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El discurso a los cubanos de Barack Obama

El discurso a los cubanos de Barack Obama
Alocución desde el Gran Teatro de La Habana
Martinoticias.com
marzo 22, 2016

Lea el discurso íntegro del Presidente Obama en Cuba

Presidente Castro, pueblo de Cuba:

Muchas gracias por la cálida acogida que hemos recibido yo, mi familia y
mi delegación. Es un honor extraordinario estar hoy aquí. Antes de
empezar, permítanme por favor quiero comentar sobre los ataques
terroristas que tuvieron lugar en Bruselas.

Los pensamientos y las oraciones del pueblo de los Estados Unidos están
con el pueblo de Bélgica. Somos solidarios con ellos condenando estos
indignantes ataques contra personas inocentes haremos todo lo que sea
necesario para apoyar a nuestro amigo y aliado, Bélgica, para llevar
ante la justicia a los responsables, y este otyro recordatorio más de
que el mundo debe unirse. Debemos cerrar filas, al margen de
nacionalidad, raza o creencias religiosas, en la lucha contra este
flagelo del terrorismo. Podemos derrotar y derrotaremos a aquellos que
amenazan nuestra seguridad y la de las personas en todo el mundo.

Al Gobierno y al pueblo de Cuba quiero agradecerles la amabilidad que
han demostrado hacia mí, Michelle, Malia, Sasha, mi suegra, Marian.

(en español) “Cultivo una rosa blanca” (aplausos) En su más famoso poema
José Martí hizo esta oferta de amistad y paz tanto a amigos como
enemigos. Hoy, como Presidente de los Estados Unidos de América yo le
ofrezco al pueblo cubano (en español) el saludo de paz (aplausos).

La Habana está a solo 90 millas de la Florida, pero para llegar aquí
tuvimos que recorrer una larga distancia, por encima de barreras
históricas, ideológicas, de dolor y separación. Las azules aguas bajo el
Air Force One, una vez fueron surcadas por acorazados hacia esta isla,
para liberar a Cuba, pero también para ejercer control sobre ella.

Esas aguas también fueron surcadas por generaciones de revolucionarios
cubanos hacia los estados Unidos, donde recabaron apoyo para su causa.Y
esa corta distancia ha sido cruzada por cientos de miles de exiliados
cubanos, en aviones y balsas rústicas, quienes se fueron a Estados
Unidos en busca de libertad y oportunidades, a veces dejando atrás todo
lo que tenían ya todos sus seres queridos. Como tantos en nuestros dos
países.

Toda mi vida se ha desenvuelto en una era de aislamiento entre nosotros.
La revolución cubana tuvo lugar en el mi9smo año en que mi padre emigró
a Estados Unidos desde Kenya. Bahía de Cochinos tuvo lugar en el año en
que yo nací. Al año siguiente el mundo entero quedó en suspenso
contemplando a nuestros dos países mientras la Humanidad se acercaba más
que nunca al horror de una guerra nuclear.

Con el paso de las décadas nuestros gobiernos se quedaron estancados en
una confrontación aparentemente interminable, librando batallas a través
de terceros, En un mundo que se reconstruyó a sí mismo una y otra vez,
el conflicto entre los Estados Unidos y Cuba era una constante. Yo he
venido aquí a enterrar los últimos remanentes de la Guerra Fría en las
Américas (aplausos) Yo he venido aquí a extender una mano de amistad al
pueblo cubano (aplausos).

Quiero ser claro: las diferencias entre nuestros gobiernos al cabo de
tantos años son reales y son importantes. Estoy seguro de que el
presidente Castro diría lo mismo. Lo sé, porque he escuchado y abordado
esas diferencias en profundidad. Pero antes de discutir esos problemas,
también tenemos que reconocer cuantas cosas compartimos, porque en
muchas formas los Estados Unidos y Cuba son como dos hermanos que han
estado distanciados muchos años, aunque llevemos la misma sangre.

