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Fracaso y frustración en la izquierda de hoy

Fracaso y frustración en la izquierda de hoy
FABIO RAFAEL FIALLO | Ginebra | 24 Mayo 2016 – 8:57 am.

En cada una de sus tres vertientes —reformista como en Francia,
populista como en Grecia, España y Venezuela, y dictatorial como en La
Habana— la izquierda está viendo retroceder y perder su brillo y
credibilidad ante las embestidas de la realidad. En la generalidad de
los casos, cuando le ha sido dado gobernar, ya sea por la fuerza o por
el veredicto de las urnas, la izquierda ha terminado incumpliendo sus
promesas, deponiendo sus estandartes, traicionando sus ideales y
defraudando a quienes inicialmente le brindaron apoyo y adhesión.

Comencemos por la variante reformista o socialdemócrata, la cual
enfrenta una situación harto difícil en Francia bajo el liderazgo del
presidente François Hollande.

Elegido en 2012 después de haberse ofertado como el enemigo del capital
financiero, Hollande se dio cuenta, a la mitad de su mandato, de que,
para luchar contra el marasmo económico, tenía que cambiar de rumbo e
introducir reformas calificadas de social liberales (incentivos fiscales
al empresariado y flexibilización del código laboral con el fin de
estimular la contratación de personal y la inversión privada) que hasta
entonces él y su partido habían tachado de reaccionario.

Ese viraje desencadenó una oposición tal en los movimientos de
izquierda, que el presidente francés se vio obligado a suavizar su
reforma del código de trabajo hasta el punto de convertirla en una
iniciativa intranscendente que, por inocua que sea, no ha logrado
contentar a las organizaciones de izquierda ni al ala radical de su
propio partido.

Un reajuste social liberal fue realizado en Alemania en los años 2000
por el excanciller socialdemócrata Gerhard Schroeder con su “Agenda
2010″. A diferencia de lo ocurrido en Francia, Schroeder no dio marcha
atrás. Sus reformas produjeron los resultados esperados y contribuyeron
a restaurar la vitalidad económica y la competitividad internacional de
ese país.

No obstante, como las reformas eran contrarias a las expectativas de la
base electoral de su partido, el SPD, las mismas provocaron una erosión
en el peso electoral de la socialdemocracia en Alemania, el cual ha
pasado de 40,9% en 1998 a 19,5% en la actualidad.

El deterioro de la popularidad de la socialdemocracia ha abierto las
puertas a la expansión de movimientos de izquierda populista en Europa,
en particular Syriza en Grecia y Podemos en España. Pero tampoco allí
esta ausente la decepción, como lo muestra el caso de Syriza y su líder
Alexis Tsipras.

Después de haber ganado las elecciones con la promesa de no aplicar las
reformas (reducción del gasto público, reforma laboral y
privatizaciones) exigidas por los acreedores institucionales de Grecia
(Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario
Internacional) a cambio de mantener su ayuda financiera, y después de
haber organizado un referéndum en torno a dichas reformas, en el que los
griegos votaron mayoritariamente en contra de las mismas, Tsipras
comprende que el costo de romper con los acreedores sería económicamente
devastador y políticamente explosivo. Da entonces marcha atrás, acepta
las exigencias de los acreedores y adopta un paquete de medidas incluso
más severas que las rechazadas en el referéndum en cuestión.

La palma de oro de la decepción se la lleva hoy en día la izquierda
populista latinoamericana, encarnada inicialmente por Hugo Chávez, Luis
Inácio Lula da Silva y los esposos Kirchner.

Esa izquierda, que había jurado acabar con la corrupción y respetar los
derechos humanos, se encuentra hoy enmarañada en escándalos
político-financieros y en atropellos contra la oposición y la prensa
independiente cuya magnitud y ramificaciones no tienen nada que envidiar
a los que esa misma izquierda denunciaba antes de asumir el poder.

Los países latinoamericanos gobernados por la izquierda populista
muestran por añadidura un saldo desalentador en materia de desempeño
económico. Crecieron gracias al boom de materias primas, pero el fin del
mismo puso al descubierto los límites y deficiencias de la tendencia,
reinante en esos países, a acosar hasta asfixiar la iniciativa privada y
las fuerzas del mercado.

