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Fin del populismo procastrista?

¿Fin del populismo procastrista?
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 13 Mayo 2016 – 8:37 am.
Dilma Rousseff.

La separación de Dilma Rousseff de su cargo de presidenta de Brasil es
la peor noticia que le han dado a los hermanos Castro en mucho tiempo y
un fuerte golpe al populismo de izquierda —soporte del castrismo— que
desde principios de este siglo ha dominado el escenario político en
América Latina.

Aunque la ex profesora de marxismo y guerrillera guevarista aún podría
regresar al poder si en el plazo de seis meses en el Senado no se logran
dos tercios de los votos (54) necesarios para destituirla, todo indica
que no volverá al Palacio do Planalto en Brasilia, pues fueron 55 los
senadores que votaron a favor del impeachment el 12 de mayo.

Lo que preocupa ahora es que Rousseff, Lula y los demás dirigentes del
marxista Partido de los Trabajadores (PT) comiencen a organizar grandes
protestas callejeras para torpedear la gestión de Gobierno de Michel
Temer, y presionar al Senado para que dos o tres senadores cambien su
voto y se vuelvan en contra de la destitución definitiva de Rousseff.
Claro, esa probable estrategia podría ser contraproducente y convencer a
los brasileños de que a los petistas solo les interesa el poder y no el
bienestar y el progreso del pueblo.

Dilma Rousseff es protegida por Luiz Inacio Lula da Silva, líder del PT,
por toda la izquierda brasileña y también continental, pero es
investigada por corrupción. Fue suspendida como jefa de Estado por
falsear las cifras del déficit presupuestario con trucos financieros
para dar una imagen edulcorada de su desastroso Gobierno, engañar a los
brasileños y poder ganar —por un pelo— la elecciones presidenciales de 2014.

Fenómeno retrógrado

El populismo (del latín populus, pueblo), de raíz bonapartista y
paternalista, mostró sus costuras latinoamericanas en el siglo XIX, pero
hizo eclosión tras la crisis económica mundial de 1929, cuando se
entronizó precisamente en Brasil, y se extendió por la región hasta los
años 60.

Es un fenómeno político-ideológico-económico retrógrado, estatista y
antiliberal en el que se imbrican un exacerbado nacionalismo con fuertes
rasgos fascistas, socialdemócratas, y comunistas. Se basa en la
intervención del Estado en la economía, regulaciones que alejan la
inversión extranjera, proteccionismo comercial. Genera una gigantesca
burocracia que dispara la corrupción masiva. Trata o logra controlar el
poder judicial y los medios de comunicación, y se caracteriza por un
encendido discurso antinorteamericano. Se apoya en la demagogia y
atractivas promesas al pueblo, gastos gubernamentales excesivos que
provocan inflación, devaluación de la moneda y una gran deuda pública.

Más allá del nacionalismo y el caudillismo heredados de la época
colonial, mezclados con la tradición caudillista indígena y la
influencia antiimperialistade la revolución bolchevique en Rusia, los
aires populistas llegaron a Latinoamérica desde Europa después de que se
instalaran regímenes fascistas en Italia, Alemania, España y Portugal.

Estado novo, peronismo y chavismo

En Brasil, en 1930, Getulio Vargas dio un golpe de Estado e implantó su
autoritario Estado Novo, inspirado en el fascismo de Mussolini y de
Oliveira Salazar en Portugal, e ideas socializantes. Fue dictador hasta
1945, y luego elegido en 1951 (hasta 1954, año en que se suicidó).
Instauró la intervención masiva del Estado en la economía y nacionalizó
las principales industrias brasileñas. Su populismo se enraizó en el
tejido político brasileño, diríase que hasta la fecha, y fue responsable
del relativo estancamiento económico de Brasil durante los siguientes 30
años.

En Argentina sucedió lo mismo. Era una nación floreciente, con mayor
desarrollo industrial, económico, tecnológico y cultural que muchos
países europeos, hasta que a mediados de los años 40 irrumpió en la
escena política Juan Domingo Perón, con su populismo también de
inspiración fascista. Y el país se detuvo. El crecimiento
económico-social cayó a muy bajos índices. El peronismo fue desde
entonces, y sigue siendo el movimiento político que más daño ha causado
a Argentina en su historia.