Ambos vivimos en un Nuevo Mundo colonizado por europeos. Cuba, como los
Estados Unidos, fue en parte fundada por esclavos traídos de Africa.
Como el de los Estados Unidos, el pueblo cubano puede trazar sus
ancestros hasta esclavos y dueños de esclavos. Ambos acogimos a
inmigrantes que vinieron de muy lejos para empezar una nueva vida en las
Américas. A lo largo de los años nuestras culturas se han entremezclado.
La labor del Dr. Carlos Finlay en CVuba allanó el camino para
generaciones de médicos, entre ellos Walter Reed, que se basó en el
trabajo del Dr. Finlay para ayudar a combatir la fiebre amarilla.

Tal como Martí escribió su obra más famosa en Nueva York, Ernest
Hemingway hizo de Cuba su hogar y encontró inspiración en las aguas de
estas costas. Compartimos el mismo pasatiempo nacional (en español): la
pelota. Y hoy mismo, más tarde, nuestros jugadores van a competir en el
mismo estadio habanero donde jugara Jackie Robinson antes de debutar en
las Grandes Ligas (aplausos). Y se dice que nuestro más grande boxeados,
Mohamed Alí, rindió tributo una vez a un cubano con el que nunca pudo
pelear, dicendo que lo más que podía alcanzar era un empate con ese gran
cubano, Teófilo Stevenson.

Así que aun cuando nuestros gobiernos devinieron adversarios nuestros
pueblos compartían estas pasiones comunes, particularmente con la
llegada a Estados Unidos de tantos cubanos. En Miami o La Habana usted
puede encontrar lugares donde bailar cha-cha-cha o salsa, donde comer
“ropa vieja”; la gente en nuestros dos países ha cantado con Celia Cruz,
Gloria Estefan, y ahora escuchan el reggaetón de Pitbull.

Millones de los nuestros tienen una misma religión, una fe a la que yo
he rendido tributo en la Ermita de la Caridad de Miami, la paz que los
cubanos encuentran en La Cachita.

A pesar de nuestras diferencias, cubanos y estadounidenses comparten
valores comunes en sus vidas: un sentido de patriotismo y de orgullo, un
gran orgullo; un profundo amor a la familia; pasión por nuestros hijos;
un compromiso con su educación. Y es por eso que creo que nuestros
nietos mirarán este período de aislamiento como una aberración, y sólo
un capítulo en una historia más larga de familiaridad y amistad.

Pero no podemos ni debemos ignorar las diferencias reales que tenemos,
acerca de cómo organizamos nuestros gobiernos, nuestras economías y
nuestras sociedades. Cuba tiene un sistema de partido único; Estados
Unidos es una democracia multipartidista. Cuba tienen un modelo
económico socialista; Estados Unidos uno de mercado abierto. Cuba ha
enfatizado el papel y los derechos del Estado; los Estados Unidos fueron
fundados en los derechos de la persona individual.

A pesar de estas diferencias, el 17 de diciembre del 2014 el presidente
Castro y yo anunciamosque los Estados Unidos y Cuba comenzarían un
proceso de normalización de las relaciones entre nuestros países
(Aplausos) .

Desde entonces, hemos establecido relaciones diplomáticas y abierto
embajadas. Hemos puesto en marcha iniciativas para cooperar en la salud
y la agricultura, la educación y la aplicación de la ley. Hemos llegado
a acuerdos para e incrementado la capacidad de los estadounidenses para
viajar a Cuba y hacer negocios aquí.

Y estos cambios han sido bien recibidos, a pesar de que todavía hay
quienes se oponen estas políticas. Pero aún así, muchas personas en
ambos lados de este debate se han preguntado: “¿Por qué ahora? ¿Por qué
ahora?”.

La respuesta es simple: Lo que Estados Unidos estaba haciendo no estaba
funcionando. Tenemos que tener el valor de reconocer esa verdad. Una
política de aislamiento diseñada para la Guerra Fría tenía poco sentido
en el siglo XXI. El embargo sólo estaba perjudicando al pueblo cubano en
lugar de ayudarlo. Y yo siempre he creído en lo que Martin Luther King,
Jr. llamó “la feroz urgencia del ahora” – no debemos temer al cambio,
debemos abrazarlo. (Aplausos.)

Esto me conduce a una razón mayor y más importante de estos cambios (en
español): Creo en el pueblo cubano. Creo en el pueblo cubano.
(Aplausos.) Esto no es sólo una política de normalización de las
relaciones con el gobierno cubano. Los Estados Unidos de América están
normalizando sus relaciones con el pueblo cubano. (Aplausos.)

