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El reflujo de la onda izquierdista

El reflujo de la onda izquierdista
PEDRO CAMPOS | La Habana | 16 Mayo 2016 – 8:31 am.

En todas las épocas los procesos políticos han presentado períodos de
flujos y reflujos o, si se quiere, de auge y depresión. La ola
izquierdista latinoamericana que se animó con la llegada de Hugo Chávez
al poder en Venezuela por vías electorales, viene experimentado ya hace
unos años un periodo de reflujo con los cambios de gobierno en Honduras,
Paraguay, Argentina, ahora Brasil y con la delicada situación en Venezuela.

Sus causas se relacionan básicamente con las propias contradicciones
entre su ascenso por vías democráticas y sus pretensiones y métodos
estadocéntricos, populistas y autoritarios, con viejas raíces en el
nacionalismo caudillista tradicional de la región.

Estos antecedentes y pretensiones enlazan y contaminan esa ola con la
filosofía “socialista estatalista” cubana, cuyas prácticas en parte
asumieron dichos gobiernos; especialmente la excesiva participación del
Estado en el control directo de la economía y la falta de apoyo al
progreso del área propiamente social de la economía correspondiente a
las formas libres de producción (privadas o asociadas), todo lo cual
fortaleció las formas de capitalismo de Estado, con sus consecuentes
cortes a las normas democráticas que les habían dado origen.

Esa deriva autoritaria estatalista adversa a la democracia, está en el
centro del reflujo.

Lo que sobrevive en Cuba se originó en la toma del poder por vía
violenta y fue favorecido por la época de la Guerra Fría y la presencia
del “campo socialista”, que no existen ya. El mundo del siglo XXI es
diferente y todo intento de tomar por vía armada el poder o de reeditar
algún “socialismo” de tipo autoritario, está condenado al fracaso, como
cualquier otra pretensión de transpolar las experiencias cubanas al
continente. Por todo eso las FARC negocian la paz en Colombia.

Si el proceso político-económico-social cubano hubiera derivado a
posiciones del socialismo democrático, como hemos promovido y pretendido
muchos cubanos, asumiendo la democracia y la libertad más plenas y la
multiplicidad de formas de producción con énfasis en el desarrollo del
trabajo libre asociado o privado (autogestión, cogestión,
cooperativismo, mutualismo y demás tipos de asociaciones de capital,
trabajo y consumo, así como el desarrollo del trabajo libre individual
cuentapropista), la situación fuera otra en Cuba, el impacto de las
relaciones con EEUU sería de más fácil absorción, y muy probablemente la
ola izquierdista del continente hubiera evolucionado favorablemente.

Al reflujo de esa ola han contribuido también los propios errores en
materia política y económica cometidos por los gobiernos respectivos,
cuando han desestimado las fuerzas de la oposición y el peso de la
economía nacional e internacional en la evolución de sus situaciones
internas.

Entre esos errores bastante comunes también están la centralización
excesiva de las decisiones, el abuso de los decretos presidenciales, las
afectaciones al sector privado, las políticas monopólicas de control de
divisas y del mercado externo, los excesivos impuestos para favorecer
planes estatales a costa de las clases medias, la desestimación de los
efectos de las políticas inflacionarias, la falta de estímulo a la
inversión productiva, la corrupción de sectores ligados a los grandes
negocios estatales, los gastos enormes en ayuda internacional y otros.

Elemento básico que ha afectado a esa ola ha sido creer que todo se
resuelve con una repartición “más justa del ingreso nacional”, según los
criterios del poder establecido, sin comprender que los mismos provienen
del aumento de la producción y el comercio que generan las fuerzas
productoras que deben estimularse.

Por eso las políticas estadocéntricas y populistas que han caracterizado
esta ola no avanzaron más allá del capitalismo de Estado y de formas
socialdemócratas centralizadas de distribución del presupuesto que, sin
llegar a decretar las grandes nacionalizaciones-estatizaciones de
tierras y empresas nacionales e internacionales que se hicieron en Cuba,
asumieron la restricción de las fuerzas productores que alimentaban
presupuestos y abastecimientos.

