Corrupción – Cuba – Corruption
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Y sí, el modelo nórdico

Y sí, el modelo nórdico
Los minusválidos mentales afirman que para tener un modelo como el
nórdico hay que tener a los ciudadanos nórdicos, en primer lugar
Marlene Azor Hernández, México DF | 27/06/2016 9:30 am

El determinismo cultural, geográfico e histórico ha producido una
incompetencia generalizada para analizar las verdaderas causas de la
pobreza endémica de los países y las soluciones posibles. Así por
ejemplo, se ha enraizado en la academia en general, que el fenómeno del
“Putinismo” hay que explicarlo por la tradición histórica y cultural del
país con su persistente autoritarismo desde la época de los Zares. El
éxito de Japón en su desarrollo se debe una cultura ancestral de
disciplina y valores como el honor, que privilegian el reconocimiento de
la colectividad, por encima de los intereses personales.
Los problemas endémicos de corrupción en África y América Latina se
deben al subdesarrollo, condición insuperable que crea un “círculo
vicioso” insoluble porque fueron países coloniales y arrastran de manera
persistente las secuelas administrativas y funcionales que se convierten
en impedimentos “culturales” e “históricos” para salir del
subdesarrollo. No quiere esto decir que el colonialismo no haya sido
brutal en la represión de las posibilidades nacionales, quiere decir que
las culturas cambian[1] y los resultados históricos tienen que leerse no
como los únicos posibles, sino como una variante más que pudo ser
diametralmente opuesta a la que muestra el resultado histórico. “El humo
cultural, histórico y geográfico” invisibiliza las instituciones y las
responsabilidades de las élites políticas nacionales en las políticas de
desarrollo de cada país.
Si tomamos “la Teoría de la Dependencia”, por ejemplo, vemos que no hay
análisis de los resultados muy diversos de la aplicación de las
políticas de desarrollo sugeridas por esta escuela de pensamiento. Sin
embargo, todo parece indicar que las élites políticas latinoamericanas
de la época y de hoy impidieron las políticas de desarrollo de “la
industrialización para la sustitución de importaciones” y se
concentraron en el crecimiento económico a corto plazo, privilegiando
las ventajas comparativas del momento y posponiendo los cambios
estructurales de sus economías[2]. El núcleo central del análisis tiene
que ser las instituciones existentes y las políticas económicas
responsabilidad de las élites políticas nacionales. Las políticas
externas e internas de las élites nacionales delimitan los resultados
económicos políticos y sociales de cada país, en cada época. Esto, que
parece ser una “perogrullada”, está invisibilizado por las élites del
poder latinoamericanas y africanas porque demuestran su incompetencia, y
prefieren disfrazar sus fracasos y enriquecimiento ilícitos culpando al
colonialismo, el capitalismo mundial y el imperialismo como fuerzas
infranqueables que impiden cualquier negociación sensata y plausible y
las políticas públicas que democratizarían los países y generarían la
prosperidad nacional[3].
¿Y, los países nórdicos?
El Gobierno cubano debería aprender de los países nórdicos, de sus
instituciones, de las reglas jurídicas y prácticas y de sus niveles
reales de bienestar social.
La probidad pública y la transparencia de sus instituciones y
funcionarios. El fenómeno de la corrupción es prácticamente inexistente.
A las instituciones estatales se accede por concursos libres y
transparentes y no sometidos a ningún partido político por lealtad. Los
ministros y altos funcionarios del Estado transparentan sus bienes antes
de asumir un puesto y una vez que salen de él. No hay prebendas
concomitantes a los cargos “ocultas” como en el socialismo real. Los
salarios de los más altos cargos públicos son apenas cuatro o cinco
veces más que el salario mínimo. Los parlamentarios no cuentan con
salarios astronómicos y “dietas” infundadas como los parlamentarios
mexicanos por ejemplo, que tiene a la vez, un índice de pobreza del 54 %
de su población.
Las licitaciones a las empresas privadas son públicas y transparentes y
no sometidas al tráfico de influencias de políticos y funcionarios. No
hay monopolio estatal de la economía ni cortapisas a la propiedad
privada y cooperativa. Por supuesto, no existe la planificación
centralizada de la economía y las reglas son transparentes para cada
actor económico y se penalizan fuertemente a los incumplidores.
El sistema de impuestos progresivo es de alrededor del 29 o 30 % a
