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Socialismo del siglo XXI – ¿en paz descanse?

Socialismo del siglo XXI: ¿en paz descanse?
Los populismos de aliento castro-chavista-marxistas no han traído
consigo los cambios a los que aspiraban los electores
jueves, febrero 25, 2016 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- La crisis del espectral Socialismo del siglo XXI en
Latinoamérica ha vuelto a quedar demostrada tras el triunfo del NO en el
referendo sobre la reforma constitucional boliviana que pretendía
legitimar una nueva postulación del presidente Evo Morales en los
comicios electorales de 2019. El controvertido reyezuelo aspiraba a
permanecer atornillado en la poltrona presidencial al menos hasta 2025…
Pero la mayoría de sus compatriotas, aborígenes incluidos, le han dado
calabazas.

Hasta el momento, y a pesar de las maniobras que –según afirman sectores
de la oposición de ese país andino– está aplicando el gobierno de Evo
Morales para revertir su estrepitosa derrota, todo indica que ya el NO
resulta irreversible.

En un plazo de pocos meses, el retroceso del liderazgo de las izquierdas
–iniciado en Argentina con la caída de Cristina Fernández de Kirchner en
las elecciones presidenciales, seguido con la pérdida del chavismo en
las elecciones parlamentarias de diciembre último y ahora con la
negativa a permitirle a Evo secuestrar el poder en Bolivia– muestra
palmariamente que las aspiraciones vitalicias de los líderes del
socialismo del siglo XXI están quedando en la estacada.

Con este nuevo nocaut a los liderazgos progre del Hemisferio, ha quedado
demostrado que en realidad los populismos de aliento
castro-chavista-marxistas ni son tan populares ni han traído consigo los
cambios a los que aspiraban los electores, incluidos los sectores más
humildes, supuestos “beneficiarios” del “modelo”. Se ha hecho obvio el
rechazo mayoritario de la ciudadanía al nuevo y –paradójicamente– ya
agotado paradigma, despejándose una verdad de Perogrullo: si bien el
neoliberalismo de los años 90’ ahondó el cisma entre los más ricos y los
más pobres de este Continente agudizando los profundos conflictos
sociales y las rupturas que han signado históricamente las relaciones
entre gobiernos y gobernados, y abriendo paso al surgimiento del
Socialismo del siglo XXI, en poco tiempo éste dejó claro que no es el
ungüento de la Magdalena que pondría cura a los males de la región. Más
bien tiende a agravarlos.

Y, es de esperarse que junto con el modelo cuya tentativa de
implementación tuvo su máximo representante en el extinto Hugo Chávez,
desaparecerá también esa otra excrecencia fantasmal de la que ya nadie
habla, cual si se tratase de un pariente que avergüenza a la familia: la
Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Una
colosal entelequia ideada por el mismo caudillo de Barinas en una receta
inspirada en el más puro personalismo, mezcla de ideología de
izquierdas, antiimperialismo, mesianismos y egolatría, todo aderezado
con abundante corrupción y revuelto en el mar de petróleo usurpado a los
venezolanos durante más de tres lustros con el único objetivo de
sostener artificialmente a sus aliados de la región, y que se ha tornado
insostenible ante la actual crisis económica que sufre Venezuela, la
mayor de toda su historia, nacida a la sombra de la doctrina del nuevo
socialismo.

Sin dudas, últimamente la matriz de la izquierda radical ha estado
recibiendo reveses casi sin pausas: escándalos relacionados con la
corrupción, el narcotráfico, el tráfico de influencias, el clientelismo
y otros adornos similares mantienen a numerosos líderes bajo la lupa de
la opinión pública. Ya no es tan fácil mantener una venda oscura sobre
los ojos de los pueblos. No es de extrañar que el fogoso presidente de
Ecuador, Rafael Corea, haya bajado discretamente su perfil, guardando su
encendido verbo para alguna que otra ocasión simbólica. Tampoco el beodo
centroamericano, Daniel Ortega, se está exhibiendo demasiado por estos
días. No corren buenos tiempos para los caudillos de opereta.

Sin embargo, todavía es pronto para colocar la lápida sobre el trágico
destino del Socialismo del siglo XXI. Por lo menos los cubanos sabemos
muy bien que no hay que subestimar la capacidad de supervivencia, no ya
de las ideologías de corte populista que tan afianzadas están en las
venas latinoamericanas, sino de sus “ideócratas” (o quizás debiera decir
ideo-ratas).

He aquí que los socarrones octogenarios del Palacio de la Revolución, en
La Habana, que tanto tienen que ver con las nocivas epidemias
izquierdosas regionales han estado guardando bajo el trono sus atavíos
antiimperialistas, para entrar en amigables cabildeos –precisamente– con
“el enemigo natural de los pueblos”, el imperialismo yanqui.

Y así, mientras Cristina se ha esfumado de la escena política, Maduro
continúa su histérico pataleo en el cenagoso panorama venezolano y Evo
procura consolarse del revés sufrido el domingo pasado, rumiando una
tras otra sus hojas de coca en el Palacio Quemado, los druidas de la
gerontocracia verde olivo alistan sus galas para recibir al más alto
representante del capitalismo feroz cuyas divisas tanto atraen a los
líderes de izquierda.

Claro, no hay que ser suspicaces. Quizás no se trata de una traición del
General-Presidente y su claque a los principios marxistas y
castro-chavistas en la América Nuestra, como aseguran algunos mal
intencionados, sino de un reacomodo de la acción ante las nuevas
circunstancias. Más de medio siglo de experiencias como conspiradores
exitosos avala el pedigrí de supervivientes de estos camaleónicos
“marxistas. Ya veremos cómo renacen las consignas y los himnos de la
internacional proletaria en cuanto los jerarcas del castrismo logren
poner las manos sobre los dólares, que a fin de cuentas parece que el
fin sí justifica los medios.

Porque, sin ánimos de exagerar, el llamado “socialismo” de esencia
caudillista es como una enfermedad que muchas veces mata, pero no se
cura. Es como un virus mutante que cambia de apariencia y procura
multiplicarse para seguir enfermando las sociedades humanas. La mala
noticia para los cubanos es que semejante infección solo se cura con una
fuerte dosis de democracia… Un medicamento que cayó en falta en la Isla
más de seis décadas atrás.

Source: Socialismo del siglo XXI: ¿en paz descanse? | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/socialismo-del-siglo-xxi-en-paz-descanse/

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