Corrupción – Cuba – Corruption
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Un enigma rodeado de misterio

Un enigma rodeado de misterio
Lo que sigue desatando apuestas es la posibilidad de una sucesión familiar
Alejandro Armengol, Miami | 16/04/2016 9:43 am

La celebración del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), que
se inicia hoy sábado, y lo que es más importante, sus conclusiones, es
un enigma rodeado de misterio. Pocos han sido los indicadores de lo que
podrá suceder y muchos los rumores. La mesa está servida entonces para
la especulación con nombres y figuras, cuando lo esencial será los
posicionamientos de los grupos de poder. Todo ello bajo una premisa
fundamental: el poder real en Cuba está en manos de los militares, que
controlan el PCC a través del Buró Político —algo establecido en la ley
y en la práctica—, así que lo que se va a producirse en la Isla a partir
del sábado es la continuación o el cambio de gobierno.
Nombres y grupos
Para comenzar con los nombres. El primero que surge es el de Fidel
Castro. En Cuba ha corrido el rumor de que podría hacer acto de
presencia en la cita, en la inauguración o clausura. Su presentación
pública reciente en una escuela primaria se ha tomado como un indicador
al respecto. Pero este hecho hay que situarlo dentro de la campaña de
propaganda, especulación e imagen que siempre le ha gustado jugar al
líder de la revolución cubana. Es difícil que su presencia o no cambie
lo que ya está definido.
Luego vienen los sucesores. Más incluso que los posibles cambios
políticos y económicos, las especulaciones en torno al congreso han
girado sobre la posibilidad de que el evento sea el último presidido por
un Castro, a lo que se suma el anuncio hecho por el gobernante cubano de
que dejará la presidencia del país en 2018. Sin embargo, el abandono del
poder civil no implica necesariamente el cese de su función al frente
del Partido, y nadie duda que Raúl Castro será reelegido como primer
secretario.
Al examinar la situación cubana hay que tener en cuenta que las esferas
de poder en la Isla obedecen a tres patrones no siempre coincidentes:
cargos políticos, cargos administrativos y posiciones privilegiadas —por
vínculos familiares, de participación en la lucha que llevó a los Castro
al poder y participación militar— que trascienden la clasificación simple.
En este sentido, el análisis de la cita partidista se centra en dos
factores. Los posibles candidatos a segundo secretario (nombres) y el
balance entre civiles y militares, por una parte, y por la otra entre
tecnócratas e ideólogos, conservadores y burócratas (grupos). Ambos
factores se interrelacionan.
Lo que sigue desatando apuestas es la posibilidad de una sucesión
familiar, un criterio que desde hace años se comenta en el exilio y la
prensa internacional. Dos son los nombres posibles. El coronel Alejandro
Castro Espín, hijo de Raúl Castro, y el general de brigada Luis Alberto
Rodríguez López-Callejas, ex yerno de Raúl.
La entrada de Castro Espín —que ha acompañado a Raúl en todas las
conversaciones con el presidente estadounidense Barack Obama— sería una
forma de oficializar la línea de sucesión, sobre la que se especula pero
no hay una definición clara. Sin embargo, más allá de un afán de buscar
semejanzas remotas con países árabes o asiáticos, poco hay de fundamento
para afirmar que tras el congreso se establezca oficialmente una
sucesión familiar. Menos todavía si se toma en cuenta que Raúl Castro, a
diferencia de su hermano, fundamenta sus decisiones en procedimientos y
no en un voluntarismo ciego.
Casi imposible el salto del coronel Castro Espín al Buró Político,
cuando ni siquiera es miembro del Comité Central (su entrada a este
grupo selecto no deja de ser una posibilidad real).
En el caso del brigadier Rodríguez López-Callejas, que sí es miembro del
Comité Central, la trama política se mezcla con la familiar y es difícil
especular si su separación de la hija de Raúl, y las desavenencias con
su cuñado, pesarán más que sus condiciones ideales de militar y jefe
empresarial de los negocios en manos de las fuerzas armadas.
División de poder
En cuanto a la división de poder entre los diferentes grupos, en primer
lugar está el balance entre militares y civiles dentro del Buró Político.
Además de Raúl Castro, los militares del politburó —aunque en la
actualidad no desempeñen funciones castrenses— son: José Ramón Machado
Ventura, Leopoldo Cintra, Abelardo Colomé Ibarra, Ramón Espinosa, Álvaro
López Miera, Marino Murillo, Ramiro Valdés y Adel Yzquierdo.
Se ha hablado sobre la salida de Machado Ventura, por motivos de salud y
edad, pero no hay nada concluyente. Se puede afirmar que Colomé Ibarra
dejará el grupo, porque ya fue sustituido como miembro del Consejo de
Estado y Ministro del Interior (MININT) por problemas de salud.
Los civiles dentro del politburó son Miguel Díaz-Canel, Esteban Lazo,
Mercedes López Acea, Bruno Rodríguez y Salvador Valdés Mesa.
Díaz-Canel, Rodríguez, Valdés Mesa y Lazo seguramente serán ratificados
en sus cargos. Los dos primeros por su destacada actuación política en
estos últimos tiempos y los dos últimos fundamentalmente por ser de la
raza negra.
Todo ello implicaría la necesidad de reforzar el sector militar para
mantener el balance.
La entrada de Carlos Fernández Gondín, el actual ministro del MININT —no
