Corrupción – Cuba – Corruption
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Féretros de primera, cajas de segunda

Féretros de primera, cajas de segunda
La precariedad lastra también los sueños para la eternidad de los
cubanos. Salvo los de los altos funcionarios
LUZ ESCOBAR, La Habana | Marzo 07, 2016

La última voluntad revela mucho de la vida que se tuvo o que se quiso
tener. Un vaso de ron y un tabaco encendido, piden algunos para su
velatorio, mientras otros sueñan con regresar como ceniza al patio donde
dieron los primeros pasos. Para lograr esos “sueños de eternidad”, la
familia de los fallecidos debe sortear numerosos obstáculos, que van
desde la carencia de transporte funerario hasta el escasez de cajas de
muerto.

A las nueve de la mañana de este viernes en la funeraria Marcos Abreu de
la calle Zanja, la empleada que atiende al público no da abasto. Los
teléfonos suenan sin parar y frente a ella una muchedumbre intenta
agilizar los dolorosos trámites de enterrar o cremar a un ser querido.
Pero la muerte en Cuba también se toma su tiempo, como los burócratas.

Cuños, certificados de defunción y el carné de identidad de varios
fallecidos pasan frente a los ojos de la funcionaria, que trata de ser
eficiente, pero los enrevesados mecanismos fúnebres se lo impiden. “Mi
muerta lleva 24 horas en el crematorio y nadie nos dice nada, no sabemos
qué ha pasado”, se queja Lorenzo Julián, un arquitecto de 67 años, cuya
hermana dejó como última voluntad ser incinerada.

En medio del dolor de la pérdida, apenas hay tiempo para dedicarse a las
lágrimas. “Aquí hasta para morirse hay que hacer cola”, grita desde la
puerta de la oficina una señora que acaba de enviudar y que viene
protestando por la mala calidad del féretro que le ha tocado a su
esposo. “Está prácticamente desfondado y no nos dieron el cristal para
velarlo, por lo que el mal olor no deja ni acercarse”, detalla la anciana.

Una elegante mujer pregunta si no hay una opción diferente al ataúd que
produce el Estado. Pero la muerte iguala a muchos en esta Isla. El
negocio de los féretros “por cuenta propia” apenas existe. “Aquí no
podemos aceptar ataúdes hechos en otro lugar”, le aclaran la empleada a
la exigente doliente. “Antes había una oferta de cajas metálicas, que se
pagaba en pesos convertibles, pero esa opción ya no existe”, concluye.

“Aquí hacemos camas, multimuebles, escaparates pero yo llevo 28 años en
este negocio y nunca hemos hecho ataúdes”, explica el dueño de una
carpintería en la calle Salud, cercana a la funeraria, que añade que no
tiene listones de madera para ese tipo de trabajos. Además “ni muerto
hago esas cosas, me erizo de solo pensarlo”, asegura.

A pesar de los chistes y alusiones necrológicas que salpican el
imaginario popular, los cubanos tienen una relación muy seria con la
muerte. A diferencia del vecino México, con su Catrina de calavera
sonriente y las comidas alrededor de la tumba de los difuntos, en la
Isla se impone la sobriedad y las lágrimas en todo ritual funerario.
Solo en algunos casos la despedida se ameniza con música o fiestas.

“Él quería su aguardiente y su rumba, así que lo hemos complacido”,
detalla Asdrúbal, cuyo abuelo de 91 años murió esta semana en Centro
Habana y dejó especificado cada detalle para su despedida. “No quiero
llanto, no quiero llanto, cuando me muera yo no quiero llanto”, cuenta
el joven que cantaba el anciano a cada rato. “Así que lo hicimos como en
la canción, sin llorar”, agrega.

Las lágrimas que no derramaron con el último aliento del patriarca de la
familia estuvieron a punto de aflorar durante los trámites para
organizar su velorio. La funeraria Bernardo García, en la calle Zanja y
Belascoaín, ha estado cerrada por reparaciones dada las malas
condiciones del inmueble y la pésima calidad del servicio. El cuerpo del
abuelo de Asdrúbal debió esperar más de diez horas para que lo fueran a
buscar a su casa. La empleada que atendió la queja le pidió “calma”,
porque no había “transporte disponible”.

Finalmente los restos del anciano llegaron a uno de los salones de la
funeraria Marcos Abreu. Entonces empezó lo que su nieto llama “la
segunda muerte del viejo”. El difunto había dicho que quería ser
cremado, pero una empleada del establecimiento estatal le aclaró que
solo está funcionando el crematorio de Guanabacoa y el de Santiago de
las Vegas está roto y el trabajo se acumula.

