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En Venezuela fracasó el chavismo-fidelismo, no el socialismo del siglo XXI

En Venezuela fracasó el chavismo-fidelismo, no el socialismo del siglo XXI
PEDRO CAMPOS, La Habana | Enero 15, 2016

El expresidente venezolano Hugo Chávez fue el resultado de una crisis
política y económica del capitalismo manejado por oportunistas y
malversadores. Su discurso inicial del socialismo del siglo XXI
sustentado en un modelo de desarrollo económico nacional más allá del
petróleo, en la democracia participativa y el progreso de formas
autogestionarias y cooperativas de producción resultó muy esperanzador
para los venezolanos y para los pueblos de la región.

Sin embargo, durante el Gobierno de Hugo Chávez, las esencias de ese
proyecto se fueron abandonando, potenciando la acción del Estado
paternalista, el crecimiento de la burocracia, de los movimientos,
instituciones y movilizaciones de “izquierda”, el clientelismo y la
corrupción, junto a las misiones médicas y educativas, organizadas con
profesionales cubanos para financiar, con el petróleo venezolano pagado
en cambio, el obsoleto capitalismo monopolista de Estado cubano en
crisis desde la caída de la URSS y el “campo socialista”.

Con el boom petrolero, las posibilidades de comprar fuera todo tipo de
alimentos e insumos para contrarrestar al capitalismo privado nacional y
de usar esas riquezas para fomentar la solidaridad regional con los
procesos políticos de Venezuela y Cuba, “asediados por el imperialismo”,
concentraron la acción de Chávez y su Gobierno.

El abundante dinero que entraba por el petróleo y el estrechamiento de
los vínculos con La Habana hizo creer a la dirección chavista que podría
olvidarse de las bases económicas y sociales del socialismo del siglo
XXI promulgado. Chávez siguió hablando del socialismo del siglo XXI,
pero asumiendo las prácticas burocráticas y dirigistas del fidelismo.

La posibilidad de expandir el “nuevo modelo socialista” con el apoyo de
la entonces potencia económica venezolana, fundamentada en los
crecientes precios del petróleo, se estructuró en la Alianza Bolivariana
(ALBA) que se fundó en respuesta al ALCA, la iniciativa estadounidense
de crear un Área de Libre Comercio para las Américas, que tenía como fin
enunciado fomentar el desarrollo económico e integración del continente.

Pero el ALCA parecía una versión moderna de la doctrina Monroe (“América
para los americanos”) y, con la historia de injerencias imperiales, en
la región predominó el pensamiento de que detrás estaba el interés del
imperio del norte en apoderarse de los recursos y las economías de todo
el continente.

El temor al imperialismo del norte poderoso, fomentado sobre todo desde
el triunfo de la Revolución del 59 en Cuba, la tradicional influencia de
Europa occidental en el Caribe y en gran parte de América del Sur, y una
autopercepción regional subestimada impidieron que la idea de una
integración mercantil continental tomara cuerpo. Y el ALBA, instigada
por Fidel Castro y Chávez, fue el catalizador del rechazo.

La Alianza Bolivariana hubiera podido ser un proyecto de integración
revolucionaria si hubiera contemplado la interactuación desde abajo,
desde las bases económicas, políticas y sociales de los países
involucrados, hubiera unificado la moneda y liberado los movimientos de
personas y capitales y expandido las ideas de financiar el desarrollo de
una economía solidaria con primacía del intercambio de equivalentes,
sobre bases cooperativas y autogestionarias. El tema, con todas sus
implicaciones, lo abordé en febrero del 2007 en Algunos asuntos tácticos
y estratégicos de la Integración Bolivariana (Kaosenlared).

Esa oportunidad se perdió, como se perdió el proyecto chavista original,
porque primaron el desarrollismo estatalista y las relaciones entre los
Estados, el “socialismo desde arriba”, sobre el socialismo auténtico
desde abajo.

Heinz Dieterich, principal promotor internacional de las ideas del
socialismo del siglo XXI y quien asesoraba inicialmente a Chávez, señaló
el pasado 4 de enero al periódico El Nacional:

“Me desilusioné cuando mi amigo Hugo Chávez no impuso, por muchas
razones, esa combinación de desarrollismo criollo posible y el paradigma
científico-político del socialismo del siglo XXI, que hubiera puesto a
Venezuela en la vanguardia de la sociedad global. Sin embargo, del
socialismo del siglo XXI solo usó el término, no la institucionalidad
respectiva. Por eso, ninguna persona sensata puede decir que hubo
socialismo del siglo XXI en el país. Lo que fracasó en Venezuela fue un
proyecto de desarrollismo criollo mal ejecutado. Mi desilusión, sin
embargo, fue continental. Hablé con casi todos los presidentes
progresistas de América Latina y del Caribe y ninguno tenía una
intención seria de trascender el sistema capitalista con una nueva
civilización”.

La muerte de Chávez dejó el chavismo sin el carisma del líder y sin
haber desarrollado el programa original. El chavismo cayó en crisis
irreversible y las políticas filo-cubanas del presidente Nicolás

Maduro terminaron por hundirlo. La situación creada en Venezuela con la
llegada ampliamente triunfante de la oposición a la Asamblea Nacional
puede considerarse el fracaso del chavismo influido por el fidelismo;
pero no el fracaso del socialismo del siglo XXI que nunca logró
desarrollarse ni en vida del propio Chávez.

Con el fracaso del chavismo-fidelismo en Venezuela, el ALBA, que nunca
desarrolló la alternativa socialista del siglo XXI, también podría
sucumbir como alianza política en poco tiempo y los Estados que se
beneficiaron de ese proyecto pronto comenzarán a sufrir sus efectos, por
su propia incapacidad de haber desarrollado aquella integración desde
abajo, como hubiera significado la aplicación consecuente del socialismo
del siglo XXI, ideas abandonadas por Chávez y rechazadas por Fidel Castro.

Los Gobiernos de Nicaragua, Ecuador y Bolivia asumieron en parte algunas
de las ideas originales del socialismo del siglo XXI y se cuidaron de no
embarcarse en el estatalismo posterior del chavismo, manteniendo en
esencia sus proyectos tradicionales de desarrollismo capitalista, con un
Estado repartidor al estilo socialdemócrata. Por ello serían menos
afectados por esta situación.

El Gobierno-Partido-Estado cubano, el más beneficiado por el chavismo y
el madurismo en la región, desde el primer momento fue el principal
opositor a desplegar las ideas del socialismo del siglo XXI y en todo
caso fue el máximo instigador de llevar a Chávez por el camino
estatalista paternalista del “socialismo desde arriba”.

Lo ocurrido en Venezuela no fue el fracaso del socialismo del siglo XXI,
sino el de un modelo desarrollista de capitalismo monopolista de Estado,
inspirado en la obsoleta experiencia neoestalinista cubana, también
fracasada. Fue el chavismo-fidelismo lo que allí fracasó.

Source: En Venezuela fracasó el chavismo-fidelismo, no el socialismo del
siglo XXI –
www.14ymedio.com/opinion/Venezuela-fracaso-chavismo-fidelismo-socialismo-XXI_0_1924007592.html

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