partir de un mínimo no sometido a impuestos. Los servicios sociales son
de primer nivel y gratuitos y universales además de un mínimo de
inserción para los sectores más vulnerables. Existe el seguro de
desempleo y ayudas para las familias para pagar sus rentas y de
estímulos al crecimiento demográfico. La seguridad social no es un
eufemismo como en el caso de Cuba, ni los salarios paupérrimos.
El pluripartidismo es consistente y transparente en sus reglas y
aplicaciones. Se respeta “la cadena de decisiones democrática” que nos
define Andreas Schedler en su libro La política de la incertidumbre en
los regímenes electorales autoritarios[4].
La posibilidad de las elecciones requiere de un aparato estatal
constituido que permita la acción de los votantes de “autorizar” el
acceso al poder estatal. Los Estados devastados por la guerra o los
totalitarios no ofrecen las mínimas condiciones para el ejercicio de las
elecciones.
La libertad de oferta política exige la posibilidad de ofrecer visiones
contrastantes del bien común, opciones opuestas de políticas públicas y
en el mercado electoral, la existencia de conjuntos diversos de
candidatos y organizaciones partidarias. El rango de opciones
disponibles no puede ser manipulado por un gobierno sino determinado por
los propios ciudadanos en un marco de reglas justas y universales.
La libertad de demanda política se sustenta en la posibilidad de acceder
a la información de todas las propuestas disponibles para que los
votantes puedan ejercer su capacidad de juicio político. En la medida en
que a los candidatos y partidos en competencia se les niegue el acceso
libre y equitativo al espacio público, la voluntad popular expresada en
las urnas será una expresión de ignorancia estructuralmente inducida.
No pueden existir restricciones al sufragio universal ni por cuestiones
de riqueza, educación, género, criterios políticos, religión o etnicidad.
La condición para ejercer libremente la preferencia electoral es el voto
secreto. Este defiende al votante de las presiones externas
intimidatorias ya sea en la forma de coerción, corrupción o
desaprobación social.
Una vez expresada la voluntad popular en las urnas los órganos
electorales encargados de las elecciones deben contar sus votos de
manera honesta y ponderarlos de forma igualitaria. Los candidatos
ganadores deben tener la posibilidad real de asumir sus
responsabilidades de manera efectiva, ejercer el poder y concluir sus
mandatos de acuerdo a las reglas constitucionales. Cuando se rompen
alguno de estos eslabones de la “cadena de decisiones democrática” se
producen elecciones antidemocráticas aunque utilicen las mismas
instituciones formales de la democracia liberal.
El Estado de derecho y las funciones independientes de los poderes
judiciales, ejecutivos y legislativos no están bajo los mandatos
políticos de ningún partido.
El modelo nórdico sería para Cuba la salida más promisoria del
estancamiento actual y la prevención más sólida contra “el capitalismo
platanero” sin derechos humanos ni sindicales, con una pobreza amplia y
endémica, la represión al disenso, la corrupción generalizada y un
partido totalitario incompetente y antidemocrático que mantiene al país
“organizado al borde del abismo”.

[1] Si se les permite cambiar. Si por el contrario las élites políticas
continúan fortaleciendo las instituciones y políticas que las empobrecen
por supuesto que resulta más difícil los cambios culturales y los
cambios históricos. La cultura en su acepción amplia significa la manera
en que las comunidades humanas “negocian” con su entorno las
posibilidades de sobrevivencia y desarrollo.
[2] Ver el ejemplo diferente de Brasil versus Venezuela.
[3] ¿Dónde están los millones de ayudas canalizadas a África por la
Comunidad Europea y EEUU desde la década de los años 70 hasta ahora?.
¿En los palacetes de Robert Mugabe en Europa o en la fortuna de la hija
de Eduardo Dos Santos?
[4] Andreas Schedler, La política de la incertidumbre en los regímenes
electorales autoritarios, México FCE, CIDE, 2016. En el libro se pueden
encontrar todas las manipulaciones del gobierno contra los opositores
que se pueden observar hoy en el caso venezolano, pero también la
práctica histórica del PRI mexicano para producir casi una “dictadura
perfecta”, o el caso de Rusia en la actualidad entre otros.

Source: Y sí, el modelo nórdico – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/y-si-el-modelo-nordico-325879

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