Corrupción – Cuba – Corruption
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Escasez al oriente de Cuba

Escasez al oriente de Cuba
Todos, humildes y solventes, padecen el azote de la escasez
miércoles, marzo 2, 2016 | Ana León

LA HABANA, Cuba.- Por muy agitada y dificultosa que sea la vida en La
Habana, siempre es un ejercicio de consciencia visitar las provincias
del oriente cubano. En Holguín, una de las ciudades más hermosas,
limpias y acogedoras de toda la geografía insular, el contraste entre el
pujante progreso de algunos y la rural simpleza de numerosas familias,
llama poderosamente la atención. Pero todos, humildes y solventes,
padecen el azote de la escasez de proteínas.

Holguín ha sido acreditada como una de las provincias de mayor
productividad en el sector agrícola; de ahí que en sus puestos de venta
todavía puedan comprarse cultivos como malanga, tomate, zanahoria o
lechuga a precios mucho más baratos que en los agros capitalinos –el
mazo de lechuga cinco pesos, la libra de tomate o de malanga ocho pesos,
mientras en La Habana cuestan dos o tres veces más–, con una calidad
superior y, por lo general, bien despachados. Pero en lo tocante al
“plato fuerte”, la compraventa está totalmente dominada por la carne de
cerdo, tan costosa que los clientes deben escoger entre comer viandas,
frutas y vegetales, o destinar la casi totalidad del salario a adquirir
la también necesaria proteína.

El pollo, comodín nutricional de los cubanos que pueden escapar al
ultimátum de “salchichas o croquetas”, no aparece en la red de mercados
en divisas de Holguín y, cuando lo hace, es acaparado por individuos que
revenden cada cuarto a 40 pesos moneda nacional (1,40 USD). Esta
situación es permanente en el reparto de Pueblo Nuevo, ubicado a escasos
dos kilómetros del centro de la ciudad. El único mercado regularmente
abastecido es “La Placita” pero, tal como se puede apreciar en la foto,
la oferta es reducida y cara, tomando en consideración el salario
promedio en Cuba (18 USD) y el hecho de que en esta provincia muchas
familias intentan ajustarse a su sueldo, sin contar con el producto del
“invento” o la “raspadera”, tan común en la capital.

Los especuladores que acaparan y revenden víveres son la pesadilla de
una población en su mayoría trabajadora, honesta y muy conformista que
debe trazar estrategias para adquirir un alimento tan básico como el
huevo. Mientras viajaba en uno de los antiguos buses “Girón” –ahora
remodelados y bautizados con el delicado nombre de “Diana” –, Margot,
una anciana de 71 años, declaró haberse levantado a las cuatro de la
madrugada para acudir al mercado de Garallalde y poder adquirir 14
huevos a precio estatal (1,10 pesos), pues en el mercado negro de
Holguín un cartón con 24 huevos cuesta ¡60 pesos! Considérese lo que
esta cifra representaría en la chequera de 200 pesos de la señora en
cuestión.

Sin embargo, la escasez no se limita a las fuentes de proteína. Las
pastas también han desaparecido de las tiendas para abarrotar los
puestos de venta clandestinos, donde un paquete de espaguetis puede
costar hasta 20 pesos.

Con este panorama como telón de fondo, la mayor parte de las familias
que tienen ingresos ligeramente más elevados, recurre a la carne de
cerdo como principal aporte de proteínas. El problema es que se trata de
una alternativa tan cara como el pollo que se vende “por la izquierda”,
pues la libra de carne de cerdo limpia cuesta 40 pesos.

En una ciudad donde no existe un flujo constante de bienes ni dineros,
en buena medida porque la iniciativa privada se encuentra aún en
ciernes, los polos turísticos de la provincia están bastante alejados
del centro urbano y el abastecimiento por parte de la red minorista es
limitado y ocupado por los propietarios de restaurantes particulares, no
es de extrañar que se agoten en pocos minutos las salchichas, croquetas
y hambergues, buenos para meriendas escolares pero no para suplir las
necesidades nutricionales de las personas.

A lo largo de la carretera del Valle, en Pueblo Nuevo, ambas aceras son
flanqueadas por revendedores de alimentos. Ancianos diabéticos venden a
50 pesos la bolsa de leche en polvo descremada que el Estado les ha
asignado, para poder comprar la encarecida carne de pollo. Y la lata de
carne rusa (de res, molida, muy popular en la época del campo
socialista) ha sido revindicada –con un valor de 30 pesos– como una
adquisición de lujo, a pesar de su alto contenido de grasas saturadas
que aumenta los riesgos de enfermedad coronaria.

Antes de 1959, Holguín era una de las zonas de mayor extensión y
sostenibilidad para la crianza de ganado vacuno. Hoy sus mercados
comercializan un picadillo de res importado que a simple vista muestra
sus impurezas; los quesos y yogurts brillan por su ausencia, y aunque
los estantes de algunas tiendas exhiben cajas de cereales también
importados… ¿dónde está la leche? Cuando aparece, ¿quién la puede comprar?

A pesar del crecimiento constatable en el sector turístico y de las
amplias posibilidades de desarrollo que posee la provincia, la economía
doméstica holguinera no supera el menudeo, con el agravante de que la
corrupción se halla aún distante de los niveles apreciables en
provincias como Matanzas o La Habana. Mal que pese admitirlo, es el
comercio ilegal sostenido por delincuentes –comunes y de cuello blanco–
lo que facilita la circulación de las finanzas en un país donde todo
está cínicamente permitido.

Source: Escasez al oriente de Cuba | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/holguin-el-desabastecimiento-al-oriente-de-cuba/

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