Corrupción – Cuba – Corruption
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Calendar
January 2016
M T W T F S S
« Dec   Feb »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031
Translate (from Es)
Archives

Rubén Cortés – “Ser cubano es una actitud política ante la vida”

Rubén Cortés: “Ser cubano es una actitud política ante la vida”
YAIZA SANTOS, México | Enero 24, 2016

A Rubén Cortés (Pinar del Río, 1964), director del periódico mexicano La
Razón, lo fichó en primero de primaria una comisión del Gobierno y pasó
12 años de su vida en una de las escuelas de corte soviético dedicadas a
fabricar deportistas de élite. Iba para tenista profesional, pero a los
19 se desvió por el camino del periodismo. En 1995, dejó la Isla para
ser corresponsal de Prensa Latina en México, un país que lo cautivó
enseguida. Quería, escribe, convertirse “en otra persona”. “Consideré
que, a los treinta años, si me esforzaba y conseguía amar a otra tierra,
podía limpiarme de la viscosidad utópica y dejar de ser un mono con una
bisagra en la nuca para asentir, y dos platillos en las manos para
aplaudir”, dice en Un bolero para Arnaldo, su último libro (Ediciones
Cal y Arena). Fue esta publicación la excusa para conversar con 14ymedio
sobre la Cuba pasada, presente y futura.

Pregunta. Siempre se tiende a identificar un país con su capital, y los
que no son de esa capital reivindican el papel de la provincia. Este es
un libro escrito desde la “identidad guajira”. ¿Qué carácter imprime
haber nacido en provincia en Cuba?

Respuesta. En Cuba es diferente, porque casi todo el mundo niega ser
guajiro. De hecho, los escritores cubanos, sean o no de La Habana,
escriben de la capital. Cabrera Infante era de Gibara, Pedro Juan
Gutiérrez es de Matanzas, criado en Pinar del Río, Padura es de
Mantilla, Abilio Estévez, Lichi (Eliseo Alberto)… Todos escriben de La
Habana. Es un agravio ser guajiro. Porque Pinar del Río es la provincia
más pobre de Cuba, siempre lo ha sido. Allí los españoles no decidieron
sembrar caña, que se sembró de La Habana para Oriente, y fue una
provincia, digamos, salvaje, por lo menos hasta que los canarios se
instalaron y empezaron a cultivar el tabaco. Los pinareños en Cuba son
como los gallegos para el resto del mundo latinoamericano: somos los
isleños, los brutos, los de los chistes. A todo el mundo le da vergüenza
decir que es del campo. Y este libro reivindica lo guajiro.

En los años setenta, Pinar del Río era un lugar sin riqueza pero tampoco
pobre. Fue una época muy bonita porque no necesitabas nada más de lo que
tenías. Cuando empieza a venir la prosperidad de la Revolución es que
Pinar del Río se jode: fábricas construidas a troche y moche, a la
orilla del río, escuelas adonde llegaban muchachos de todos los lugares,
durmiendo meses ahí juntos, que destruían todos los campos aledaños y
acababan con todas las gallinas… Son detalles muy pequeños que te dan
el contexto de todo un país. Mi estilo para escribir es que el detalle
predomine sobre el conjunto, porque el detalle es lo que te da la medida.

P. También es un libro sobre la generación anterior a la suya –el
Arnaldo del título es su padre–, la que nació en los años treinta, que
vivió los dos sistemas. Llama la atención que su padre no se pronunciara
políticamente. Usted escribe: “Su amor por Cuba tenía un defecto: era
ciego, por eso nunca le importó quién diera órdenes”. ¿Cómo definiría
usted a la generación de sus padres?

R. Una generación con miedo, con mucho miedo. La Revolución triunfa
cuando mi padre tiene 20 años, y vienen los fusilamientos, la época en
que te metían preso 25 años por tener carne de res o por tener un dólar
en tu casa. Es la generación que ni siquiera hablaba del tiempo de
Batista. Cuando se referían a la Cuba precastrista, decían “antes”. Fue
la generación que se echó a los hombros la Revolución cubana, que fue a
las milicias, a Playa Girón, a la “lucha contra bandidos”, y si no, ibas
preso. ¡Ibas preso por todo! No había abogados, nadie que te defendiera.
Fue una generación temerosa.

P. Que ni siquiera en familia se pronunciaba, porque tu mismo hijo podía
ser denunciante, como le pasó a Lichi con su padre, el poeta Eliseo
Diego, como cuenta en Informe contra mí mismo.

R. Claro. En mi casa, como en todas las casas cubanas, tenías que decir
que sí a todo.

P. Y que luego vio irse a sus hijos, que en aquel tiempo era perderlos.

R. Perderlos para siempre porque no te dejaban entrar.

P. Usted diferencia cuando sale como “emigrado” en 1995 y cuando sale
como “exiliado” en 2014. ¿Por qué?

R. Cuando salgo en 1995, salgo con el mismo miedo de mis padres. Salgo
aterrorizado de Cuba, porque yo quería volver a ver a mi familia, como
toda persona que vive fuera. Yo fui muy moderado hasta que muere mi
padre. Mi libro ¡Cuba, Cuba! es crítico, pero en él me cuido mucho
todavía. En 2014, regreso a Cuba con una visita oficial del presidente
mexicano y fui tan maltratado que ni acreditación de prensa me dieron.
Pero ya no vivía mi familia en Cuba. Ya no tengo miedo. No pienso ir y
mi familia ya no está allí. Ya no soy rehén del castrismo, por eso hablo.

