Corrupción – Cuba – Corruption
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Por qué a Wall Street no le entusiasma invertir en Cuba?

¿Por qué a Wall Street no le entusiasma invertir en Cuba?
Las empresas estadounidenses que operan en la isla son de viajes,
compañías que operan en Internet y operadoras de hoteles.
PABLO PARDO Corresponsal Washington @PabloPardo1
08/04/2016 23:24

Los estadounidenses tienen una expresión para referirse a cumplir la
palabra dada: “Poner el dinero donde has puesto la boca”. Por ahora, el
Gobierno de Estados Unidos ha puesto la boca. O sea, las palabras. Pero
las empresas estadounidenses son renuentes a invertir en Cuba. Es un
mercado infinitesimalmente pequeño, que no conocen, y con incertidumbre
política y, sobre todo, económica. Súmese a ello el bloqueo -que todavía
sigue- y el resultado es que el gran capital estadounidense sigue sin
llegar a Cuba. Como explica el analista del think tank Instituto
Peterson de Washington para la Economía Internacional, Gary Hufbauer,
“las empresas [estadounidenses] están dándose cuenta de que invertir en
Cuba es muy difícil”. Para Samuel George, analista de la Fundación
Bertelsmann, “por ahora, EEUU está dando un voto de confianza a las
reformas en el país”. Y poco más. De hecho, las empresas estadounidenses
que han anunciado operaciones en la isla son, en su inmensa mayoría, de
tres tipos: empresas de viajes, compañías que operan en Internet, y,
tras la visita de Barack Obama, la semana pasada, operadoras de hoteles.
Los dos primeros grupos no necesitan verdaderamente tener
infraestructuras físicas o personal en la isla. Ése es el caso de las
aerolíneas JetBlue y American Airlines, y la empresa de cruceros
Carnival, o de la empresa de alquiler de viviendas Airbnb y la de
sistemas de pagos PayPal.Los hoteles son diferentes, pero hay que tener
en cuenta que ese sector lleva abierto a la inversión extranjera desde
hace un cuarto de siglo, y tiene un marco legal y unas reglas del juego
consolidadas. Todos esos sectores se apoyan en lo que Samuel George,
analista para América Latina de la Fundación Bertelsmann, califica como
“la liberalización en la práctica” de los viajes de Estados Unidos a
Cuba. Una liberalización que va a provocar, a su vez “un crecimiento,
lento y pausado” del turismo en la isla, en palabras del chef y
restaurador de origen español José Andrés, que acompañó a Obama en su
viaje a Cuba la semana pasada. En algunos casos, el turismo está
creciendo a un ritmo espectacular. Ése es el caso de Airbnb, una
plataforma online que permite alquilar habitaciones y viviendas. La
empresa, que nació en 2008 en San Francisco, ha visto cómo, en apenas un
año, Cuba se convertía en su mercado de mayor crecimiento. En la
actualidad, Airbnb ofrece 4.000 viviendas en Cuba, según declaró su
consejero delegado, Brian Chesky, a los periodistas que acompañaban a
Barack Obama en La Habana. Eso implica que esa empresa gestiona el
equivalente al 6% de las habitaciones hoteleras en ese país. Ahora bien,
¿y las fábricas? ¿Y los centros comerciales? Todo eso tendrá que esperar
bastante tiempo. En primer lugar, porque el embargo prohíbe fabricar en
Cuba, aunque Obama, en lo que su asesor para Seguridad Nacional Ben
Rhodes califica como “retorcer de forma agresiva la legislación” -en
otras palabras, forzarla al máximo-, permite ensamblar en la isla
productos. Y, en segundo lugar, por las dificultades logísticas (en Cuba
las carreteras son muy malas y hay una escasez enorme de medios de
transporte). El resultado es que hasta la fecha, a pesar de todas las
alharacas, sólo una empresa de Estados Unidos ha anunciado que se va a
establecer en Cuba con una fábrica: Cleber, una empresa de tractores de
Alabama, que va a invertir 5 millones de dólares (4,4 millones de euros)
en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, un área designada por el
Gobierno de Raúl Castro para que en ella se establezcan empresas
extranjeras, siguiendo el modelo chino, que ha dado excelentes
resultados en ese país. En esa zona se acaba de instalar, por ejemplo,
la multinacional holandesa Unilever, que construirá una fábrica de
champú y productos de belleza en la que, además, tendrá la mayoría del
capital. Porque en Cuba hace falta de todo. Mercados vetadosAsí que no
hay que esperar que el deshielo entre Washington y La Habana provoque
una catarata de inversiones del gigante del Norte en la isla. Por lo
pronto, una parte de las empresas estadounidenses que quieren entrar en
la isla simplemente planean operar en mercados ya existentes pero que
hasta ahora les habían estado vetados. Eso va a suponer, para las
empresas no estadounidenses más competencia en el mercado cubano. “La
reanudación del correo postal entre Estados Unidos y Cuba va a ser
negativa para empresas de mensajería europeas, como DHL o Seur, que
hasta ahora eran las únicas vías de los estadounidenses para enviar
paquetes a Cuba”, declara José Viñals, del bufete de abogados Lupicinio,
que lleva operando en la isla desde dos décadas.Esa estrategia es lo que
está detrás de la decisión del gigante de los medios de pago online
PayPal, y del líder en transferencias, Western Union, de entrar en Cuba
este año. En juego están unos 2.000 millones de dólares (alrededor de
1.750 millones de euros) que los cubanos que residen en Estados Unidos
envían a sus compatriotas en la isla cada año. Eso podría dejar a esas
empresas alrededor de 147 millones de dólares (unos 130 millones de
euros) en comisiones. Es una cifra insignificante, que de hecho no llega
al 3% de los ingresos de Western Union y, en el caso de PayPal, apenas
se queda en el 1,4%. Estas empresas, al menos, cuentan con una ventaja.