Unos menos que otros desarrollaron formas de poder popular comunal, pero
sin bajar lo suficiente a las bases el control de los ingresos y
presupuestos que empoderaran a los ciudadanos y a las comunidades.
Algunos gobiernos fueron más realistas en sus políticas económicas, como
los de Correa en Ecuador y Evo en Bolivia, por lo cual han sobrevivido
al reflujo, a pesar de sus intentos fracasados de eternizar sus líderes
originales en el poder, otra contaminación negativa con el proceso cubano.

Por otro lado, es cuando menos infantil pretender que las fuerzas
nacionales e internacionales adversadas por esa ola populista se
quedaran de brazos cruzados y no aprovecharan sus errores, desviaciones
y contradicciones, para tratar de revertirla. Creer en América Latina
que se puede gobernar autoritariamente, sin consecuencias, es desconocer
su historia.

No obstante estas generalidades, en cada país los gobiernos de esta ola
enfrentan situaciones específicas. La oposición venezolana recuperó el
control del Congreso porque el Gobierno de Maduro ha cometido todos esos
errores arriba señalados y otros y, en particular, porque no ha sabido
neutralizar con el diálogo y adecuadas políticas económicas el
descontento popular, respondiendo con más violencia a las reacciones
violentas de la oposición. Hoy por hoy se aprecia su incapacidad para
lidiar democráticamente con una oposición mayoritaria.

Maduro, con su Gobierno en minoría, debió negociar con la oposición para
evitarse el “telegrafiado” referendo revocatorio, establecido por el
mismo Chávez en la Constitución, en vez de desconocerla y maniobrar con
el poder judicial para obstaculizar sus propuestas. En cambio, optó por
la confrontación desde una posición minoritaria y ya estamos viendo los
resultados.

Por otra parte, la caída drástica de los precios del petróleo derrumbó
las políticas paternalistas e internacionalistas del Gobierno
bolivariano. Durante las “vacas gordas” petroleras se dilapidaron
riquezas y financiaron programas sociales, militares y de política
exterior que difícilmente puedan ahora sostenerse, fondos que hubieran
podido potenciar la economía productiva y su autonomía.

El juicio político, una figura reconocida en la constitución brasileña
que acaba de suspender a Dilma Rousseff de la presidencia, es el
resultado del debilitamiento de su Gobierno, del escándalo de corrupción
relacionado con los ingresos de la estatal Petrobras, la notoria
recesión económica, la división de la coalición gubernamental y su
descendida popularidad al 10%.

Estas circunstancias han sido aprovechadas por las fuerzas políticas y
económicas nacionales e internacionales interesadas en recobrar las
hegemonías perdidas, propio de las luchas políticas del mundo posguerra
fría y de las confrontaciones en sistemas políticos democráticos: quien
se equivoca asume responsabilidades y paga costos políticos. No
obstante, Dilma declaró recientemente a Telesur que EEUU nada tenía que
ver con la crisis interna de su Gobierno.

El reflujo actual de la esa ola izquierdista es, por tanto, consecuencia
primaria de la evolución de sus propias contradicciones y de los
errores cometidos por quienes, en nombre de la revolución, los
trabajadores y el socialismo, pusieron el Estado por ellos controlado en
función de beneficios sectarios y no de los intereses generales de las
mayorías y la sociedad.

En lugar de buscar causas extrapunitivas a sus fracasos, la izquierda
latinoamericana debería analizar sus propios equívocos y
contradicciones; revisar sus enfoques estadocéntricos, autoritarios,
sectarios y populistas y asumir políticas encaminadas a consolidar la
democracia y profundizarla hasta hacerla participativa y directa desde
las bases de la sociedad. Se hace necesario aprender a tener en cuenta
los intereses de todos los ciudadanos y sectores sociales; promover
programas económicos y educativos encaminados a empoderar a las
comunidades, a los trabajadores y emprendedores de base con sus propias
empresas pequeñas y medianas, asociadas o privadas y a aprovechar las
ventajas del mercado, los créditos y las nuevas tecnologías de la
información.

Source: El reflujo de la onda izquierdista | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/internacional/1463344885_22399.html

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