Corrupción – Cuba – Corruption
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La propiedad privada sigue siendo el demonio

La propiedad privada sigue siendo el demonio
Se avisora la anulación, por parte de las autoridades, de algunas formas
del llamado “cuentapropismo”
martes, enero 26, 2016 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- El panorama cubano actual es bien complicado: el
gobierno se muestra incapaz de hallar una fórmula efectiva para elevar
la producción, también para lograr la rentabilidad de las empresas
estatales, elevar los salarios, controlar el alza de los precios de los
productos y desarticular la cadena de corrupción que conecta a los altos
niveles de dirección del país con un mercado negro en vías de
institucionalizarse.

En las calles no solo aumenta el ejército de decepcionados sino, además,
de los iracundos y, como en otras épocas, a falta de resultados
positivos en los experimentos económicos, al parecer los sacerdotes del
modelo socialista han querido salvar la situación recurriendo a la quema
pública de brujas y esta vez les ha tocado a los vendedores de los
agromercados, y a los llamados “carretilleros”, cargar con la culpa no
solo de lo mal que funciona el “modelo económico” sino del descontento
popular.

Sin embargo, para algunos expertos, más que una circunstancial “quema de
brujas” lo que está sucediendo actualmente con ese pequeño grupo de
“trabajadores por cuenta propia” no es más que el inicio de una batalla
mayor contra la iniciativa privada, no solo por el empecinamiento de
demostrar a toda costa la superioridad de la empresa estatal socialista
sino por el peligro que representa para la “estabilidad del sistema”.

Un destacado investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana,
perteneciente a la Universidad de La Habana, expone su percepción del
problema. Por razones de seguridad, no revelaremos su identidad: “No se
hace nada experimentando con nuevas fórmulas, hay que restar a todas
ellas ese factor negativo que es el hipercontrol del Estado, y el miedo
de este a perder su carácter monopólico (…). El sector privado, en pocos
años, ha demostrado ser eficiente y ha crecido en todos los aspectos en
comparación con la empresa estatal socialista y eso, aunque parezca
positivo (…) representa un peligro para la estabilidad de un sistema
político autocrático que basa su firmeza en la represión y en el
estricto control de todo (…). Mientras más se enriquezca ese sector
privado, más ganará en autonomía y eso lo llevará a transformarse en una
fuerza política con la que habrá que pactar, y en los términos que
establezca el capital, no la ideología, y el gobierno cubano intentará
crear, por todos los medios, mecanismos que la frenen e infundirá
temores en las masas para crear espejismos: el sector privado como la
fuente de todos los males, y la empresa estatal socialista, un paraíso
prometido. (…) Aunque lo de topar los precios y culpar a los
carretilleros y a los intermediarios por todo el problema parezca una
necedad, es en verdad una táctica, porque si en algo son buenos [se
refiere al gobierno cubano] es en sacarse la culpa de arriba demonizando
a los posibles contrarios antes de que se vuelvan contrarios de verdad.
(…) La gente no es tonta pero una mentira repetida hasta el cansancio, a
veces se convierte en verdad. (…) La gente repite en la calle lo mismo
que les dice el gobierno: que los precios se estabilizarán eliminando a
los intermediarios (…). Pero, ¿quiénes son los intermediarios? ¿Los
carretilleros? La gente no piensa en que el intermediario es el mismo
Estado, pero el mismo gobierno los ha llevado a pensar que ellos nada
tienen que ver con el problema porque señalan la causa, o una de las
tantas, pero transfieren la culpa a quien no le corresponde”.

