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Tan lento como la construcción de viviendas en Cuba

Tan lento como la construcción de viviendas en Cuba
Crece el turismo, pero también crece la demanda por un techo bajo el
cual vivir
Lunes, junio 27, 2016 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- En los últimos 10 años, mientras la economía cubana ha
mostrado mejor panorama con grandes inversiones extranjeras y altos
ingresos por concepto de turismo y exportación de servicios, la
construcción de viviendas ha decrecido notablemente.

Comparando los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas
e Información, tan solo entre el 2006 y el 2014, el número de viviendas
construidas descendió de cerca de 112 mil a poco más de 25 mil por año,
de modo que la tasa de unidades por cada mil habitantes descendió a 2,3,
alcanzando un record negativo casi comparable con la peor etapa del
llamado Período Especial que sucedió al desplome del campo socialista.

Aunque el gobierno sitúa el déficit de viviendas para la población en
solo 600 mil, hay quienes hablan de una cifra muy superior al millón,
teniendo en cuenta otros factores como el estado constructivo y la
inhabitabilidad de aquellas construcciones que han sido ignoradas por
las estadísticas oficiales.

Al parecer, los actuales planes de crecimiento han postergado los
progresos en materia de vivienda para un futuro lejano que dependerá de
que las fórmulas de crecimiento económico rindan frutos y no sean igual
de erradas y erráticas que los experimentos anteriores, donde siempre el
déficit habitacional terminó condicionado negativamente por las
estrategias políticas en la dilatada construcción del socialismo.

“En los años 60 la construcción de la Escuela Nacional de Arte
[actualmente Instituto Superior de Arte] y sobre todo las cúpulas de
algunos de sus edificios, consumieron buena parte del cemento que estaba
destinado a la construcción de viviendas”, explica el arquitecto y
restaurador Reinaldo Pérez, y añade: “Muchas construcciones de aquella
época fueron afectadas por esas y otras ‘tareas de choque’ (…) Hacía
falta materiales y se afectaba el plan de viviendas, eso y que siempre
ha existido el desvío de recursos porque lo que es de todos no es de nadie”.

“En los ochenta pasó lo mismo con la terquedad de hacer refugios
antiaéreos por toda la isla”, continúa Pérez, “y desde antes con la
planta electronuclear en Cienfuegos [Juraguá] (…) El domo del reactor se
chupó todo el hormigón de los planes de vivienda y ahí deben estar las
cifras de producción e importación [de materiales constructivos] para
confirmarlo, y otras pruebas son sobre todo las chapucerías que hoy
padecemos en Alamar, (…) el Reparto Eléctrico también, y todos los demás
barrios mal construidos por aquella época”.

Según el especialista, “las instalaciones de los [Juegos] Panamericanos
[en 1991] vinieron a empeorar la situación en medio del Período
Especial. Lo más prudente hubiera sido suspenderlos pero ya sabemos cuál
fue el trágico desenlace (…) Cuando no era Angola, era el aeropuerto de
Granada o Nicaragua, si no cualquier otra aventura; pero siempre se ha
relegado el asunto de la vivienda, y tengo que acotar: vivienda para los
civiles, porque para los militares es otra la historia”.

Para algunos, aunque el tema de la vivienda siempre ha estado en el
centro de los discursos de los principales dirigentes cubanos, no ha
sido una expresión de un programa bien diseñado para resolver el asunto
de una vez y por todas.

Un funcionario del Instituto de Planificación Física, que no desea
revelar su identidad, explicó a CubaNet las dificultades a las que se
enfrentan ellos como institución que regula los asuntos de la vivienda,
así como las autoridades de los gobiernos provinciales y municipales
encargadas de solucionar las necesidades de la población.

“Planes siempre ha habido, pero nunca hubo un verdadero programa,
pensado no para salir del atolladero y ya, sino para que los resultados
fueran duraderos y no provisionales”, refiere.

Añade que “hubo una explosión demográfica en los 70 que vino acompañada
de planes con respecto a la vivienda pero, a la vez, de mucha
improvisación y corrupción (…) Los planes de las microbrigadas, luego
los contingentes y ahora más recientemente las brigaditas por ‘esfuerzo
propio’ han profundizado más los problemas que resolverlos (…) Entregas
el edificio hoy y ya mañana comienzan las quejas de la población por el
mal acabado”.

“Algunas viviendas con dos o tres años de construidas ya están en
peligro de derrumbe”, describe, antes de confesar que “en las oficinas
municipales de la vivienda [en La Habana], y supongo que en los
gobiernos, se recibe un promedio de unos 20 casos por día, tan solo
relacionados con el mal estado constructivo de viviendas recién
terminadas, ya no te hablo de las que tienen 50 o más de 100 años de
construidas”.

“En la situación actual no hay solución a todo lo que se ha acumulado
siempre que pensemos, desde el gobierno, el problema de la vivienda como
asunto exclusivo del Estado (…) La solución es simple. En cuestiones de
vivienda, hay que abrir las inversiones no solo al capital extranjero,
que no tiene en cuenta nuestras necesidades, sino al capital nuestro y,
otra cosa, no obstaculizar tanto al sector cuentapropista. Déjenlo
crecer y actuar como empresas con todas las de la ley, y para siempre,
no como paliativo de una época de crisis. Darles la confianza de que se
acabó el experimento y que no hay vuelta a atrás”, considera.

Si bien es cierto que trabajadores de sectores favorecidos
económicamente, como el de la Salud y el Turismo, han podido solucionar
en gran medida sus dificultades personales con respecto a la vivienda,
también lo es que la mejoría no responde a un incremento de las
construcciones en el país y sólo ha repercutido en la reparación y
reacondicionamiento de las viviendas que han heredado de familiares, una
realidad que se refleja en la cifra decreciente en las estadísticas
cuando, por lógica, debería notarse cierto despegue, sobre todo
transcurridos varios años desde la autorización de las compraventas de
casas, un mercado (al menos el registrado legalmente) cuyos actos de
ventas ejecutados se reducen a apenas un 4% del total de las viviendas
que existen en la isla.

Las personas que reciben remesas del exterior o que obtienen ganancias
de negocios privados tampoco han hecho gran diferencia en las
estadísticas. Los altos costos de construcción de una vivienda o de su
adquisición, la ausencia de un mercado minorista para la venta de
materiales constructivos, la imposibilidad del arrendamiento temporal a
precios asequibles al salario estatal promedio, la inexistencia de un
programa nacional de créditos inmobiliarios, así como los trámites
burocráticos para legalizar una propiedad, son algunos de los
principales frenos para los ciudadanos cubanos.

Sin embargo, para extranjeros la realidad es otra, aunque de acuerdo con
las estadísticas oficiales, tampoco han repercutido de manera notable en
un crecimiento constructivo, en tanto sus operaciones se limitan a
comprar con fines de adquirir espacios para negocios privados o con
intenciones especulativas en un futuro.

El total de las inversiones extranjeras, asociadas a las construcciones,
se vincula exclusivamente con el desarrollo inmobiliario dirigido a
atraer turismo pero, hasta el momento, y ya olvidados del programa de
“petrocasas” promovido por Hugo Chávez en Venezuela y que parecía
extenderse a Cuba, no existen proyectos similares para el desarrollo de
planes de viviendas populares de calidad ni a corto ni mediano plazos.

Source: Tan lento como la construcción de viviendas en Cuba | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/tan-lento-como-la-construccion-de-viviendas-en-cuba/

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