Su presencia física en Cuba sería mínima, con lo que no correrían el
riesgo de que el precio de sus activos se hundiera cuando La Habana
unifique sus dos monedas: el peso convertible y el peso cubano. “Para
nosotros, la existencia de dos monedas en la isla no es un problema,
como tampoco lo es el sistema financiero de Cuba. A fin de cuentas,
operamos en cerca de 200 países que tienen todo tipo de sistemas
cambiarios”, ha declarado a MERCADOS el consejero delegado de PayPal,
Dan Schulman. Para el ex secretario de Comercio con George W. Bush, el
cubano de nacimiento Carlos Rodríguez, las empresas no están preocupadas
por la unificación monetaria porque “todavía falta tiempo para eso”.La
visita de Obama a Cuba supone un giro radical de la política
norteamericana hacia la isla y el reconocimiento de un hecho: cincuenta
años de embargo no han servido para producir un cambio de régimen
político en la perla de las Antillas. El acceso de Raúl Castro al poder
se vio acompañado por una serie de modestas reformas que han introducido
algunos elementos de mercado y de propiedad privada con la finalidad de
estimular el crecimiento, elevar el depauperado nivel de vida de la
población y, de este modo, mantener y legitimar el monopolio del poder
detentado por el Partido Comunista. Esta estrategia sería similar a la
adoptada por China y por Vietnam y las autoridades cubanas parecen
apostar por ella. Sin embargo, el comunismo isleño está más apegado a
los viejos dogmas del soviético de lo que lo estaban hace unas décadas
los chinos y los vietnamitas.Desde 2010, el Gobierno ha permitido el
desarrollo del auto-empleo. Alrededor de 500.000 cubanos poseen
licencias que les permiten trabajar de manera independiente. Al mismo
tiempo, el Ejecutivo ha liberado casi tres millones de acres de tierras
estatales para que sean explotadas por agricultores privados y
cooperativas independientes. En paralelo han emergido miles de bares y
restaurantes que han cambiado la fisonomía de las ciudades y pueblos de
la isla y, por vez primera en cinco décadas, los cubanos pueden comprar
y vender sus casas. Pero sólo un 8,9% de los cubanos es propietario de
su casa. También se han eliminado los requisitos de las visas para salir
de la isla, lo que permite viajar al exterior. Todas estas medidas y
otras han supuesto una considerable transformación respecto a la
situación anterior pero no pueden ocultar las profundas deficiencias
estructurales del sistema.Los cubanos que quieren trabajar al margen del
sector público tienen limitado su campo de elección a 181 categorías
profesionales determinadas por el Estado. Éstas se circunscriben a
empleos de escasa cualificación y de bajo valor añadido y no se permite
el desarrollo de la iniciativa privada en campos como las manufacturas,
la construcción y la mayoría de las actividades comerciales, por citar
tres ejemplos paradigmáticos. Esto es, el tipo de ocupaciones
liberalizadas es inaccesible para los individuos con mayor capital
humano a quienes sólo les cabe optar por trabajar para el Estado o
emigrar. El modelo puesto en marcha por Raúl Castro es hacia una
economía de baja productividad y, por tanto, con escasa capacidad de
elevar de manera significativa los estándares de vida.Falta de
transparenciaEl marco regulatorio es inconsistente y falto de
transparencia, lo que se ha traducido en la creación de una enorme
economía sumergida y en la emergencia de una gigantesca corrupción. El
Gobierno practica un asfixiante control de precios para contener de
manera artificial las tensiones inflacionarias y mantiene un tipo de
cambio dual que es una fuente de prácticas corruptas. El sistema
financiero está en su totalidad en manos estatales y acceso al crédito
para los nuevos emprendedores es inaccesible sin la ayuda de los
burócratas. Por otra parte, el control político de la justicia impide a
ésta jugar papel alguno en la corrección de las desviaciones del
sistema. De momento, Cuba no ha realizado ninguna transformación
significativa que altere su sistema económico ni institucional.En
contraste con lo acaecido en China e incluso en Vietnam que endorsaron
la famosa máxima de Deng Xiaoping “hacerse rico es glorioso”, el ganar
dinero en Cuba se contempla todavía como un crimen execrable y la
prosperidad individual es vista con una indisimulada sospecha. Así lo
han experimentado en sus propias carnes muchos de los nuevos
emprendedores. En la práctica, la élite extractiva compuesta por los
militares, los burócratas y dirigentes del partido controla los sectores
claves de la economía y es la única que tiene acceso a la riqueza
mediante la utilización de los instrumentos puestos a su alcance por el
socialismo de amiguetes. Cuba continúa siendo una economía reprimida por
las ineficiencias sistémicas propias de un régimen comunista. La leve
apertura a la iniciativa privada se ve severamente restringida por la
ausencia de una verdadera voluntad de reforma que asfixia a los
emprendedores en las redes de la burocracia y de una fiscalidad
confiscatoria. Quizá la normalización de las relaciones
económico-comerciales con EEUU y el fin del bloqueo generen la presión
necesaria para una verdadera transición hacia una economía y una
sociedad más libres, pero ésa es una frágil esperanza que, aquí y ahora,
no tiene un fundamento sólido. La dirigencia cubana ha hecho suyo el
viejo lema del príncipe Salina en el Gatopardo: “Cambiar algo para que
todo siga igual”.

Source: ¿Por qué a Wall Street no le entusiasma invertir en Cuba? |
Economía | EL MUNDO –
www.elmundo.es/economia/2016/04/08/56fe970b22601d9b468b456e.html

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