Omara Serra, ex funcionaria del Ministerio de Comercio Exterior, es de
la opinión de que el gobierno muestra señales de “arrepentimiento” con
respecto a las medidas para incentivar la iniciativa privada: “Es como
si las protestas de los cubanos frente a la Embajada de Ecuador los
hubiera hecho pensar en algo que para muchos era impensable. (…) Nunca
imaginé ver a la gente gritando por su dinero, un dinero que no les
regaló Venezuela ni el extinto campo socialista sino que lo han ganado
trabajando, en sus negocios particulares, sin tener que gritar viva
Fidel o abajo los yanquis. (…) Cuando yo vi eso me dije: eso es ahora,
cuando pasen unos años esa misma gente que no depende del gobierno va a
marchar por la Plaza pidiendo reformas, derechos, voz. Si lo pensé yo
(…), también lo pensaron allá arriba. (…) La acumulación de dinero no
solo desarrolla un país en un sentido estrictamente económico, lo hace
cambiar en todos los aspectos, y llegará el momento en que el sector
privado tenga el suficiente dinero para cambiar las reglas del juego y
para convertirse en interlocutor de los grandes empresarios y hasta de
los gobiernos, saltándose toda esa cadena de mando tan militar, tan
primitiva, que es el verdadero lastre de nuestra economía. (…) Demostrar
la superioridad de la empresa estatal socialista conllevará a declarar
una guerra sucia contra el sector privado. (…) ¿En qué consistirá? Mejor
tienes que preguntar en qué consiste, ahora, en el presente, esa guerra
porque en ninguna de las leyes aprobadas para la inversión extranjera,
ni en las propuestas de inversiones son mencionados los emprendedores
cubanos. (…) El futuro de Cuba está planificado para otros, pero no para
los cubanos. Puedes rentar tu casa, tu auto, pero no puedes aspirar a
una crear una inmobiliaria ni tener un concesionario, esos son
privilegios del Estado y de aquellos que no portan carnet de identidad
cubano”

Desde la autorización del trabajo por cuenta propia, numerosas personas,
con recursos para hacerlo, han preferido pasar del sector estatal al
privado y, sorteando algunos escollos, han logrado cierta bonanza pero
muchos reconocen que este no es el denominador común y que,
posiblemente, sean más los negocios que se frustran que los que
prosperan debido a las trabas impuestas por el gobierno.

Manuel Santusi fue, durante poco más de un año, el “dueño” de una
pequeña fábrica de materiales para la construcción hasta que se vio
obligado a entregar la licencia y retornar a un empleo estatal. Para él,
el gobierno no actúa de manera justa con los emprendedores a los que no
brinda ningún tipo de facilidades: “Todos los días te cambian las leyes,
según les convenga (…), llega el momento en que no sabes por qué estás
pagando tal o tal más cual impuesto, te ponen más condiciones que a las
empresas del Estado y más limitaciones a la hora de adquirir las cosas
[insumos]. (…) No puedes establecer contratos con empresas extranjeras,
no puedes importar ni exportar y para comercializar es otro montón de
condiciones y trámites que se tardan meses. (…) Para sobrevivir te
obligan a hacer trampas, fraudes, a atentar contra tus propios clientes,
a estafarlos en buena medida. Por eso la mayoría de los negocios abren,
funcionan un tiempo, un año, dos y después tienen que cerrar, y si se
mantienen es porque le han “cogido la vuelta” al sistema”.

Fidelio Goyanes, chofer de un auto de alquiler, también advierte que
existe una guerra constante entre el sector privado y el Estado: “un
país que quiere desarrollar la empresa privada crea leyes que la
estimulen, pero aquí solo se crean para vaciar los bolsillos de la
gente. (…) Yo no cobro la tarifa que cobro porque me dé la gana, yo
cobro eso porque tengo un impuesto que pagar, piezas y petróleo que
comprar en donde aparezcan y porque en las shopping [tiendas estatales
en divisas] el gobierno no nos regala las cosas, las cobra bien caras, y
uno está obligado a comprar en ellas porque la famosa “canasta básica”
ya ni se menciona, eso no existe. (…) El gobierno nos reclama a nosotros
por cobrar lo que cobramos pero ¿quién le reclama al gobierno? (…)
Nosotros no somos empresarios, somos buscavidas. Incluso quien tenga dos
paladares, tres o diez, también es un buscavidas porque se sabe que, en
este país, para que un negocio prospere hay que hacer mucha maraña”.

¿Qué otras medidas adoptará el gobierno en los próximos días para bajar
los precios y terminar con la especulación? Por los numerosos reportajes
aparecidos en la prensa cubana, se intuye que todas tengan que ver con
el sector privado y con la anulación de algunas formas del llamado
“cuentapropismo”, practicadas por aquellos sectores más pobres de la
población (carretilleros, mercaderes ambulantes, revendedores), lo cual
obligara a una buena parte de ellos a retornar a los empleos estatales,
una tendencia que, analizada irónicamente desde lo estadístico, pudiera
ser interpretada en el discurso oficialista como una “recuperación de la
confianza en la empresa socialista”.

Source: La propiedad privada sigue siendo el demonio | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/la-propiedad-privada-es-el-demonio/

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