Corrupción – Cuba – Corruption
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El imperio de la corrupción

El imperio de la corrupción
Menos de dos meses después de haberse adoptado en Cuba las rebajas de
precios, las corruptelas, en vez de desaparecer, continúan
Viernes, junio 17, 2016 | Roberto Jesús Quiñones Haces

LA HABANA, Cuba.- Uno de los puntos identificativos de los servicios
comerciales cubanos radica en los engaños que los vendedores imponen con
varios subterfugios al consumidor, un mal que se ha extendido por la
corrupción imperante en Cuba, favorecida por la inercia de los
dirigentes y la vista gorda de los inspectores.

Si no existe un control permanente, si los inspectores no son personas
probadamente insobornables y están ausentes de aquellos lugares que, por
las características de su labor tienen un fuerte impacto en la
ciudadanía, no creo que el mal se erradique.

Menos de dos meses después de haberse adoptado las rebajas de precios a
los productos agrícolas y a otros que venden las tiendas recaudadoras de
divisas, las corruptelas, en vez de desaparecer, continúan.

Los pillos de Mercurio y los productos del agro

El pasado 3 de mayo se pusieron en vigor las resoluciones 157 y 162 del
Ministerio de Finanzas y Precios (MFP), que delimitaron los precios
máximos de los productos agrícolas de primera calidad con destino a la
población y dispusieron una rebaja de un 20% para los productos de
segunda y de un 40% para los de tercera.

Estos precios están indicados para todos los mercados agropecuarios,
excepto los de oferta y demanda, pero cuando el cliente va a comprar no
hay información para diferenciar cuáles son los productos de una u otra
calidad. Tampoco en la tablilla se reflejan diferentes precios para un
mismo producto, algo que favorece el engaño al consumidor pues éste
puede comprar a un precio de primera productos de inferior calidad.

Otra corruptela es presentar un precio en la tablilla y cuando el
cliente va a pagar el vendedor le dice: “Le falta tanto porque el precio
de la tablilla no es el real”. Ante esta situación el cliente tiene tres
opciones: paga lo que le exige el vendedor, lo denuncia o se marcha del
lugar sin comprar. La primera casi siempre es acogida por quienes tienen
mayores recursos y prefieren pagar antes que perder dos o tres horas en
una cola para comprar el mismo producto a un precio uno o dos pesos
inferior. La segunda es cada vez menos ejercitada pues tenemos tantos
problemas que no siempre estamos dispuestos a buscarnos otro, mucho
menos cuando si alguien denuncia a ese vendedor lo más seguro es que se
busque un enemigo que casi siempre es recolocado en otra tarima. En caso
de que sea reemplazado otro vendrá a suplantarlo para hacer lo mismo. El
mal está en estos hombres pero también es sistémico.

En las tiendas recaudadoras de divisas

Las recientes rebajas de precios de algunos productos que se venden en
las tiendas recaudadoras de divisas tienen el objetivo -según las
autoridades- de fortalecer el valor del peso cubano (CUP).

Algunos de los productos incluidos en estas rebajas de precios tienen
una alta demanda debido a que la menguada canasta básica es insuficiente
para garantizar una alimentación adecuada, sobre todo para los ancianos,
adolescentes y niños, todavía privados del famoso vasito de leche del
que habló Raúl Castro hace diez años. Desde mediados de cada mes los
cubanos tenemos que acudir a los mercados alternativos para
alimentarnos, con la agravante de que en ellos el precio sobrepasa con
creces el de los alimentos vendidos por la canasta básica.

En la Mesa Redonda del pasado martes 14 de junio el vice ministro
primero del MFP, Alejandro Miguel Gil Fernández dijo que no se pueden
hacer rebajas importantes en los precios pues cualquier modificación
abrupta podría generar un sustancial aumento de la demanda, algo lógico
si tenemos en cuenta que Cuba es un país de carencias.

Aunque la rebaja de precios no fue importante debió suponerse que
aumentaría la afluencia de consumidores a las tiendas y,
consecuentemente, quienes dirigen y los inspectores las colocarían como
un objetivo importante a supervisar. Al parecer les resulta muy difícil
salir de sus oficinas climatizadas para controlar el cumplimiento de lo
que promulgan pues el 13 de mayo del 2016, dos días después de haberse
aplicado los nuevos precios, el periódico Granma en su sección “Cartas a
la redacción”, reprodujo una queja de Aymara Baganet Cobas sobre la
diferencia de precios aplicada a la venta de pollos en el mercado de 5ta
y 42, municipio Playa, La Habana.

Otras veces los empleados aducen un sinfín de razones para no pesar el
producto, no registrarlo en la caja ni entregar el comprobante al
cliente con el objetivo de continuar medrando para su bolsillo. También
añaden agua a los productos cárnicos para aumentar su peso. Otros
productos como los desodorantes, las bebidas, los dentífricos, helados
Nestlé y los frascos de champú, sufren la extracción o adulteración de
su contenido.

El desparpajo ha llegado al extremo de que existen fábricas clandestinas
que adquieren etiquetas, envases, materias primas y hasta máquinas de
las fábricas del Estado para falsificar productos que luego son vendidos
en estas tiendas con pingües dividendos. ¿Qué hacen los gerentes e
inspectores? Dirá el lector, si no han podido impedir la desviación de
las jabas de nailon, ¿cómo van a poder con esto? Y conste que más del
90% de estas personas son militantes del partido único y “ejemplar”.

Source: El imperio de la corrupción | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/el-imperio-de-la-corrupcion/

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