Corrupción – Cuba – Corruption
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La disidencia cubana es un selfie para los demócratas occidentales

La disidencia cubana es un selfie para los demócratas occidentales
Los demócratas de países occidentales serían coherentes con su decálogo
si escucharan las frustraciones de la oposición.
Iván García Quintero
marzo 03, 2016

La Habana – La oposición pacífica en Cuba, entre la represión del
régimen y el ninguneo de gobiernos democráticos, está pagando un precio
demasiado elevado por sus carencias y escaso impacto popular. Pero
ellos, no se olvide, son las víctimas, no los culpables del desastre
nacional.

Los buenos guionistas tienen la capacidad innegable de convertir a los
villanos en santos. Con discreción transgreden el código ético de sus
lectores o espectadores.

Y tipos que nunca se llevan la luz roja del semáforo, los vemos sufrir
cuando criminales como Vito Corleone en el Padrino o Pablo Escobar en
una serie colombiana, son atrapados o aniquilados por las fuerzas del orden.

Esa conversión moral que provoca aplausos de alegría cuando un asaltador
de bancos escapa con el botín en un filme hollywoodense, es aplicable a
la dramaturgia política.

Me resisto a creer que François Hollande o Barack Obama, presidentes de
democracias consolidadas, sientan veneración al dialogar con un
autócrata en estado puro como Raúl Castro.

El gobierno de los hermanos Castro tiene todos los ingredientes de una
dictadura. Cuba es el único país del concierto de naciones occidentales
que prohíbe partidos políticos o medios informativos que queden fuera
de su control estatal.

Seamos serios. Que la distensión siempre sea mejor a las sanciones, no
puede obviar ciertas verdades como puños. Cuba no es El Dorado
empresarial. No hay tribunales independientes, un marco regulatorio
coherente para los emprendedores privados locales y el mercado interno
es pequeño y de escaso poder adquisitivo.

Puede que el juego sea más sutil y la partida de ajedrez política
intente desmontar el manicomio económico e ideológico castrista con una
estrategia de alto vuelo. Pero los gobernantes de países democráticos no
debieran soslayar a los opositores cubanos. Y menos que en sus visitas
a la Isla se tiren selfies con ellos en la trastienda de la casa, para
guardar las apariencias de lo políticamente correcto.

Los Castro no son los buenos de la película. Forman parte de una
pandilla enquistada en el poder que confunde democracia con lealtad
personal. El fracaso de la revolución, la ineficacia del sistema y las
penurias materiales no fueron generados por la oposición, pues no tienen
acceso a ningún cargo institucional.

Comprendo que se negocia con los que detentan el poder. Y el control
casi absoluto en Cuba lo tienen los Castro. Pero no escuchar en primera
persona a los que son reprimidos, es de una gran torpeza política
para aquéllos que se presentan como demócratas.

Y está sucediendo. Después del 17D, en La Habana han aterrizado
importantes políticos y funcionarios estadounidenses. Muy pocos se han
reunido con la disidencia o, si acaso, charlan con el segmento opositor
que aprueba el nuevo trato.

Siempre son encuentros de última hora, con un café y discursos
ambiguos. Mirando el reloj y… hasta luego, que pierdo el avión. Esa
tendencia se demostró el 14 de agosto de 2015 con la reapertura de la
embajada de Estados Unidos en Cuba.

El Departamento de Estado no invitó a ningún disidente ni periodista
independiente. La cita, breve, fue posterior. A la hora de recoger los
bates, para retratarse -a los disidentes cubanos les encanta
fotografiarse- y hablar de asuntos triviales.

En la próxima visita, la de Barack Obama, fijada para el 21 y 22 de
marzo, se desconoce si el presidente o la embajada tienen previsto algún
encuentro con opositores o periodistas sin mordazas.

La disidencia no es un desecho de virtudes. Todo lo contrario.
Marginada, apaleada y censurada no acaba de dar un golpe de autoridad
encima de la mesa. No cuentan con una estrategia inteligente que les
haga ganar adeptos entre los cubanos de a pie.

Caminan por las calles como hombres invisibles. Su lobby político es
hacia el exterior. No han sido capaces de comprometer y enrolar a su
causa a los vecinos del barrio. Y los proyectos de corte
comunitario y político, como Candidatos por el Cambio, que puede ser un
camino para acceder al parlamentarismo, son menospreciados por algunos
líderes disidentes.

¿Qué hay desunión? Es verdad. Lo razonable en una sociedad de corte y
rasga es tener una plataforma común donde los diferentes grupos o
tendencias coincidieran en tres o cuatros preceptos, no más.

Se intentó con Concilio Cubano en 1996 y ahora con la Mesa de Unidad de
Acción Democrática (MUAD). Pero el ego superlativo de los disidentes
siempre termina divorciándose de las buenas intenciones.

¿Qué reciben dinero de fundaciones del gobierno de Estados Unidos? Es
cierto. Para hacer activismo político se necesita dinero. La estrategia
debiera ser transparencia, democracia dentro de las organizaciones y la
rendición de cuentas.

Los puristas pudieran verlo como injerencia de un Estado a un gobierno
soberano, aunque sea autocrático. Pero les aseguro que ni un centavo ha
sido dedicado a comprar armas, preparar cocteles molotov o trazar un
plan para asaltar un cuartel militar, como hizo Fidel Castro el 26 de
julio de 1953.

Los fondos que el gobierno de Estados Unidos le otorga a grupos
disidentes son asignaciones públicas. Por carencias, falta de civismo y
descontrol hay opositores locales que actúan como si fuesen caciques, a
base nepotismo y utilizando migajas de dólares para comprar lealtades.
Pero no se puede meter a todos en el mismo saco.

En el régimen, la corrupción y falta de transparencia es aún peor. Un
disidente no es ajeno a la realidad en que vive. Si se comportan como un
Fidel Castro vestido de civil, es porque nacieron y se hicieron adultos
en un país dirigido por caudillos.

Disidentes y oficialistas se visten de guayabera, no saben utilizar a su
favor las nuevas herramientas en internet, tienen una narrativa repleta
de jergas y desconocen el valor de una sonrisa ante las cámaras.

Las carencias de los funcionarios castristas son clonadas por sus
antagónicos. Pero hay una diferencia notable: los opositores pacíficos
sufren golpizas, detenciones y actos de repudio.

Los demócratas de países occidentales serían coherentes con su decálogo
si escucharan las frustraciones de la oposición. Es una buena manera de
no traicionarse a sí mismos.La política es el arte de lo posible.

Source: La disidencia cubana es un selfie para los demócratas
occidentales –
www.martinoticias.com/content/disidencia-cuba-selfie-democratas-visitas/116644.html

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