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Cuando no se ve la luz al final del túnel

Cuando no se ve la luz al final del túnel
Yoandri Licor Palmero, débil visual, nos cuenta sus decepciones y su
lucha por sobrevivir junto a su esposa y dos niños pequeños
viernes, enero 22, 2016 | Ernesto Aquino

LA HABANA, Cuba.- Detrás de la propaganda televisiva y radial
desarrollada por el gobierno cubano a favor de los invidentes y débiles
visuales, se oculta el drama de una vida marcada por el abandono y la
desesperanza.

Yoandry Licor Palmero, o Andy como le conocen, es un joven invidente de
35 años y miembro de la ANCI (Asociación Nacional de Ciegos). Nos cuenta
sus decepciones y su lucha por sobrevivir junto a su esposa y dos niños
pequeños.

“En el año 1998 me integré a la ANCI como asociado realizando diversas
tareas; y aunque yo padezco de Retinosis Pigmentaria, que es una
enfermedad degenerativa progresiva de la estructura de la retina, por
ese año mi limitación visual no era tan profunda y podía desempeñarme
con más independencia, por lo que mi trabajo era de mucha utilidad para
ayudar a otros compañeros más necesitados”.

“En el año 2001 –continúa Yoandry-, gracias al desempeño de mi trabajo,
fui elegido para formar parte del secretariado en el área de Deporte y
Recreación. Y aunque para ese año mi ceguera había avanzado un poco más,
mi labor continuaba siendo competente, porque yo asumía mi
responsabilidad con la certeza de que podía ser útil”.

Sin embargo, el joven invidente vio sus sueños y su generosidad
pisoteados por los “intereses mezquinos y la corrupción de los
funcionarios a cargo de los recursos destinados a nuestro desarrollo. La
manipulación malsana del presupuesto para nuestras actividades
recreativas y educativas y la falta de incentivos materiales y
espirituales hicieron que en el año 2004 abandonara la asociación”.

Yanella Núñez Gómez, esposa de Yoandry, nos comenta sobre las
dificultades laborales y económicas que ha tenido que enfrentar su
esposo, como consecuencia de su condición médica.

“Para mi esposo, así como para la mayoría de los ciegos y débiles
visuales, la vida laboral es muy difícil. Luego que Yoandry se
desempeñara en diversas labores, con mucho sacrificio y fuerza de
voluntad, en el año 2011, mientras trabajaba en un Círculo Infantil,
tuvo que acogerse al retiro por peritaje médico, porque por su condición
ya no resultaba idóneo”.

Sobre esa “amarga experiencia” recuerda Licor Palmero: “Me retiraron con
una pensión mensual de 242 pesos, unos 12 dólares aproximadamente, y esa
pensión se redujo a 115 pesos mensuales, unos 5 dólares, porque tengo
que pagar el crédito de 2 refrigeradores, el mío y el de mi esposa, y el
descuento es de 147 pesos, unos 7 dólares”.

La esposa de Yoandry nos explica que el descuento del refrigerador pasó
a la chequera de su esposo. “Yo tuve que abandonar mi trabajo para
cuidar de él y mis dos hijos pequeños”.

“Por eso -nos dice Yoandry-, mi esposa y yo decidimos comenzar a vender
dulces por nuestra cuenta para tratar de aliviar la pensión miserable
con la que tenemos que vivir, porque imagínate lo que podemos hacer con
115 pesos al mes (5 dólares)”.

Licor Palmero y su esposa se ven obligados a realizar su venta de dulces
en la calle acompañados con su pequeño hijo de 3 años, mientras dejan en
la casa, al cuidado de algunos vecinos, a su hija de 8 años.

Sobre este particular nos dice Yanella: “Algunas personas nos censuran
que llevemos a nuestro pequeño hijo con nosotros; incluso, en algunos
enfrentamientos que hemos tenido con las autoridades e inspectores nos
lo echan en cara, como si estuviéramos cometiendo un crimen”.

“A nadie le duele más que a nosotros que nuestro niño pequeño tenga que
pasar por esa experiencia – nos comenta Andy-; pero gracias a la venta
de esos dulces logramos que nuestros hijos no se acuesten sin comer;
porque lo que ¡sí es un crimen!, y un crimen imperdonable, es que ningún
programa de ayuda social del gobierno se ocupe de casos como el nuestro.
Para ayudar, ¡nadie piensa en el niño pequeño que sale con sus padres a
vender dulces!, pero para criticar todo el mundo se cree con autoridad”.

“Lo que hacemos para paliar nuestra pobreza, es el único modo honrado
que tenemos a nuestro alcance”, afirma Yanella, mientras Andy concluye:
“No le robamos a nadie, y ese es el mejor legado que un padre puede
dejar a sus hijos, sobre todo en un país gobernado por ladrones”.

Source: Cuando no se ve la luz al final del túnel | Cubanet –
www.cubanet.org/mas-noticias/cuando-no-se-ve-la-luz-al-final-del-tunel/

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