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La mala hierba del fidelismo en América Latina

La mala hierba del fidelismo en América Latina
JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | Miami | 2 Ene 2016 – 5:45 pm.

El chancleteo chusma de Cristina Fernández de Kirchner, renuente a
aceptar la voluntad expresada por su pueblo en las urnas. Las vulgares
argucias de Nicolás Maduro y su escudero Cabello para desconocer el voto
de los venezolanos. El desvergonzado talante de Daniel Ortega como señor
feudal en su finca. Los patéticos humos de Rafael Correa en plan de
emperador blanco entre indios. Y las presunciones de dios aimara que le
inflan el globo a Evo Morales. Todo esto, por separado, refleja el
desempeño de mentes obtusas y personalidades psicopáticas. En conjunto,
son expresiones de un ideario que ya es marca registrada en
Latinoamérica: el fidelismo.

Así que la expectativa que nos animó en días atrás por los resultados
electorales en Argentina y Venezuela, o por el gran escándalo de
corrupción que amenaza con cambiarle el ritmo a la comparsa de Lula, en
Brasil, tal vez no termine siendo sino el fruto de otra esperanza echada
en saco roto. Pueden variar algunos nombres y alguna que otra
circunstancia. La mala hierba podría ser podada a ras del suelo en casos
bien puntuales, pero su semilla continúa viva y aún fertiliza en predios
latinoamericanos (también hasta cierto punto en España). De manera que
no me haría demasiadas ilusiones, a corto plazo por lo menos.

El desprecio a las normas democráticas, incluso a las del más elemental
civismo. El radicalismo intolerante. La respuesta airada contra toda
idea y todo comportamiento que no se atenga a cierta doctrina sin
sustento en la realidad concreta ni en la dialéctica. El dogma como
verdad incontestable. El acto de fe ciega como única toma de conciencia.
La violencia como único escudo y espada del poder… Son rasgos que hoy
tipifican el estilo de hacer política entre algunos de los más
influyentes líderes latinoamericanos. Pero no solo. Y no es lo peor.
También son prácticas aceptadas de buena gana por cientos de miles de
ciudadanos, votantes en potencia, no tan a salvo del influjo fidelista
como nos gustaría creer.

Del mismo modo en que el ideario de Fidel Castro ha hecho estragos en la
idiosincrasia o en el carácter de una buena parte de los cubanos,
también logró abrir su nicho en las de nuestros vecinos
latinoamericanos. Tiempo ha tenido de sobra. Y ya sabemos que supo
aprovecharlo, no solo mediante un muy bien montado aparato de
propaganda, sino gastando ingentes recursos económicos en tareas de
clientelismo, causa directa de esa galería de muñecos diabólicos donde
alinean los Kirchner y los Maduro y los Ortega y los Correa, entre otras
hierbas.

El fidelismo, que es una doctrina en sí misma, por más que asuma
estratégicamente ciertos postulados socialistas, se alimenta en lo
esencial del instinto y la pasión (malévolos). Su corpus ideológico es
apenas una fina capa de merengue destinada a encubrir la dura masa de
fanatismo donde radica el núcleo. Por ello tal vez no resulte tan
difícil comprender por qué ha conseguido arraigo no solo entre las
multitudes ignorantes, desesperadas y sin brújula de los pobres en
América Latina, sino entre un sinfín de miembros frívolos y cínicos de
la intelectualidad mundial, no menos ignorantes, desesperados y sin brújula.

Todo sería muchísimo más sencillo si se tratara tan solo de otra
corriente ideológica, una más. Pero lo grave del fidelismo radica en sus
taras de carácter digamos epistemológico, o sea, aquellas que se
relacionan con su manera disparatada y caprichosa de percibir la
realidad, y, claro, con la forma en que dispone que se actúe partiendo
de esa percepción errónea y esencialmente retorcida.

El desagrado, o la envidia, o la roña conque los fidelistas reaccionan
ante el bien del prójimo, muy particularmente cuando éste no comparte su
estilo de pensamiento y de vida. Su incapacidad, unida a su total falta
de condescendencia para valorar las razones del otro. El recurso de
asumir la competencia no mediante el análisis y la superación de los
defectos propios, sino intentando desacreditar al competidor, sin
reparar en miserias ni falsedades. La acción abusiva ante el más débil,
en proporción con la taimada y ladina actitud de víctima ante el fuerte.
La procacidad como supuesta manera de hablar claro. La ofensa a ultranza
en tanto alarde de falsa valentía, sobre todo cuando se está amparado
por algún poder o por la distancia… Son prácticas que muy poco o nada
tienen que ver con los presupuestos de los teóricos del socialismo. Sin
embargo, encajan como guantes en el perfil de todos los líderes
latinoamericanos de esa cosa a la que llaman socialismo del siglo XXI.

Son los patógenos del fidelismo, el cual rige su hoja de ruta, tanto en
la política como en la vida, amenazando de paso con hipotecar el
presente y ensombrecer el futuro de América Latina. Al margen de
esperanzas que yo creo pasajeras.

Source: La mala hierba del fidelismo en América Latina | Diario de Cuba
www.diariodecuba.com/internacional/1451752740_19207.html

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