precisamente un joven, ya que tiene 77 años— es casi segura. Otro
posible candidato es el general de cuerpo de ejército Joaquín Quintas
Solá. Pero de producirse ambos movimientos estaríamos asistiendo a una
nueva consagración del mando en manos de “históricos” y no al tan
esperado relevo generacional.
Este relevo, de producirse, estaría más en manos civiles que militares,
y aquí radica una de las claves que hace más compleja la sucesión de
poder en Cuba: ¿hasta dónde los mandos militares van a permitir una
preponderancia civil en la dirección del Partido, algo que hasta ahora
no ha ocurrido?
No es que el sector militar sea opuesto a las limitadas reformas. Todo
lo contrario, el núcleo gestor económico que en la actualidad se
extiende por el país tuvo su origen en las empresa militares. Pero la
interrogante surge sobre si ese poderío económico cree que ya capaz de
relegar algunas funciones —porque considera que ya no son primordiales
para conservar sus prerrogativas— a un sector político capaz entonces de
ensayar ciertas concesiones de autonomía a la prensa, las labores
administrativas e incluso determinados niveles de discrepancia que no
constituyan una oposición fuerte.
Nada indica una tendencia hacia una disminución de ese poder férreo.
Entre los puntos que se conoce tratará el evento se encuentra “el
enfrentamiento a manifestaciones de subversión y otras tendencias
negativas como la corrupción, las ilegalidades y las indisciplinas
sociales”. El uso de la palabra “subversión” y la categorización del
hecho junto a delitos comunes como la corrupción señala hacia un intento
de recrudecimiento ideológico a partir de la visita del presidente Obama
a la Isla.
Cambios económicos
Al definir el congreso no hay que olvidar que el PCC no es solo la
principal fuerza política del país sino que cuenta con un poder
económico contundente. La reunión será, además de un evento político,
sobre todo un hecho económico, posiblemente el primer paso hacia la
puesta en marcha oficial de un modelo a la cubana que adopte
características del chino o vietnamita.
El PCC ya se ha encargado de especificar que en el evento “se pondrá en
el centro de los análisis el futuro económico de la nación caribeña que
vive en un proceso de actualización”.
En este sentido, no hay duda de que la reunión se define por una
continuación de un proceso ya iniciado, y no habrán grandes sorpresas.
Hace menos de un mes, un editorial de Granma dejó claro de que lo que
corresponde al congreso “es terminar lo iniciado, continuar la ejecución
de la voluntad popular expresada hace cinco años, y seguir avanzando por
el rumbo que trazó el Sexto Congreso”.
Para reforzar ese criterio, a tres días del inicio de la reunión se ha
publicado una normativa estableciendo que las nuevas cooperativas
privadas gastronómicas y de servicio podrán acceder al mercado mayorista
estatal para abastecerse de algunos productos, a partir del 2 de mayo.
La medida indica que en Cuba continuará desarrollándose un sector de
trabajo privado con márgenes crecientes, pero supeditado al sector
estatal no solo bajo premisas políticas, sino encauzado dentro de marcos
económicos.
Si se toma en consideración que el país cuenta con un camino por delante
para avanzar en este sentido —que en muchos casos transitaron países
bajo un gobierno comunista como Hungría e incluso la desaparecida Unión
Soviética—, sin afectar en lo más mínimo las estructuras del poder
central, la espera continúa siendo larga.
Lo que sí resulta posible es un reforzamiento en el Buró Político del
sector tecnócrata identificado con los cambios económicos, y aquí cabe
esperar la entrada en ese cuerpo del ministro de Comercio Exterior y la
Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz. Ello contribuiría a crear
el clima de confianza que se busca para los inversionistas extranjeros.
El segundo secretario
El cargo de segundo secretario constituye la gran incógnita del VII
Congreso. Más que al sí, lo que se puede es apostar al no.
Nada indica que Díaz-Canel alcance ese puesto. Si no lo logra, o si no
es escogido para el mismo una figura relativamente joven, el traspaso de
poder de los Castro continuará siendo una ilusión.
No se trata simplemente de un problema de transferencia de poder debido
a la edad, sino del acuerdo necesario para no colocar, en última
instancia, el mando militar bajo las órdenes de un civil, como por lo
general ocurre en un país democrático como Estados Unidos. Díaz-Canel
—aunque terminó el Servicio Militar Obligatorio con grados de oficial y
participó en una “misión internacionalista“ en Nicaragua— no lo es.
Las opciones serían entonces colocar en el segundo puesto dentro del
Partido a uno de los generales actuales —poco probable desde el punto de
vista de imagen internacional— o al Comandante de la Revolución Ramiro
Valdés o al coronel de la inteligencia Marino Murillo, algo también muy
remoto.
Por lo tanto, es más probable que, pese a los pronósticos, Raúl opte por
mantener a Machado Ventura hasta el siguiente evento. En resumidas
cuentas, tanto él como su hermano se consideran poseedores de la
eternidad del instante, que ya tiene 57 años.

Source: Un enigma rodeado de misterio – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/un-enigma-rodeado-de-misterio-325332

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