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El presidente imperial en la isla Potemkin

El presidente imperial en la isla Potemkin
Han sido muchos los imperios, gobiernos y las monarquías que han emulado
sus versiones de las “aldeas de Potemkin”
Julio M. Shiling, Miami | 19/03/2016 10:25 pm

Cuando en 1787, Catalina II de Rusia (“la Grande”) decidió visitar a
Ucrania y Crimea en compañía del emperador de Austria, José de
Habsburgo-Lorena, y otros diplomáticos, se dice que quedó muy
satisfecha. Uno de sus amantes (rumorado ser su preferido), el mariscal
Gregorio Potemkin, se le acredita haber ingeniado una obra escénica
formidable compuesta de la elaboración de aldeas ficticias y
transportables. La idea era ocultar la miseria existencial en el curso
del viaje de la zarina y su comitiva por las orillas del Río Dniéper.
Pese al cuestionamiento por algunos detractores de la veracidad de los
hechos o de los grados de la misma, lo indiscutible es que este
acontecimiento sirvió para tipificar la tarea de falsear la verdad,
visible e indeseada, por obra cosmética. Han sido muchos los imperios,
gobiernos y las monarquías que han emulado sus versiones de las “aldeas
de Potemkin”. Nadie, sin embargo, ha llegado a perfeccionar este arte
como las dictaduras comunistas y fascistas. Para un gran número de
observadores informados, el viaje del presidente Barack Obama a Cuba, ha
puesto al castrismo a correr con sus brochas y sus palos para pulir su
acostumbrada versión de este invento de Potemkin.
Lo cierto es que para recibir Obama, la dictadura de La Habana no
tendría que molestarse en preparar mucho. Después de todo, al gobernante
norteamericano no le ha perturbado para nada, la manera abierta y
transparente conque el despotismo caribeño ha intensificado sus hábitos
represivos. La violación sistemática de los derechos humanos, la
inexistencia de libertades básicas, la explotación laboral por parte de
las empresas oficialistas y sus cómplices foráneos, nada de esto ha
incomodado a Obama. ¿Es necesario tanto “show”? Claro que sí.
El propósito de lavar y ocultar la realidad en la isla Potemkin, no se
realiza para Obama, pero sí por la oportunidad que el viaje de Obama
brinda y la urgencia de avanzar contra el reloj. El acercamiento entre
EEUU y Cuba comunista, reposa sobre condiciones fundamentales que un
lado de la mesa de negociaciones impuso y la ausencia de ellas por la
otra parte. El castrocomunismo logró mantener intacta lo más primordial
de sus conminaciones: que se le aceptara su modelo político leninista y
dictatorial como algo no-negociable. Los norteamericanos abandonaron
este condicionamiento y muchos otros como la liberación de los presos
políticos, un relajamiento en la norma represiva contra toda disidencia,
etc. Esas son condiciones que responden a factores éticos y de
solidaridad. Tampoco se materializó un acondicionamiento en materia que
impactaría, directa y exclusivamente, los intereses de los
estadounidenses como sería las exigencias de que se indemnice a sus
ciudadanos por el robo masivo de propiedades valorado en siete a ocho
mil millones de dólares, el retorno de fugitivos de la ley y al menos la
devolución de parte del dinero lavado en Cuba por diferentes tipos de
fraude. Nada exigido y nada logrado por parte de Washington.
Pese a ciertas similitudes, Cuba no ha recibido el mismo trato que
Birmania por parte del presidente actual norteamericano. A pesar de la
semejanza en lo de su estructura oligárquica militar de facto, el escudo
ideológico del castrismo, ha direccionado el enfoque y las expectativas
de Obama hacia Cuba y lo ha llevado a apuntar a otras aéreas del Oriente
en su búsqueda del modelo de seguir para la isla caribeña: China y
Vietnam. Eso es algo que encaja perfectamente bien con el despotismo
cubano. Se dice mucho de la popularidad de Obama en Cuba, pero es en los
círculos del poder donde más es querido.
Desde el principio, este “deshielo” ha tenido como fin primordial,
enterrar el esqueleto que queda del embargo y fortalecer el cabildeo y
la protección de los interés comerciales como ha sucedido con el
comunismo asiático (China, Vietnam, Laos). Con Obama la dictadura cubana
ha logrado lo que su ejército de espías, apologistas y depredadores
oportunistas han sido incapaces de embolsar. Obama trituró
unilateralmente, por fíat ejecutiva, las sanciones contra el régimen de
los Castro. Lo concretó transgrediendo la noción democrática de la
separación de poderes, probablemente violando la ley norteamericana e
imitando, en principio, el modo operativo del Consejo de Estado cubano.
La restitución incondicional de las relaciones ha sido para poder
ampliar el comercio entre los EEUU y las empresas dictatoriales, con
créditos de bancos neoyorquinos. Las reglas del juego en operación
ahora, no dan espacio para verlo de otra forma y permanecer fiel a la
verdad, i. e., GAESA, el Artículo 18 de la legalidad dictatorial, Grupo
Palco, et al. Toda esta realidad convierta en una burla la retórica
publicitaria que esto es para empoderar al pueblo, en convertir en
capitalistas a los llamados cuentapropistas, etc. Este curso traería dos
cosas adicionales de gran importancia para la supervivencia del
castrocomunismo. Establecería en los pasillos del Congreso
estadounidense, la permanencia de un cabildeo mercantil potente y todos
sabemos el peso (literal) que tienen los cabilderos sobre la política
norteamericana. El otro dividendo seminal es la promoción de una cultura
hegemónica en EEUU afines a los objetivos de durabilidad de la dictadura
caribeña. El régimen castrista entiende ser esta la mejor ruta para su
legitimación perpetua. En adición a contar con la confabulación de la
jefatura principal de la religión organizada, quien mejor para validar
el modelo cubano dictatorial que la clase empresarial desaprensiva de
los países democráticos y la cultura que todo eso produce.
El presidente Obama, en su discurso inaugural en 2009, le lanzó una
oferta a los tiranos del mundo. “A aquellos que se aferran al poder
mediante la corrupción y el engaño y el silenciamiento de la
disidencia”, exclamó el cuadragésimo cuarto presidente estadounidense,
“sepan que están en el lado equivocado de la historia pero que
extenderemos una mano si están dispuestos a abrir el puño”. Esto ha sido
otro embuste más de Obama. El tirano que manda en la casa que es Cuba,
no sólo a mantenido su puño cerrado, sino procedió con mando de hierro a
azotar con más crueldad y en mayor cuantía a cubanos desde que firmó ese
pacto de amistad ignominioso con los EEUU. Obama, su práctica imperial y
su comitiva de oportunistas amorales se acoplan nítidamente en la isla
Potemkin.

Source: El presidente imperial en la isla Potemkin – Artículos – Opinión
– Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-presidente-imperial-en-la-isla-potemkin-325140

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