Y hoy, quiero compartir con ustedes mi visión de lo que puede ser
nuestro futuro. Quiero que el pueblo cubano ?especialmente los jóvenes?-
entiendan por qué creo que ustedes deben ver el futuro con esperanza; y
no es la falsa promesa que insiste en que las cosas son mejores de lo
que realmente son, o el optimismo ciego que dice que todos sus problemas
podrán desaparecer mañana. Una esperanza que tiene sus raíces en el
futuro que ustedes pueden elegir y que pueden conformar, y que pueden
construir para su país.

Yo tengo esa esperanza porque creo que el pueblo cubano es tan innovador
como cualquier otro pueblo del mundo.

En una economía global, impulsada por las ideas y la información, el
mayor recurso de un país es su gente. En los Estados Unidos, tenemos un
claro monumento a lo que el pueblo cubano es capaz de construir: se
llama Miami. Aquí en La Habana, vemos ese mismo talento en los
cuentapropistas, las cooperativas, los autos antiguos que todavía ruedan
(en español). El cubano Inventa del aire. (Aplausos.)

Cuba cuenta con un extraordinario recurso: un sistema de educación que
valora a cada niño y cada niña. (Aplausos.) Y en los últimos años, el
gobierno cubano ha comenzado a abrirse al mundo, y a abrir aún más
espacio para que el talento prospere. En pocos años, hemos visto como
los cuentapropistas pueden salir adelante, mientras conservan un
espíritu netamente cubano. Ser trabajador por cuenta propia no significa
ser más como los Estados Unidos, se trata de ser uno mismo.

Miren a Sandra Lídice Aldama, que decidió comenzar un pequeño negocio.
Los cubanos, dice, podemos”innovar y adaptar sin perder nuestra
identidad … nuestro secreto está en no copiar o imitar, sino
simplemente en ser nosotros mismos”.

Es ahí donde comienza la esperanza: con la posibilidad de ganarse la
vida y construir algo de lo que uno pueda estar orgulloso. Es por eso
que nuestras políticas se centran en el apoyo a los cubanos, en lugar de
en hacerles daño. Es por eso que nos deshicimos de los límites en las
remesas: para que los cubanos tengan más recursos. Es por eso que
estamos alentando los viajes, que construirán puentes entre nuestros
pueblos, y traerán más ingresos a pequeñas empresas cubanas. Es por eso
que hemos ampliado el espacio para el comercio y los intercambios, de
modo que los estadounidenses y los cubanos puedan trabajar juntos para
encontrar curas a las enfermedades, y crear puestos de trabajo, y abrir
las puertas a más oportunidades para el pueblo cubano.

Como Presidente de los Estados Unidos, he exhortado a nuestro Congreso a
levantar el embargo. (Aplausos.) Es una carga obsoleta contra el pueblo
cubano. Es una carga para los estadounidenses que quieren trabajar y
hacer negocios o invertir aquí en Cuba. Es hora de levantar el embargo.
Pero incluso si se levantara el embargo mañana, los cubanos no se darían
cuenta de su potencial sin una continuidad de los cambios aquí en Cuba.
(Aplausos.) Debiera ser más fácil abrir un negocio aquí en Cuba. Un
trabajador debiera poder conseguir un trabajo directamente con las
empresas que invierten aquí en Cuba. Dos monedas no deben separar el
tipo de salarios que los cubanos puedan ganar. Internet debe estar
disponible en toda la isla, para que los cubanos puedan conectarse con
el resto del mundo – (aplausos) – y con uno de los grandes motores del
crecimiento en la historia humana.

Estados Unidos no pone límites a la capacidad de Cuba para tomar estas
medidas. Dependen de ustedes. Y puedo decirles como amigo que en el
siglo XXI la prosperidad sostenible depende de la educación, la salud, y
la protección del medio ambiente. Pero también depende del intercambio
libre y abierto de ideas. Si uno no puede acceder a la información en
línea, si no puede estar expuesto a diferentes puntos de vista, no
alcanzará su máximo potencial. Y con el tiempo, la juventud va a perder
la esperanza.

