la baja, y Chávez, enfermo de muerte, hizo su
última campaña electoral en 2012, cuando ganó por algo más de un 10 %.
Lo que vino posteriormente fue la comedia que sucede a la tragedia. A la
sombra de Nicolás Maduro —un político inepto que mostraba como única
virtud la sospecha de que se creía sus propias tonterías— el régimen
comenzó a mostrar todas sus fisuras: la corrupción se hizo más visible,
la boli-burguesía más escandalosa, las calles más inseguras, la crónica
“enfermedad holandesa” más lacerante, la escasez más cotidiana y la
inflación —ese cuco terrible de la clase media— más devastadora.
La sociedad que votó masivamente contra la continuidad no lo hizo a
favor de una opción política específica, pues en la MUD se agazapan
desde grupos centristas hasta derechistas apasionados. Pero
evidentemente votó —consciente o inconscientemente— para cerrar un
momento de la historia nacional. La sociedad que votó ya no es aquella
sobre la que Chávez montó su proyecto. A su interior han ocurrido
fuertes procesos de movilidad social ascendente, las personas han
aprendido a valorar la importancia de un gobierno con vocación social,
ha ganado autoestima y la propia élite se ha transformado. Todo esto se
ha hecho con disrupciones lamentables donde no ha faltado violencias,
rupturas y ostracismos. Pero sus logros sociales y políticos son innegables.
Aunque a regañadientes, el oficialismo ha reconocido su derrota. Se
habla de fuertes disensos internos y de un sector duro encabezado por el
impresentable Diosdado Cabello tratando de desconocer los resultados.
Pero finalmente ha reconocido la aplastante victoria del MUD. Ojalá ello
signifique que el sector chavista de la élite haya entendido lo que
hasta el momento no ha tenido en cuenta: el proyecto chavista ya
feneció. Ahora se trata de empujar hacia una institucionalización
postrevolucionaria que garantice la continuidad de los cambios sociales
y políticos. Pretender ir más allá, convertir la defensa de los
intereses de la nueva elite en “causa patriótica” sería alargar una
situación morbosa y acarrear más violencia en nombre de una revolución
que ya no existe.
Alguien de la oposición habló de conciliación y del mantenimiento de
esas conquistas sociales. Ojalá que ello signifique que la oposición ha
sacado las debidas conclusiones de los orígenes de este proceso
disruptivo, del valor de la justicia social y del costo que tendría
avalar procesos revanchistas en contra de los amplios sectores sociales
que vieron en el chavismo una alternativa al orden pre-existente, y se
beneficiaron con sus medidas.
Si no fuera así, me temo que la historia regresará cobrando cuentas
pendientes. Lo dijo Roque Dalton, cuando hablaba de las inmensas
cefaleas planetarias: la gente siempre buscará su aspirina del tamaño
del sol.

Source: ¿Qué nos dice Venezuela? – Artículos – Internacional – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/internacional/articulos/que-nos-dice-venezuela-324286

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