Corrupción – Cuba – Corruption
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Los factores del cambio

Los factores del cambio
MIGUEL SALES | Málaga | 12 Abr 2016 – 5:02 am.

Un aspecto de capital importancia para comprender la dinámica del cambio
sociopolítico que podría ocurrir en Cuba es la relación de causa-efecto
entre el sistema comunista y la penuria de la población.

Las condiciones que impuso el Estado socialista, mediante la
estatización casi total de los medios de producción y la penalización de
la actividad económica de carácter privado, se tradujo en ausencia de
seguridad jurídica, ínfima productividad, pésima gestión y falta de
incentivos laborales. Esto se compensó con medidas populistas
(educación, salud pública, etc.) y con mucha propaganda. Para esta
tarea, el Gobierno dispuso del monopolio absoluto del sistema educativo,
los medios de comunicación y la cultura. Escuelas, periódicos, radio,
televisión, cine y teatro estaban (y están) al servicio permanente de la
ideología oficial.

El Estado dejó de proporcionar garantías a la propiedad y la normativa
que regía la actividad productiva cambió a menudo de manera arbitraria,
según los caprichos del caudillo. La iniciativa privada se toleraba
durante unos años, luego se penalizaba y después se volvía a
rehabilitar. La tenencia de dólares fue delito durante varias décadas,
luego se autorizó y más tarde volvió a suspenderse.

Buena parte del esfuerzo de la población se orientó entonces al mercado
negro y en muchos casos las empresas estatales pasaron a ser una fuente
de suministros clandestinos que alimentaba ese sector informal. Por su
parte, el sector estatal, que todavía constituye el 90% del aparato de
producción y distribución, sigue siendo terriblemente deficitario y
absorbe por vía tributaria cualquier superávit que pueda generar la
actividad privada.

El único segmento de actividad económica estatal que hoy genera
indudables beneficios es la exportación de mano de obra calificada,
porque su explotación se realiza en condiciones de servidumbre, violando
diversas normas internacionales de derechos humanos y laborales.

Al apoderarse de todos los recursos de la Isla y convertir el aparato
productivo en un inmenso sistema burocrático, el régimen generalizó los
vicios y las deficiencias que plagaban a la administración pública. De
poco han valido las reiteradas campañas de racionalización, las
ofensivas contra la burocracia, los estímulos morales, la propaganda
incesante y las “batallas de ideas”. La falta de incentivos para la gran
mayoría de los trabajadores y funcionarios reduce a la mínima expresión
la eficacia de la economía socialista. Como decían los obreros en los
países del este de Europa antes de la caída del comunismo, “ellos
simulan que nos pagan y nosotros hacemos como si trabajáramos”.

Todo ese tinglado de ineficiencia, desgana, corrupción, mala gestión y
pésima planificación se financió durante medio siglo con ingentes
subsidios procedentes del extranjero. Primero, durante 30 años, los
fondos llegaron de la Unión Soviética y, tras la desaparición de la
Madre Patria Socialista, aparecieron los petrodólares de Hugo Chávez. Y
a pesar de que el Estado dispuso de ese considerable aporte exterior, de
que controlaba todos los recursos del país y de que Cuba no ha sufrido
convulsiones mayores en ese periodo, los niveles de improductividad y
pobreza de la Isla son comparables actualmente a los de algunas
satrapías africanas. Tras 57 años de dictadura, el sueldo medio de los
cubanos es de 24 dólares al mes y el precio de un televisor equivale a
16 meses de salario.

Esa situación empezó a cambiar muy lentamente con las tímidas medidas
liberalizadoras que adoptó el Gobierno de Raúl Castro a partir de 2006.
Pero han transcurrido diez años (el equivalente a dos mandatos y medio
de cualquier gobernante en Occidente) y el camino recorrido por la
sociedad cubana en pos de la libertad y la prosperidad ha sido muy
corto. A ese ritmo, pasará otro medio siglo antes de que la sociedad
civil alcance la robustez suficiente como para provocar cambios en la
esfera política que a su vez repercutan la situación económica.