Antes, para ir a Cuba con mi hijo, desde que nació, en 2002, teníamos
que ir a la embajada y había que pedir un permiso para que él pudiera
dormir en la casa. ¿Le dices que no al funcionario? Le dices que sí.

Leonardo Padura, que es un escritor que podría decir misa porque ya es
premio Princesa de Asturias, lo primero que dijo al llegar a la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara fue: “Señores, por favor, no voy
a contestar preguntas sobre política cubana, pregúntenme de literatura”.
A lo mejor un escritor hindú o un haitiano puede permitirse ese lujo,
pero ser cubano es una actitud política ante la vida. Tú vives en un
sistema donde hace 57 años no hay libertad de expresión, la libertad de
creación está limitada, no hay libertad de empresa; un país diferente en
el contexto mundial. Tú vives ahí y tienes que hablar de política. En
Cuba tienes que ser un intelectual comprometido al estilo de Émile Zola
en Yo acuso. Padura no lo hace, por qué: porque tiene miedo. Porque vive
en Cuba.

P. ¿Qué contesta usted a quienes dicen “bueno, habla de Cuba, pero vive
en México, que no es una verdadera democracia: violencia, narcotráfico,
corrupción”?

R. Ah, no, México es una democracia y además es una democracia cada vez
más moderna. Cada vez hay más mecanismos de transparencia, más
mecanismos contra la corrupción. Lo que les pasa a los mexicanos es que
no valoras la libertad si no has sido un hombre esclavo, no sabes
valorar la libertad cuando la tienes.

P. Volviendo a Cuba, es usted pesimista con la situación actual.

R. En Cuba no va a pasar nada. Lo que están haciendo es ganar tiempo.
Los dirigentes cubanos, nonagenarios, en 57 años han visto todas las
transiciones que han propiciado los dictadores. Cómo terminó Pinochet.
Ellos no quieren terminar así. Quieren morir en la cama y tranquilos. Y
Estados Unidos está aplicando la doctrina de Adams de finales del siglo
XIX, que dijo que Cuba es una fruta madura: en algún momento caerá del
lado de Estados Unidos. Las relaciones Cuba-Estados Unidos siempre han
sido así. El embajador Philip Bonsal, cuando la Revolución, vivía
tratando de negociar con los cubanos, y los cubanos le decían sí
mientras había una retórica antiestadounidense tremenda. Cuando Estados
Unidos estaba en el coqueteo de mejorar las relaciones o no, de pronto
se desayuna con que Cuba había comprado petróleo soviético y lo iba a
refinar en las refinerías americanas. Y más tarde, con misiles
soviéticos a 90 millas de su costa. En el 96, estaban las relaciones muy
encaminadas, y de pronto Cuba tumba las avionetas de Hermanos al
Rescate, y el presidente Bill Clinton no tuvo más remedio que firmar la
Ley Helms-Burton, que convertía el embargo en ley. Era cierto que las
avionetas violaron el espacio aéreo cubano, pero eran civiles; Cuba las
tiró para provocar la ruptura con Estados Unidos.

P. A partir de estos dos casos, su predicción se vuelve terrible,
entonces. Si siempre provocan la ruptura, ahora está dispuesto el
escenario para que ocurra algo parecido.

R. A Cuba lo único que le queda por jugar es la carta migratoria y la
está jugando. Hay miles de cubanos varados en Costa Rica y las costas
cubanas están listas para abrirse en cualquier momento. Cuba siempre ha
provocado a Estados Unidos y sabe que Estados Unidos nunca va a hacer
nada. No es que sea pesimista, sino realista: la historia no miente. No
va a pasar absolutamente nada en Cuba. Y vuelvo a los detalles: los
extranjeros están locos por invertir en Cuba, cuando solo invierten los
que a Cuba le da la gana. Es un capitalismo autoritario.

P. ¿Nunca volverá a Cuba?

R. Uno no debe decir que es la última vez, pero no tengo ganas. Tengo
una nostalgia sin lágrimas de Cuba, no tengo rencores, porque me siento
muy feliz en México. Me gusta más el carácter del mexicano, ceremonioso,
que del cubano. Sobre esto tengo una anécdota de cuando era corresponsal
de Prensa Latina. Cuando murió Eliseo Diego, aquí en el DF, yo tenía el
teléfono de García Márquez, de Carlos Fuentes, de Octavio Paz. Llamé a
García Márquez: “oye, Gabriel”, y él, que se enteraba de la muerte de su
amigo por mí, me dio una declaración. Y llamé a Octavio Paz, y le dije,
igual: “¡Octavio!”. Y él, indignado: “¿Cómo? ¿Usted me conoce? Entonces
no me diga Octavio; yo soy el señor Paz para usted”. Ábrete tierra y
trágame. Todavía la vergüenza no se me quita.

Source: Rubén Cortés: “Ser cubano es una actitud política ante la vida”

www.14ymedio.com/entrevista/Ruben-Cortes-cubano-actitud-politica_0_1931206865.html

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *