Corrupción – Cuba – Corruption
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Quirino con su tres

Quirino con su tres
junio 14, 2016 6:33 pm por Frank Correa

Jaimanitas, La Habana, Frank Correa (PD). Quirino me cuenta la historia
de cómo se corrompió y dejó de ser la persona que había soñado. Y cree
haber descubierto la causa de su frustración social.

“Yo era lo que debía a ser el hombre nuevo, pregonado por el Che,
incorruptible, pero me echaron a perder en el almacén donde trabajaba.
En aquel almacén se guardaba para la distribución, todos los alimentos
de la población de Villa Clara.

Yo estaba recién graduado, con ganas de emplear mis conocimientos
adquiridos para ayudar a la revolución y el socialismo y me nombraron
jefe de aquel gigantesco almacén, donde pronto descubrí la red de
economía ilegal que existía entre los camioneros, los administradores de
las bodegas y algunos directivos de la empresa”.

Quirino se graduó en una escuela politécnica integral y prestó servicios
en las fuerzas armadas por tres años, como servicio social. Luego se
integró a su especialidad y trató de llevar adelante su tarea como jefe
de almacén, pero chocó con un muro enorme: la corrupción.

“Caí mal desde el principio, cuando vieron que no podían contar conmigo
para sus fechorías. Con el antiguo jefe de almacén trabajaban en
complicidad, pero conmigo debían esconderse y cuidarse, por lo que
resulté un estorbo y trataron de sacarme del cargo con zancadillas y
trampas, pero siempre salí limpio. Luego me hablaron directamente.
Utilizaron a un tripulante de un camión, amigo de la familia y vecino,
que vivía con cierta solvencia. Me dijo que los problemas de mi casa
podían resolverse sencillamente con una firma. De vez en cuando una
firmita, mi socio, nada más, me dijo.

“Pero mis ideas políticas no me dejaban actuar y me resistí”, cuenta
Quirino. “Hasta que mis problemas se fueron agrandando, con la llegada
de mi primera hija, en el Periodo Especial, y me las vi negras, a pesar
de tener en la mano una mina de oro, los alimentos.

“Veía los camiones salir cargados de arroz, azúcar, aceite, jabones,
frazadas de piso, pasta dental, puré de tomate, latas en conservas. En
aquel tiempo las bodegas brindaban a los consumidores un surtido de
productos y el estado garantizaba hasta velas por la libreta. Veía los
camiones salir con la carga, sabiendo que la mitad se quedaría en unos
cuantos bolsillos y yo sin ver un centavo. Me rompía la cabeza tratando
de no sucumbir a la tentación, aferrado a mis conceptos marxistas, pero
se convirtió en una verdadera vergüenza cuando me sentaba a comer con mi
familia aquellas minucias y los tripulantes y choferes de los camiones,
que no estudiaron como yo, estaban comiendo seguramente faisán”.

Quirino jura que luchó con todas sus fuerzas para no dejarse devorar por
la podredumbre, pero al final se quebró. Se halló en un callejón sin
salida, sin culeros para el recién nacido, el techo de la casa lleno de
goteras, sin ropas ni zapatos para la familia.

“Dije ¡hasta aquí!, y comencé a firmar cargas adulteradas, a emitir
notas de créditos para productos ficticios echados a perder y elevé el
concepto de merma en el almacén. Mi vida cambió en un cien por ciento.
Arreglé mi casa. Llevaba a mi familia a buenos lugares. Me compré una
moto. Todo era prosperidad y comodidad simplemente por la importancia de
mi firma. Pero la felicidad en casa del pobre dura poco. Un día nos cayó
una inspección sorpresiva y todos salimos por el techo. A mí me echaron
tres años de cárcel, que fueron una eternidad. Hoy me considero un
frustrado social, como muchos otros que andan por ahí, con historias
parecidas a la mía”.

Source: Quirino con su tres | Primavera Digital –
primaveradigital.net/quirino-con-su-tres/

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