¿Qué vías de transformación existen, pues, en una coyuntura de este
tipo? La evolución histórica de los gobiernos autoritarios o
totalitarios en diversas regiones —Europa meridional y oriental, el
mundo árabe, América Central y del Sur— apunta a tres factores de
importancia. El primero es la desaparición física de los fundadores del
régimen. La mezcla de resignación, inercia y legitimidad residual que
apuntaló a regímenes como los de Burguiba, Tito, Trujillo u Oliveira
Salazar se resintió considerablemente cuando el poder pasó a manos de
sus herederos y terminó por quebrantarse de modo definitivo poco tiempo
después.

El segundo tiene que ver con la información y la comunicación como
claves de la toma de conciencia de la ciudadanía. El cambio en la
opinión pública se opera muy lentamente y de manera casi subrepticia,
entre otras cosas por la falta de libertad de expresión y asociación.
Las medidas represivas del Gobierno no permiten evaluar cuáles son las
ideas y creencias predominantes en cada etapa. La única manera de medir
esas preferencias consiste en permitir que la gente vote libremente y
escoja los candidatos y las políticas que prefiera. Pero eso suele
llegar al final del proceso de transición, no al comienzo.

El tercer factor es la presencia pública de la oposición y su
reconocimiento dentro y fuera del país. En Cuba, durante años un puñado
de heroicos activistas ha tratado de concienciar con la palabra y el
ejemplo al resto de la población. Incapaz de aceptar que algunos
ciudadanos pudieran disentir de su política y expresar libremente sus
opiniones, el Gobierno los ha descalificado con los peores epítetos y
los ha reprimido violentamente. No había cubanos que pensaran de otra
manera y reclamaran sus derechos en la calle, sino agentes del
imperialismo, pagados por Washington y Miami para destruir el paraíso
proletario del Caribe y entregar la Isla a los herederos de Meyer Lansky
y Lucky Luciano. Aunque parezca mentira, esa burda caricatura sigue
siendo el discurso oficial del régimen cubano y la policía sigue
machacando cada domingo a un pequeño grupo de mujeres que reclaman
públicamente la libertad de sus familiares injustamente encarcelados.

Sin duda en Cuba, la exigencia social de derechos políticos y económicos
se ha iniciado muy tardíamente, en comparación con otras naciones que
padecieron el sistema comunista, debido al grado de represión que el
régimen aplicó desde el inicio, la condición insular del país y la
vecindad de EEUU. El miedo que generaron los fusilamientos y
encarcelamientos masivos de la década del 60, la carencia de fronteras
terrestres y la relativa facilidad de huir al Norte y dar así un salto
de más de un siglo mediante un desplazamiento relativamente corto (esa
especie de “máquina del tiempo” que en pocas horas transporta a un
cubano de las limitaciones y penurias más propias de un esclavo del
siglo XIX a la vida normal de un ciudadano del siglo XXI en la Florida),
explican en gran parte el retraso en la recuperación de la conciencia
social. Además, las medidas populistas y el monopolio de la información
contribuyeron no poco a mantener esa situación de estancamiento.

Pero el factor ideológico, en tanto que vector autónomo, también ha
desempeñado una función esencial, aunque a veces su papel haya sido
menos obvio. Y es precisamente la quiebra de la ideología
revolucionaria, esa mezcla de marxismo, nacionalismo, caudillismo,
cobardía y estupidez, la que abre el camino a la transformación en los
últimos años. Los cubanos de hoy empiezan a entender que el sistema
socialista es la causa directa de la falta de derechos y libertades que
padecen, y también de la pobreza —apenas disimulada con escuelas
mediocres y hospitales cochambrosos— en la que se ven obligados a
malvivir. Y como ocurrió en Europa del Este y la difunta Unión
Soviética, más pronto que tarde llegarán a la conclusión de que el
comunismo no es otra cosa que la vía más larga y dolorosa para pasar del
capitalismo al capitalismo.

Source: Los factores del cambio | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1460407341_21600.html

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