El pobre desempeño económico de la izquierda populista latinoamericana
contrasta con el logrado por países del subcontinente que han fomentado
la libre empresa y promovido la apertura de sus economías a la
competición internacional. Tal es el caso, en particular, de Colombia,
Chile y Perú.

La mejor demostración de lo desastroso que ha sido el modelo de la
izquierda populista es Venezuela, país que, a pesar de haberse
beneficiado de los precios de petróleo más altos de la historia, tiene
hoy un índice de pobreza superior al encontrado por Hugo Chávez al
asumir el poder. No menos grave: la inflación, la más elevada del mundo,
se encamina hacia una tasa anual de 700%; las colas para conseguir
artículos de primera necesidad alcanzan magnitudes exorbitantes; y son
cada vez más frecuentes los saqueos de tiendas y camiones transportando
ese tipo de mercancías.

El colapso del discurso de izquierda se hace igualmente palpable en el
último reducto del socialismo soviético, la Cuba castrista.

El fiasco del castrismo no es nada nuevo. Incapaz de hacer funcionar
adecuadamente la maquinaria de la economía, el régimen cubano no ha
podido mantenerse en pie sino con la ayuda de un benefactor externo:
primero la Unión Soviética, la Venezuela chavista después.

Y ahora, ante el inevitable colapso de la ayuda venezolana, la
gerontocracia castrista se bate en retaguardia por su supervivencia y
decide dejar un poco de espacio a los cuentapropistas y aceptar un
acercamiento diplomático y comercial con el “Imperio” a pesar de no
haber obtenido —como antes exigía— el levantamiento previo del embargo.

En realidad, las izquierdas han acumulado un largo historial de
fracasos. Basta evocar el desmoronamiento del bloque soviético, los
estragos de la “Revolución Cultural” de Mao Tse Tung y las víctimas de
las tiranías tercermundistas de Mugabe, Gadafi y Saddam Hussein. En
cuanto a la socialdemocracia, los reveses del laborismo británico, del
Pasok en Grecia y del PSOE en España muestran las dificultades que
encara esa izquierda al tratar de conciliar sus promesas con los
imperativos de la economía.

Por supuesto, los tres tipos de izquierda no son iguales. En materia de
respeto de las libertades públicas y de apego a la democracia, la
socialdemocracia se sitúa honrosamente en las antípodas de los métodos
dictatoriales del castrismo.

Por otra parte, muchas han sido las conquistas sociales —reducción de
horas de trabajo, vacaciones pagads y seguridad social— propiciadas por
la izquierda reformista (conquistas a veces torpedeadas —como lo muestra
el ensayista e historiador francés Jean-François Revel en su libro La
Grande Parade—por la izquierda comunista, que veía en esos avances una
forma de “aburguesar” al proletariado y perpetuar el capitalismo).

Conviene añadir que tampoco la derecha puede ufanarse de haber alcanzado
resultados satisfactorios en todo tiempo y lugar. Numerosas y
despiadadas han sido las dictaduras de ese bando que han creado
desolación, luto y decepción. Como numerosos han sido los fracasos
económicos y los casos de corrupción provocados por gobiernos de derecha.

Pero ello no implica que la izquierda —que se presentaba como la
solución a la corrupción, el atraso económico y las desigualdades
sociales— haya conseguido un desempeño mejor. Y en los casos en que ha
obtenido resultados económicos satisfactorios, lo ha logrado en gran
medida por haber preservado la ortodoxia macroeconómica neoliberal que
encontraron al asumir el poder (como ocurrió en Chile con Michelle
Bachelet o en Brasil durante el primer mandato de Lula) o por haber
instaurado dicha ortodoxia neoliberal (como lo hizo el ministro de
Economía de Evo Morales, Luis Alberto Arce, quien en 2014 llegó a
ganarse los elogios de The Wall Street Journal.

Para la izquierda, es un imperativo insoslayable dar muestra de humildad
intelectual, dejar de creer que posee las llaves de la sociedad del
futuro y cuestionar seriamente su fe cuasi religiosa en la superioridad
del Estado sobre la libre empresa, las fuerzas del mercado y la libertad
de expresión.

Source: Fracaso y frustración en la izquierda de hoy | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/internacional/1464009385_22562.html

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