Corrupción – Cuba – Corruption
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Impermeables

Impermeables
Según el autor de este artículo, la oposición cubana vive bajo el efecto
placebo
Ferrán Núñez, París | 17/05/2016 8:41 am

El problema mayor de los opositores cubanos y, en general de muchos de
los comentaristas del tema insular, es la poca aptitud que poseen para
interpretar correctamente la realidad. Basta para ello echar mano a la
hemeroteca del Diario de la Marina entre 1959 y 1960 para darse cuenta.
Desde su puesto de combate ideológico, los Rivero defendieron la
libertad, la verdadera, frente aquellos que se empeñaban en disfrazarla
y desvirtuarla; los mismos que acudieron en tromba y guaguancó para
enterrar el Diario cuando ya todos los habían dejado solos.
No fueron los únicos pero el comunismo estaba instalado en Cuba. Había
echado sus raíces en una republiqueta construida sobre castillos de aire
y venida a menos. Antes de que se desarticulara la sociedad civil, para
terminar con el castrismo hubiera bastado que alguno de los que tenían
voz, levantaran la suya. Nadie lo hizo.
Razones hay muchas, pero la principal, es de que carecían de los
instrumentos analíticos adecuados. Lo mismo sucede ahora. En aquella
época, la sociedad debatía problemas consensuados que parecían
insolubles sin la ruptura con Estados Unidos: la justicia social y la
independencia política. Para alcanzar ambas, todas las fuerzas
“progresistas” vieron en el castrismo un mal menor y a él se entregaron
en cuerpo y alma. Los que no lo hicieron por convicciones personales,
prefirieron marcharse, pensando que el ideal del bien común justificaba
los excesos de la telúrica sacudida.
Aunque nadie parece darse cuenta, hoy la disyuntiva es la misma:
capitalismo contra socialismo.
Ninguno de los actuales opositores sostiene un discurso de ruptura en
ese sentido; por esa razón gastan sus energías en iniciativas
desconectadas de la realidad. Esta semana, durante la promoción de su
nuevo programa político Todos cabemos, Manuel Cuesta Morúa aseguraba a
los oyentes incrédulos de Radio Martí, que presentaría candidatos para
las elecciones de 2018, dadas ya por ganadas en nombre de unos
“evidentes” “cambios” que no precisó. Ya la semana pasada, José Daniel
Ferrer había hecho unas declaraciones similares, considerando el
surgimiento de una nueva “coyuntura” tanto interna como externa que lo
llenaba de ilusiones cara al futuro. Otros opositores menos implicados
con “la calle”, como Yoani Sánchez, se empeñan en afirmar por ahí que el
castrismo va desapareciendo de Cuba, como si no bastara comprobar
abriendo la prensa oficial, que Fidel Castro está presente de mil
maneras en los medios y en la política nacional.
Todos los opositores cubanos parecen aplicar al pie de la letra el
conocido mantra del Dr. Coué“Día tras día, en todos los aspectos, me va
mejor y mejor”, auto persuadiéndose, como lo ha hecho la administración
norteamericana, con el argumento de que “el embargo ha fracasado”, para
explicar una política que trata de evitar un problema doméstico en el
caso de un brusco colapso del castrismo.
Si bien no pueden negarse los cambios externos en el discurso de la
potencia tutelar, nadie en su sano juicio puede ver claramente en qué,
ni cómo se manifiestan internamente. El recién finalizado Congreso del
Partido ha arremetido contra la riqueza y su acumulación, al mismo
tiempo que aseguraba públicamente que los autónomos eran sus enemigos de
clase. Esta misma semana se cerraba el mercado mayorista del Trigal por
“violaciones, malos manejos y corrupción”. Dada la errática política
económica del castrismo, no hace falta ser adivino para anticipar la
desaparición de los cuentapropistas, una vez que el régimen consiga el
acceso a los mercados y el crédito internacionales. Por el momento, la
confianza en el mercado y sus actores se puso de manifiesto con las
Resoluciones 157-C y 162 del 2016, del Ministerio de Finanzas y Precios,
que regula precios a los productos del agro y el aumento de la presión
fiscal.
El futuro de Cuba está en capitalismo, en la apertura irrestricta al
mercado, pero sobre todo en la desaparición de esas faltas creencias que
le dieron origen a la debacle, y que casi 60 años después, todavía
siguen vivas como el primer día, no sólo en Cuba. Ya va siendo hora de
que alguien con aspiraciones políticas allí dentro alce la voz para
decirlo… a ver qué pasa.

Source: Impermeables – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/impermeables-325565

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