Sé que estos son temas sensibles, sobre todo viniendo de un presidente
estadounidense. Antes de 1959, algunos americanos veían a Cuba como algo
para explotar, ignoraban la pobreza, facilitaban la corrupción. Y desde
1959, hemos estado boxeando con nuestras sombras en esta batalla de la
geopolítica y las personalidades. Conozco la historia, pero me niego a
ser atrapado por ella. (Aplausos.)

He dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la capacidad, ni la
intención de imponer un cambio en Cuba. Cualquier cambio que venga
dependerá del pueblo cubano. No les vamos a imponer nuestro sistema
político o económico. Reconocemos que cada país, cada pueblo, debe
trazar su propia ruta y dar forma a su propio modelo. Pero después de
haber eliminado la sombra de la historia de nuestra relación, debo
hablar con honradez acerca de las cosas que yo creo: las cosas en las
que que nosotros, como estadounidenses, creemos. Como dijo Martí, “La
libertad es el derecho de todo hombre a ser honrado, y apensar y hablar
sin hipocresía”.

Así que, déjenme decirles en qué creo. No puedo obligarles a estar de
acuerdo conmigo, pero ustedes deben saber lo que pienso. Creo que cada
persona debe ser igual ante la ley. (Aplausos.) Todos los niños merecen
la dignidad que viene con la educación y la atención a la salud y comida
en la mesa y un techo sobre sus cabezas. (Aplausos.) Creo que los
ciudadanos deben tener la libertad de decir lo que piensan sin miedo-
(aplausos) – de organizarse y criticar a su gobierno, y de protestar
pacíficamente; y que el estado de derecho no debe incluir detenciones
arbitrarias de las personas que ejercen esos derechos. (Aplausos.) Creo
que cada persona debe tener la libertad de practicar su religión en paz
y en público. (Aplausos.) Y, sí, creo que los electores deben poder
elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas. (Aplausos.)

No todo el mundo está de acuerdo conmigo en esto. No todo el mundo está
de acuerdo con el pueblo estadounidense sobre esto. Pero yo creo que los
derechos humanos son universales. (Aplausos.) Creo que son los derechos
del pueblo estadounidense, del pueblo de Cuba, y de las personas en todo
el mundo.

Ahora bien, no es ningún secreto que nuestros gobiernos están en
desacuerdo sobre muchos de estos asuntos. He tenido conversaciones
francas con el presidente Castro. Durante muchos años, él ha señalado
las fallas en el sistema americano: la desigualdad económica; la pena de
muerte; la discriminación racial; guerras en el extranjero. Eso es sólo
una muestra. Él tiene una lista mucho más larga. (Risas.) Pero esto es
lo que el pueblo cubano necesita comprender: yo estoy abierto a este
debate público y al diálogo. Es bueno. Es saludable. No le temo.

Tenemos demasiado dinero en la política estadounidense. Sin embargo, en
Estados Unidos, todavía es posible para alguien como yo ?un niño que fue
criado por una madre soltera, un niño mestizo que no tiene mucho dinero?
aspirar al más alto cargo de la tierra y ganarlo. Eso es lo que es
posible en los Estados Unidos. (Aplausos.)

Tenemos desafíos de discriminación racial ? en nuestras comunidades, en
nuestro sistema de justicia criminal, en nuestra sociedad? unlegado de
la esclavitud y la segregación. Pero el hecho de que tengamos debates
abiertos dentro de la propia democracia estadounidense es lo que nos
permite mejorar. En 1959, el año en que mi padre se trasladó a Estados
Unidos, en muchos estados americanos era ilegal que se casara con mi
madre, que era blanca. Cuando empecé la escuela, todavía estábamos
luchando por eliminar la segregación en las escuelas de todo el sur de
los Estados Unidos. Pero las personas se organizaron; protestaron;
debatieron estos temas; desafiaron a los funcionarios del gobierno. Y
debido a esas protestas, y debido a esos debates, y debido a la
movilización popular, es que yo puedo estar aquí hoy, un afroamericano
presidente de los Estados Unidos. Que pudiéramos lograr un cambio se
debió a las libertades que disfrutamos en los Estados Unidos.

Source: El discurso a los cubanos de Barack Obama –
www.martinoticias.com/content/obama-se-dirige-hoy-a-los-cubanos/117921.html

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