Corrupción – Cuba – Corruption
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Quédense con la Base!

¡Quédense con la Base!
Pero devuelvan el resto de la Isla, que han ocupado ilegalmente por más
de 57 años
viernes, mayo 13, 2016 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- Un año y medio después del reinicio de las relaciones
diplomáticas entre EE. UU. y Cuba, el tema de la Base Naval de
Guantánamo continúa siendo una de las muchas piedras en el zapato que
obstaculizan la andadura de las conversaciones entre ambos gobiernos.
Conversaciones que, ciertamente, se mantienen bajo un fuerte secretismo,
como si el destino de la pequeña isla caribeña, históricamente tan
dependiente de sus alianzas y conflictos externos, dependiera solo de
los intereses financieros de la cúpula militar que detenta el poder
desde hace casi seis décadas, y no de los once millones de cubanos
rehenes de ese poder.

Situada en el extremo oriental de la Isla, Guantánamo es una de las
provincias más pobres y atrasadas económica y socialmente, así como una
de las menos pobladas. Su rasgo más relevante es la existencia de una
base naval estadounidense enclavada en los márgenes de la Bahía de ese
mismo nombre, que le confiere una particular importancia como pieza de
cambio a los efectos de la política exterior del gobierno cubano,
especialmente en sus relaciones con EE. UU.

A costa de la Base Naval de Guantánamo —uno de los temas más recurrentes
del discurso oficial cubano—, históricamente la castrocracia se ha
desgarrado las vestiduras y mesado los cabellos en todos los foros
internacionales denunciando la afrenta que constituye dicho enclave para
la ‘soberanía nacional’, pese a que la mayoría de los cubanos es
absolutamente indiferente a la existencia o no de este controversial
enclave, el cual —por cierto— antes de la llegada al poder por Fidel
Castro era una de las más codiciadas fuentes de empleo para los
pobladores de Caimanera, municipio en el que se sitúa la base.

De hecho, la actual pertinencia o no del Tratado cubano-estadounidense
de 1903, que estableció más de un siglo atrás el arriendo perpetuo por
parte del gobierno de EE. UU. sobre ese territorio —dando legitimidad a
la Estación Naval que había establecido el ejército de ocupación en
1898, al terminar la Guerra hispano-estadounidense— constituye un asunto
baladí en comparación con el cúmulo de dificultades existenciales que
atraviesa hoy la población cubana en su conjunto, así como de cara a
urgencias tales como la profunda crisis económica cubana, la corrupción
generalizada, la emigración creciente e indetenible, el deterioro de los
valores éticos y morales, los problemas alimentarios, la insuficiencia y
precariedad del fondo habitacional, la doble moneda y la ausencia de
libertades, por solo mencionar las más acuciantes. ¿Qué les pueden
importar a los cubanos comunes los rejuegos tardo-nacionalistas del
mismo poder que ha llevado la nación a la ruina?

Pretender que la Base Naval de Guantánamo sea una prioridad en la agenda
de los cubanos o que éste sea “un tema muy sensible” para nosotros es
tan absurdo e insostenible como asegurar que la Ley de Ajuste es el
motivo fundamental del éxodo que continúa vaciando la Isla.

Pero la indiferencia general sobre este tema es de larga data. La
historiografía cubana escasea en ejemplos del supuesto rechazo nacional
a la Base de referencia. Salvo la inconformidad manifiesta de Juan
Gualberto Gómez y Salvador Cisneros Betancourt al inicio de la
República, frontalmente opuestos a la Enmienda Platt cuyo artículo VII
impuso el Tratado de Arrendamiento de Bases Navales y Carboneras, no se
conoce de movimientos, protestas populares o plataformas políticas que
durante la etapa republicana hayan incorporado como demanda de los
cubanos la devolución de la Base Naval de Guantánamo.

Esta verdadera afrenta a la soberanía nacional, la Enmienda Platt,
contra la que sí hubo un rechazo permanente por parte de numerosos
representantes de la sociedad civil cubana, incluyendo políticos,
intelectuales y otras voces de diversos sectores sociales, fue derogada
en 1934. Sin embargo, el Tratado cubano-estadounidense de 1903 quedó en
pie sin que nadie —entonces o después— haya otorgado a la Base Naval
estadounidense en tierra cubana el relieve que le pretende imprimir el
castrismo.

