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Se aplaza la construcción del socialismo

Se aplaza la construcción del socialismo
Un plan para 2030, más que una promesa de prosperidad pareciera un nuevo
tope en el calendario apocalíptico
Martes, mayo 31, 2016 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- Si el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba,
celebrado en 2011, solo arrojó como algo patente un panfleto impreso
conocido como “Lineamientos”, el VII, recién clausurado, no podía ser
menos que el anterior y, por no contar con algún logro de beneficio
público que ofrecer ni buenas nuevas que anunciar, ha parido otros dos
volúmenes de palabras, derivados de aquel otro guion teatral aun sin
definitiva puesta en escena.

El primero, nombrado “Conceptualización del modelo económico y social
cubano de desarrollo socialista”, es un prontuario inconcluso que viene
a sustituir a aquella Plataforma Programática que contenía la fórmula
mágica para el diseño y producción en serie del Hombre Nuevo; el
segundo, titulado Plan nacional de desarrollo económico y social hasta
2030: propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos”,
es el re-ensayo de la planificación socialista concebida bajo la
conveniente (más que testaruda) fe en aquello de “a la tercera va la
vencida”.

Ninguno de los dos textos ofrece al ciudadano cubano soluciones
concretas más allá de un intangible “aparato teórico” referido a una
sociedad cubana de un futuro “a largo plazo” sobre el que no existen
garantías de concreción real. Es decir, pura ciencia ficción.

Reparemos en que el propio documento especifica que, aunque ha sido
“elaborado en tiempo presente (…), se refiere a la sociedad futura”.
Pero, además, no atañe al primero “exponer cómo se actualizará el
Modelo”, pero sí al segundo, de cuya lectura en modo alguno se infieren
esas “acciones y medidas concretas” para alcanzar los objetivos del año
2030, sino un compendio de directivas con dos únicas funciones: reiterar
el carácter absoluto, rector y eterno del Partido Comunista y simular
una apertura política al emplear y reiterar términos como democracia,
participación, propiedad privada, respeto a la diversidad, libertades
plenas, cada uno acompañado de apostillas que niegan o reinterpretan.

Por ejemplo, si en el punto 95 de la Conceptualización (según el texto
publicado en el tabloide oficial) el nuevo modelo admite la coexistencia
de la llamada “propiedad socialista” o estatal con otras formas de
propiedad, los siguientes párrafos servirán para despojar a la
iniciativa privada de las ventajas que favorecerán a la empresa estatal:
“la existencia de las formas no estatales está condicionada por los
objetivos del desarrollo socialista” y no se permitirá “la concentración
de la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurídicas”, lo
cual, en su momento, será un verdadero cubo de agua fría sobre quienes
hoy, desde el exterior e incluso dentro de Cuba, piensan la economía
cubana como un territorio de inversiones similar al ruso, al chino o al
vietnamita.

Aquí se trata de otra cosa cuyo propósito es incrementar capital solo
para mantener un status quo.

Tengamos en cuenta que el panfleto se regodea en la cantinela de que los
cambios solo cumplen un objetivo: la construcción del socialismo,
siempre acompañada por costosísimos planes de Seguridad Nacional y
Defensa dirigidos a proyectar y mantener una imagen de gran estabilidad
social, al tiempo que condiciona las relaciones de los empresarios y los
ciudadanos, extranjeros o del patio, con el sistema político de la isla.

Otro ejemplo: la Conceptualización promete un celoso cuidado del medio
ambiente, sin embargo, el Plan para el 2030, ignorando las permanentes
alertas de sequía para Cuba y los informes sobre el impacto ambiental
negativo de estas instalaciones en otros contextos, prioriza la
construcción de decenas de campos de golf asociados a inmobiliarias.

Entre ambos documentos, la Conceptualización y el Plan nacional para el
2030, se crea un doble discurso que pudiera ser útil de acuerdo con las
circunstancias. Un campo de golf puede ser beneficioso para la economía
pero, a la vez, perjudicial para el medio ambiente. ¿Cuál de los dos
panfletos seguir? ¿El que vela por el medio ambiente o el que respalda
los campos de golf? ¿Todo dependerá de la relación de conflicto o de
integración del empresario o el ciudadano con el sistema político, de su
afinidad con él?

