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Danza macabra

Danza macabra
Un solo video se erige en testimonio incontestable de la verdad: la
colosal pérdida de valores que sufre la sociedad cubana
miércoles, abril 13, 2016 | Miriam Celaya

WEST PALM BEACH, Estados Unidos.- El video ha sido viral en las redes En
poco más de 24 horas –entre la tarde de este lunes 11 de abril de 2016 y
las primeras horas de la noche del martes 12– había sido compartido 42
mil veces y tenía casi 4 millones de reproducciones. Y la cuenta seguía
subiendo exponencialmente. Las imágenes que muestra son más elocuentes
que cualquier palabra: niños de no más de 7 u 8 años, con uniforme
escolar, se contorsionan en el frenesí de un baile lascivo en lo que
obviamente es una escuela primaria cubana. En torno a ellos se escuchan
voces (¿sus maestras?, ¿algún otro adulto responsable de cuidarlos y
educarlos?), animándolos alegremente, a todas luces gozando del espectáculo.
Aberración, atrocidad, perversidad, vileza, son los adjetivos más
bondadosos con los que se podría calificar a los responsables de este hecho.

Los cuerpos de los niños se enroscan y arquean con espasmódicos empujes
de las caderas al ritmo de la música, la chiquilla sube su delgada
pierna hasta la cintura del chico, o bien se vuelve de espaldas,
arrimando sus infantiles nalgas a la pelvis de él, que también imita
rítmicamente gestos sexuales propios de los adultos en plena intimidad.
En un momento del baile el niño se tiende sobre el suelo, mientras su
compañera de “baile” se agacha entre contoneos, con las piernas
abiertas, sobre el bajo vientre del chiquillo, mientras alrededor el
jolgorio general llega a su clímax.

Tan insólito divertimento, digno de un prostíbulo o de un club nocturno
de la peor categoría, se extiende por cinco minutos y medio, para
angustia de cualquier espectador decente y para regocijo de los que
alientan a los danzarines, sin que algún educador o autoridad escolar
ponga fin a la lujuriosa danza.

Con seguridad, estos inocentes, con sus pañoletas azules al cuello, sus
blancas camisas y sus pocas cuartas de estatura son de los mismos que
juran cada mañana “ser como el Che”, cantan el himno nacional o saludan
la bandera tricolor. Cuesta imaginar lo que opinarán otros padres, más
responsables y comprometidos con sus familias, acerca del peculiar
“ambiente recreativo y cultural” en que están creciendo sus hijos y de
los beneficios que ofrece la muy cacareada educación gratuita, prenda
suprema de la superioridad del sistema educativo cubano, ése que es tan
elogiado en los foros y organismos internacionales como ejemplo a seguir
incluso por los países desarrollados.

He aquí que un solo video se erige en testimonio incontestable de la
verdad que se viene denunciando sistemáticamente desde años atrás por
numerosas voces de la sociedad civil independiente de la Isla: la
colosal pérdida de valores que sufre la sociedad cubana, el escandaloso
deterioro de pedagogos y “educadores” que incide directamente sobre la
deformación de las más jóvenes generaciones, la inmoralidad que invade
incontables hogares y familias cubanas, cuyos miembros ven con
beneplácito la precocidad (y procacidad) de sus hijos, despojados de la
conmovedora ingenuidad de la infancia antes de cumplir su primer decenio
de vida. ¿Repetirán esta vez, los defensores del castrismo, que se trata
de una patraña de los enemigos de la revolución?

Ciertamente, son muchos los factores que han conducido a todo este
descalabro moral: las pésimas condiciones habitacionales que hacen que
decenas de miles de familias convivan en la mayor promiscuidad –donde
adultos y menores comparten los mismos espacios reducidos y en ocasiones
hasta las mismas camas–, las perennes carencias materiales, la
desesperanza, la corrupción social generalizada, la supervivencia. Un
proceso degenerativo característico del sistema sociopolítico impuesto a
los cubanos desde hace casi seis décadas.

No faltarán quienes se encojan de hombros o tilden de mojigatos a
quienes nos hemos perturbado y sentido repugnancia ante las imágenes que
exhibe el video. Pero estos pequeños niños, así expuestos, en realidad
han sido víctimas inocentes de quienes deberían velar por su cuidado y
educación: sus padres, sus maestros y el sistema político que
hipócritamente se presenta a sí mismo como guardián de la infancia.

Han sido violados los derechos de estos niños a la protección de los
mayores, a crecer en un ambiente seguro y decoroso, a no ser expuestos
públicamente y a recibir una educación apropiada dentro de parámetros y
conductas morales universalmente reconocidas. Sin exagerar, estamos
asistiendo a la consagración de un crimen que debería ser juzgado y
condenado por todas las personas dignas y por las sociedades
civilizadas. ¿Qué tienen para decirnos ahora los organismos e
instituciones encargados de proteger a la infancia? ¿Acaso callarán ante
esta atrocidad para seguir aplaudiendo condescendientemente las
increíbles estadísticas oficiales cubanas y los fabulosos “logros” de la
educación revolucionaria?

Sin embargo, el asunto no deja de tener una fuerte carga simbólica. La
macabra danza de estos escolares lascivos parece encarnar el ritual
funerario del que antaño fuera un sólido sistema educativo que formó
generaciones de profesionales de alta calificación y amplia cultura.

En cuanto a las autoridades cubanas, habrá que ver cómo se las apañan
esta vez para endosar este despreciable delito a alguna retorcida
“maniobra de la derecha en contubernio con el Imperialismo”. La tienen
difícil.

(Miriam Celaya, residente en Cuba, se encuentra de visita en Estados Unidos)

Source: Danza macabra | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/danza-macabra/

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