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Los planes para emigrar se convierten en pasatiempo nacional

Los planes para emigrar se convierten en pasatiempo nacional
La creciente emigración es un drama que agudiza el déficit de
profesionales, jóvenes y personas talentosas en la isla. Si a eso se
añade el envejecimiento poblacional, tenemos una bomba de tiempo de
consecuencias impredecibles.
LA NUEVA OLA MIGRATORIA | 08 de Febrero de 2016
LA HABANA. -IVÁN GARCÍA
Especial

A la misma hora que su familia esperaba el nuevo año en La Habana,
bebiendo ron añejo, cerveza fría y pellizcando chicharrones de cerdo,
Pavel Cervantes, un negro pasado de peso que ha cumplido un tercio de
sus 34 años detrás de una reja, chequeaba su boleto aéreo para abordar
un vuelo rumbo a Ciudad de Guatemala.

Unos amigos cubanos, cuenta en Facebook, le pusieron en contacto con
unos coyotes locales, los cuales por 200 dólares lo entraron
clandestinamente a México por la región de Chiapas.

Gracias a vecinos del barrio quienes mochila al hombro recorrieron más
de ocho mil kilómetros desde Ecuador a la frontera sur de Estados
Unidos, Pavel conoció una eficiente red de traficantes que lo llevó
hasta Tijuana, una ciudad donde con pasmosa naturalidad conviven las
ventas callejeras de drogas y un racimo de bares y prostíbulos de chicas
jóvenes que se ofertan por horas.

Una tarde fría y lluviosa, cruzó hacia San Diego. “Ya en la ‘yuma’
contacté con unos socios de Miami que me dieron toda la información para
abordar unos buses que me trasladarían a esa ciudad”, cuenta Pavel en
las redes sociales.

Aunque su futuro es incierto, duerme en el trailer de un amigo del
barrio. Hace dos semanas, en un chat con sus hermanos en un punto wifi
habanero, los incitaba a seguir sus pasos y emigrar a Estados Unidos.

“Váyanse echando de esa mierda. Mientras más tarde, será peor”, les
decía, mientras mostraba un recipiente con marihuana. La génesis de la
última gran ola migratoria, la cuarta en 57 años de autocracia verde
olivo, difiere de sus antecesoras.

En 1959, poco después de la llegada al poder de Fidel Castro, miles de
cubanos comenzaron a irse de su patria, casi todos rumbo a Estados
Unidos. Se iban legalmente, solos o con sus familias, y en su mayoría
eran dueños de tierras, industrias, comercios y otros negocios
nacionalizados por los barbudos. También emigraron opositores al
comunismo. Se calcula que entre 1959 y 1962, 274.000 cubanos, entre
ellos 14.000 menores, entraron legalmente a Estados Unidos.

La primera oleada migratoria y la estampida del Mariel

Pero la primera oleada migratoria como tal tuvo lugar en octubre y
noviembre de 1965. Por orden de Castro, en el puerto pesquero de
Camarioca y en la vecina playa Varadero se estableció un puente marítimo
entre esa área de la provincia de Matanzas y la península de la Florida.
El puente marítimo funcionó durante 42 días y se fueron unos 5.000 cubanos.

El segundo éxodo, hasta la fecha el más numeroso y conocido, se produjo
entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980, por el puerto del
Mariel, a 55 kilómetros de La Habana. Cerca de 125.000 cubanos se
marcharon en embarcaciones enviadas por familiares y conocidos desde
Estados Unidos.

Los marielitos, como les llamaron, fueron un ajiaco. Había de todo.
Locos peligrosos, presidiarios violentos a los que Castro les abrió las
celdas, vagos, homosexuales acorralados por la intolerancia
gubernamental, escritores e intelectuales proscriptos y personas
visionarias que comprendieron a tiempo que Cuba era un manicomio.