Ni siquiera la Asamblea Constituyente, que debatió la que hasta hoy
sigue siendo la más completa y democrática Constitución de Cuba, la de
1940, abordó el tema de la base naval estadounidense en territorio
cubano, a pesar de que entre los delegados de las sesiones de debates
—divulgadas simultáneamente por la radio para todos los cubanos— se
encontraban intelectuales de gran valía y hasta representantes del
partido comunista. ¿Acaso debemos pensar que no existía espíritu
soberano entre aquellos gestores de la Carta Magna republicana?

Por todo esto la manipulación mediática por parte del monopolio de
prensa gubernamental sobre el tema “Guantánamo” resulta muy
cuestionable. En particular cuando lanza a sus gerifaltes de la tinta a
llenar las páginas de los libelos oficiales con verdades a medias o
mentiras completas, distorsionando la Historia y cuestionando como
perversa la capacidad del Poder Legislativo estadounidense de limitar
los poderes del Ejecutivo para la devolución de la Base.

Con la usual ambigüedad que utiliza el castrismo para calificar como
‘buenas’ o ‘malas’ las leyes estadounidenses, según su conveniencia,
ahora apela a ellas para ‘demostrar’ que el Presidente Barack Obama
tiene las prerrogativas que le permitirían la devolución de la Base
Naval de Guantánamo al gobierno cubano, pero carece de la voluntad
política de ejercerlas:

“En la historia político jurídica estadounidense existe un precedente
legal que apoya las prerrogativas presidenciales en materia de tratados
firmados por el Ejecutivo”. (Granma, miércoles 11 de mayo de 2016). Y
hace referencia a la facultad constitucional, reconocida por la Corte de
Apelaciones del Distrito de Columbia durante el mandato del Presidente
Jimmy Carter y que permitió a éste poner fin al Tratado de Defensa
Mutua firmado en 1934 con la República China.

Tratado éste que —según añade más adelante el artículo— “al igual que el
firmado entre EE. UU. y la naciente república neocolonial cubana en
1902, no contenía condicionamientos o cláusulas otorgándole al Congreso
papel alguno para ponerles fin”.

Todo vale cuando se trata de los intereses de los octogenarios de verde
olivo, incluso las muy vilipendiadas leyes estadounidenses. Porque la
devolución del territorio de la Base Naval y el levantamiento del
Embargo –tal como antaño lo fueron las “marchas combatientes” frente a
la embajada de Perú y en el puerto de Mariel, la “Batalla por Elián”, la
pantomima de apoyo al Socialismo Eterno y otras comparsas ideológicas–
son las distracciones de ocasión que utiliza el gobierno cubano en
tiempos de crisis a fin de desviar la atención de la opinión pública
internacional sobre los verdaderos problemas que desbordan la realidad
cubana actual.

De otra manera no se explica tanta alharaca alrededor de un mísero
pedazo de terreno infértil y seco, apenas 117,6 Km² en un país donde las
tierras más feraces (y paradójicamente más improductivas) están en manos
del Estado. Salvo que el Gobierno tenga intenciones ocultas tras el
discurso patriotero.

Entretanto, y por las dudas, es mejor recordar que no hace tanto tiempo
las bases militares y de espionaje soviéticas que agitaban las presiones
entre EE UU y la URSS en plena Guerra Fría, poniendo además en peligro
la seguridad de Cuba, no parecían ofender tanto los celos de soberanía
nacional de los Castro.

A juzgar por las alianzas históricamente preferidas por el castrismo,
más nos vale que la Base Naval se quede en las mismas manos, hasta que
su devolución no constituya un peligro, no tanto para la seguridad de EE
UU como para la tranquilidad nuestra. Aunque, fantaseando un poco en
broma, un poco en serio sobre este asunto, quizás lo ideal sería poder
negociar con los Castro y su casta la devolución del territorio que
tanto anhelan a cambio de que nos devuelvan a los cubanos el resto de la
Isla, que han estado ocupando ilegalmente durante más de 57 años. Sería
un arreglo perfecto para todos. Si tal milagro fuese posible, ¡que
recuperen enhorabuena el territorio de la puñetera Base… y que les
aproveche!

Source: ¡Quédense con la Base! | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/quedense-con-la-base/

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