En otros países hubo gobernantes populistas en esas cuatro décadas: el
general Lázaro Cárdenas en México, Víctor Paz Estenssoro en Bolivia, el
coronel Jacobo Arbenz en Guatemala, José María Velasco Ibarra en
Ecuador, el general Carlos Ibañez del Campo en Chile, el general Juan
Velasco Alvarado en Perú, entre otros.

Posteriormente, como respuesta a los intentos de Fidel Castro de
exportar su revolución comunista por el hemisferio, se establecieron
dictaduras de derecha que dominaron en la región desde fines de los años
60 hasta la década de los 80, cuando se abrió paso un ciclo de
democracia liberal que parecía iba a encaminar al subcontinente hacia la
modernidad.

Pero con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, en 1998, el
subcontinente regresó paulatinamente al populismo, esta vez de izquierda
radical y orientado por los hermanos Castro personalmente: Evo Morales
en Bolivia, Lula da Silva y Rousseff en Brasil, Rafael Correa en
Ecuador, Cristina Kirchner en Argentina, Fernando Lugo en Paraguay, Mel
Zelaya en Honduras, Daniel Ortega en Nicaragua, y el régimen chavista de
Caracas, todos con el apoyo de gobernantes izquierdistas no populistas,
pero sí aliados del “eje bolivariano”, como los de Uruguay, Chile, Perú
y otros.

En buena medida, el populismo explica por qué hoy Latinoamérica sigue
sumida en el atraso social, la pobreza y el subdesarrollo
socioeconómico, y se ha quedado detrás de las naciones asiáticas, por
ejemplo.

Sin embargo, las cosas parecen estar cambiando. A la destitución de
Rousseff se suman la llegada al poder en Argentina de Mauricio Macri y
el fin del kirchnerismo peronista, en Bolivia el pueblo dijo no a los
intentos de Evo Morales de reelegirse en 2019, en Venezuela la oposición
liberal derrotó electoralmente al chavismo y tomó el control de la
Asamblea Nacional, y en Perú el próximo gobierno ya no será izquierdista
(no lo son los dos candidatos que se medirán en las urnas el 5 de junio).

Un mazazo al castrismo

La caída de Rousseff impacta muy negativamente al resto de los gobiernos
populistas porque se trata del mayor y más influyente país
latinoamericano, que ahora los dejará de apadrinar y de apoyar
políticamente en foros internacionales.

Para la dictadura militar cubana es un mazazo, pues el gobierno del PT
ha estado subsidiando a los Castro. En Brasil hay casi 12.000 médicos
cubanos que perciben un salario oficial de unos 4.200 dólares mensuales,
pero el gobierno del PT ha facilitado, con gran placer solidario, que La
Habana le confisque a cada médico unos $3.000 mensuales de ese salario,
lo que significa un subsidio de $408 millones anuales a la peor tiranía
habida nunca en las Américas.

Igualmente, el Gobierno brasileño le regaló a los Castro y su claque
militar cientos de millones de dólares en la construcción e instalación
del puerto del Mariel. Resulta que según los funcionarios de Brasilia y
los ejecutivos corruptos de la constructora Odebrecht, la obra costó
casi $1.000 millones, pero expertos brasileños y una investigación de
DIARIO DE CUBA afirman que el costo real no puede haber pasado de $600
millones. O sea, el Gobierno del PT, Odebrecht y el régimen cubano al
parecer inflaron los costos para quedarse con la diferencia.

Pero más allá del dinero, el giro de timón en el gigante sudamericano,
sumado a los demás factores mencionados, debilita sustancialmente el
soporte político de la izquierda radical latinoamericana al castrismo y
el chavismo.

Siendo optimistas podría pensarse que quizás el desmoronamiento del
populismo, ya efectivo al menos parcialmente, contribuya a presionar a
la gerontocracia de La Habana para que afloje la mano que asfixia a los
cubanos. ¿Lo hará?

Source: ¿Fin del populismo procastrista? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/internacional/1463125051_22352.html

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