Más que a una teorización, estamos asistiendo a un rejuego teórico con
vistas a la consolidación de un estado totalitario donde las riquezas
solo pueden ser concentradas y administradas por el poder, y donde
cualquier “concesión capitalista” que se haga en esta “etapa actual”
será susceptible de ser revocada si el contexto mundial favorece o
perjudica, o si determinado inversionista, empresario o ciudadano no
comulga con los principios de la Conceptualización.

En la conceptualización la iniciativa privada no gozará de las ventajas
de la empresa estatal (foto del autor)

Los documentos, como expresan claramente, pretenden erigirse como legado
de la llamada “generación histórica” y como marco de actuación para, de
una vez y por todas, convertir a Cuba en una nación fértil pero,
contradictoriamente, sin renunciar a la misma realidad política que, en
los últimos cinco años, ha impedido la implementación de más del 80 por
ciento de los “Lineamientos económicos”; y que, en los últimos 60, aún
no ha logrado colocar la primera piedra del llamado socialismo “próspero
y sostenible”.

Cinco años es el tiempo que han tardado los ideólogos de la revolución
cubana en generar ocho borradores de una Conceptualización que cuenta
con solo 12 páginas en formato tabloide y con tipografía de 12 puntos.
El Plan de la nación para el 2030 es aún mucho más breve.

Trescientos treinta párrafos, la mayor parte redundantes y
contradictorios, que pretenden dar la sensación de que se trabaja en
serio en la búsqueda de una solución al problema cubano que, a todas
luces, es una verdadera película de catastrofismo político y económico
con ese contenido de lenguaje de adultos, violencia y sexo que se supone
no integren la fórmula socialista.

Cinco años han servido al gobierno para intentar conceptualizar el
futuro de los cubanos. Sin embargo, ese tiempo no ha sido suficiente
para que los “cerebros de la nación” diseñen estrategias para el aquí y
ahora que minimicen los impactos de la corrupción, el burocratismo, el
oportunismo, el inmovilismo social y otro centenar de fenómenos que
tanto daño han hecho al país pero que, a la vez, han generado las
riquezas de unos pocos privilegiados que harán cualquier cosa por
perpetuar ese modelo político fallido que los conservará en el poder o
bajo su sombra.

Los últimos panfletos emanados del Partido Comunista (único legalmente
permitido en Cuba) no surgieron de una consulta pública, abierta, a los
ciudadanos para conocer cómo pensamos la nación en el futuro o si
deseamos postergar la realización de nuestros planes individuales para
fomentar los de un partido político al que no pertenecemos la mayor
parte de los cubanos. Es más, nuevamente se ha ignorado la realidad de
conceptos esenciales como cubano y cubanía que, debido a las diásporas,
los exilios, las proscripciones y los mismos planes de realización
personal, trascienden el territorio de la isla y las conceptualizaciones
generadas desde el poder.

Las nuevas teorizaciones, que modificarán la Constitución en un próximo
referendo ya anunciado, restringen aún más las posibilidades de un
cambio social emanado del pueblo y por ello no admiten ninguna forma de
veto, anulación o crítica desfavorable, a pesar de que se ha anunciado
una consulta con las demás “organizaciones políticas y de masas” que
terminará siendo uno más de esos actos aprobatorios, al estilo de otras
jugadas para simular consenso y unidad.

Conceptualización es una palabra que infunde más miedo que esperanzas.
2030 es una fecha demasiado lejana para quienes esperan que sea hoy, y
no mañana, el regreso de los familiares dispersos por el mundo, el fin
de las carestías, el aumento de los salarios, las plenas libertades de
creación y de expresión, la igualdad de derechos y la consumación de los
planes personales sin tener que trocar sexo por dinero ni abrazar una
ideología que nos resulta ajena.

Un plan para 2030, más que una promesa de prosperidad pareciera un nuevo
tope en el calendario apocalíptico. Una estrategia de resguardo,
secreta, similar a la del filme “2012” donde solo se salvan elegidos y
astutos, mientras los comunes quedan en total desamparo.

Source: Se aplaza la construcción del socialismo | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/cuba-posterga-la-construccion-del-socialismo/

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