La tercera ola migratoria ocurrió en el mes de agosto de 1994. Eran los
balseros del período especial, una denominación oficial para etiquetar
la peor crisis económica y social que ha vivido Cuba después de la
guerra de 1898. Hombres y mujeres que huían de la miseria, estómagos
vacíos y doce horas diarias de apagones. Alrededor de 32.000 cubanos se
largaron en botes y balsas precariamente construidos por ellos mismos en
Cojímar y otras localidades costeras. Se desconoce el número de los que
perecieron en el mar.

Aprovechando la reforma migratoria

La cuarta estampida se inició hace tres años. Cubanos desesperados
aprovecharon los resquicios de una reforma migratoria puesta en vigor
por el régimen el 14 de enero de 2013, para comenzar a fraguar, lenta y
silenciosamente, estrategias de escape. Se les conoce como balseros
terrestres pues su objetivo es llegar por tierra a la frontera con
Estados Unidos desde Centroamérica y México.

Pertenecen a la generación 2.0: para sus planes, utilizan internet y
teléfonos inteligentes. Conocen al dedillo las normas migratorias de los
países latinoamericanos y caribeños. Han establecido un protocolo que a
través de redes sociales, correos electrónicos o llamadas telefónicas
sirve de guía al resto.

Josuan Gálvez, estudiante universitario que sueña con emigrar, acepta
hablar sobre los planes de fuga. “A marcharte del país te incitan amigos
y parientes, por las historias de éxito personal que te cuentan. Pero el
combustible principal sigue siendo la jodedera económica de Cuba y el
sistema de Gobierno que parece nunca va a cambiar. Cuando uno apuesta
por la ruta centroamericana, te indican dónde ocultar el dinero y cuánto
debes pagar a los coyotes y policías corruptos. Te dan los nombres de
los hostales en cada pueblo y qué debes decir si te pescan las
autoridades migratorias. De manera espontánea, todo se ha ido codificando”.

Ante la imposibilidad de viajar a Ecuador sin visa y la decisión del
Gobierno de Costa Rica de no conceder nuevas visas de tránsito a los
migrantes cubanos, a varias personas con intenciones de emigrar les
pregunté si esas medidas iban a cambiar sus planes.

“Para nada. En el peor de los casos, cambia el destino y la estrategia.
Puede que otras vías sean más caras. Pero excepto en Costa Rica, la
corrupción institucional existente en la región te abre nuevas puertas,
entre ellas las de diplomáticos corruptos destinados a embajadas de La
Habana. Ahora es más difícil y más costoso, pero no imposible”, cuenta
Carlos, que el próximo verano piensa llegar a Estados Unidos vía México.

El drama de la juventud

La creciente emigración es un drama que agudiza el déficit de
profesionales, jóvenes y personas talentosas en la isla. Si a eso se
añade el envejecimiento poblacional, tenemos una bomba de tiempo de
consecuencias impredecibles.

Cada año, 20.000 personas, como mínimo, se marchan hacia Estados Unidos
por concepto de reunificación familiar. Y en 2015, más de 43.000 cubanos
entraron a Estados Unidos por las fronteras sur, norte y algunos a
través de Alaska.

Lo peor es que no se ve salida al ‘pasatiempo nacional’ de emigrar. La
Casa Blanca afirma que la Ley de Ajuste se mantendrá. Y la Cuba de
Castro sigue aferrada al añejo discurso de optimismo y control social.

Sin que se vislumbre una guerra civil o un desastre natural de grandes
dimensiones, para 2016 las cifras de la emigración probablemente sean
superiores a las del año pasado.

Por avión, en balsa o a pie, los cubanos prefieren demostrar su
descontento y su hastío a un gobierno antidemocrático y de partido
único, yéndose y enfrentando cualquier riesgo en otro país, y no
protestar pacíficamente en el suyo.

La nueva ola migratoria es como un Mariel, pero legal. De continuar, a
la vuelta de dos años se convertirá en la mayor emigración cubana de
todos los tiempos. Y visto lo visto, a los gobernantes no les interesa
ponerle freno.

Source: Los planes para emigrar se convierten en pasatiempo nacional ::
Diario las Americas :: Cuba –
www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3610203_emigracion-cubanos-ivan-garcia.html

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