El servicio debe solicitarse en la funeraria correspondiente al lugar de
residencia donde se comunica a la familia si hay capacidad en los
hornos. Posteriormente se abonan por adelantado 340 pesos en moneda
nacional y se elige la posibilidad de ir al crematorio o recoger las
cenizas en la propia funeraria.

Los familiares presentan su documentación y eligen la urna en la que
recoger las cenizas. Si lo desean se les muestra el cuerpo del fallecido
a través de un cristal, justo frente a la entrada del incinerador. El
proceso puede durar entre una hora y media o dos y al finalizar se le
entrega al cliente la urna con las cenizas.

Un empleado del crematorio de Guanabacoa, que prefirió el anonimato,
aseguró a 14ymedio, que el problema no son solo “las roturas de los
equipos” sino que “cada vez son más las personas que eligen ser
cremadas”. El proceso comenzó a realizarse en 2006, está subvencionado
por el Estado y cuesta 300 pesos cubanos (menos de 15 dólares), pero
muchas veces se recurre a un “pago extra” a los empleados para lograr un
turno o agilizar la entrada al horno.

No obstante, muchas familias prefieren pasar por ese entramado de
corrupción que tener que gestionar durante largos años los avatares de
un panteón o una tumba en un cementerio de la Isla. Comprar un nicho
propio en el cementerio capitalino cuesta alrededor de 400 CUC en el
mercado informal, un año de salario para cualquier trabajador.

“Lo vamos a llevar para la casa, que es donde debe estar, con su
familia”, refiere Asdrúbal sobre las cenizas de su abuelo, a quien
finalmente y gracias a un familiar emigrado que envió en tiempo récord
el dinero a través de Western Union, han podido cremar este fin de semana.

Durante la última sesión del parlamento, la Comisión de Salud y Deporte
alertó sobre la escasa “disponibilidad técnica de los carros fúnebres”,
los atrasos en la recogida de los cadáveres y la poca calidad de la
madera “asignada por la Empresa Estatal Forestal para la producción de
ataúdes”. A los problemas que enfrenta el sector se le suma la falta de
“guantes quirúrgicos, algodón, cosméticos, máquinas de afeitar, entre
otros recursos necesarios para la ejecución del trabajo en funerarias y
cementerios”.

Forradas de una tela gris oscura, las cajas de muerto que se venden a
precio subsidiado han ido perdiendo calidad con los años y ahora apenas
pueden sostener el cuerpo del difunto. “Tenemos que aguantarlas bien por
abajo, porque ya nos ha pasado que se nos ha caído el muerto antes de
meterlo en la tumba”, confiesa Nicanor, un viejo sepulturero del
Cementerio de Colón que no está contratado pero a quien otros empleados
le dan “una tierrita” por su trabajo.

El ataúd de un difunto que llegó este viernes a las más importante
necrópolis de La Habana es de madera de pino, retorcida y ahuecada por
el comején. A una esquina le faltan los clavos y los parientes temen que
se abra en medio del oficio religioso. “Esto es una falta de respeto”,
comenta a 14ymedio el sobrino del difunto. “¿Qué se puede esperar para
los muertos si para los vivos la cosa está igual de difícil?”, se
pregunta. El diácono apura el último adiós y la caja sale de la capilla
a punto de desarmarse.

Pocos minutos después arriba un pomposo funeral con varios autos y
ómnibus que transportan colegas de un fallecido oficial de las Fuerzas
Armadas. La viuda llora frente al féretro, de madera lustrosa. Los
ministerios e instituciones importantes como el Consejo de Estado tiene
sus propias carpinterías para cuando una “personalidad” muere. Sus
ataúdes son muy diferentes a los del común de los cubanos: firmes y con
incrustaciones de metal.

Mientras introducen la lustrosa caja con los restos del militar en el
nicho, a varios kilómetros de allí, la familia de Asdrúbal apura el
trago de aguardiente y celebra la llegada del ánfora con las cenizas del
abuelo. “Viejo, estás donde tú querías, en familia y con tu trago
cerca”, afirma el nieto mientras llena un vaso y enciende un tabaco.

Source: Féretros de primera, cajas de segunda –
www.14ymedio.com/reportajes/Feretros-primera-cajas-segunda_0_1957604226.html

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