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Prefiero ser un buen hombre antes que un gran intelectual

‘Prefiero ser un buen hombre antes que un gran intelectual’
ERNESTO SANTANA | La Habana | 16 de Julio de 2016 – 10:18 CEST.

“Soy un hombre de la cultura y un poeta que ha dicho mucho de lo que
otros han callado y creo haberlo dicho bien, más allá de la siempre
posible perfección de la obra”, así se define a sí mismo Roberto
Quiñones Haces, que ha sufrido prisión y ha sido acosado constantemente
por la policía política, sobre todo en los últimos meses.

Entrevistarlo es fácil, por lo claro y directo de su modo de hablar, y
esa transparencia, esa franqueza natural, tan propias de quienes no
gustan de perder tiempo con las apariencias y la esgrima verbal.

“Difícil y estimulante”, juzga que fue su trabajo en Arabescos de
Guantánamo, revista digital independiente que editó con Regino Rodríguez
Boti, psiquiatra, narrador y albacea literario de su abuelo, el gran
poeta cubano Regino E. Boti. “Todavía era miembro de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), pero estaba siendo muy
discriminado en el ambiente cultural de la provincia y tenía muchas
ideas. En la UNEAC se hablaba mucho de que era necesario debatir pero no
se hacía ni se hace nada para crear espacios públicos de debate. Le
presenté tres proyectos culturales al señor Jorge Núñez Motes,
presidente del comité provincial de la UNEAC en Guantánamo, pero nunca
me respondió”.

Uno de esos proyectos era Arabescos… y Quiñones Haces creyó que, si la
UNEAC no, “muchos intelectuales guantanameros se sumarían al proyecto
atendiendo a que la única revista cultural que tiene Guantánamo sale
tres veces al año. Fue una gran ingenuidad de mi parte”.

Su idea era “crear un espacio de debate” respetuoso y con “un nivel
digno”. Rodríguez Boti y él se lanzaron a trabajar. Querían hacer un
número mensual, pero tuvieron que conformarse con uno bimestral. “Apenas
salió el primer número el señor Arturo Valdés Curbeira, director
provincial de Cultura, dijo en una reunión con escritores de la
provincia y otros intelectuales que quien publicara en nuestra revista
iba a ser expulsado del trabajo”.

Sobre ambos editores se cerró el cerco: “A pesar de la represión
logramos que algunos intelectuales guantanameros residentes en otros
lugares de Cuba y el extranjero colaboraran con nosotros, entre ellos el
excelente poeta guantanamero Octavio Armand, pero llegó un momento en
que las dificultades fueron muchas”.

Aquí Quiñones Haces quiere insistir en un tema que le parece importante,
por sus implicaciones: “Algo que le está haciendo mucho daño a los focos
culturales independientes y a la sociedad civil libre es esa ascendencia
que algunas personas radicadas en La Habana quieren ejercer como
dictadorzuelos sobre otros cubanos, intelectuales o no”.

En su vida como intelectual y hasta como ciudadano, la UNEAC y otras
instituciones culturales no han jugado ciertamente un papel menor, y no
solamente por omisión. “Cuando fui detenido el 2 de julio de 1999 por la
Seguridad del Estado”, testimonia, “y acusado de haber facilitado la
compraventa ilegal de una vivienda —lo cual fue un gran invento, pues yo
trabajaba en un bufete colectivo y no tenía acceso a los documentos de
la Dirección Municipal de la Vivienda—, le escribí a Raúl Castro Ruz y a
Abel Prieto”.

El ya mencionado Núñez Motes, presidente del comité provincial de la
UNEAC, “fue a la prisión luego de haberle escrito yo varias veces y con
el miedo pintado en su rostro. Lo que me ha hecho después junto con
otros intelectuales guantanameros ofrece argumentos suficientes para
escribir todo un tratado sobre la infamia. Al señor Carlos Martí Brenes
le escribí dos veces planteándole mi situación y jamás me contestó”.

En 2003, con libertad condicional, Quiñones Haces salió de la cárcel
esperando reincorporarse a la sociedad y a su trabajo, pero siempre se
le ha negado el derecho a ejercer su profesión. “Pedí ayuda de forma
reiterada a la UNEAC en las personas de Carlos Martí, Francisco López
Sacha, Nancy Morejón, Sergio Corrieri y Miguel Barnet. Ninguno tuvo
jamás la delicadeza de hacerme un acuse de recibo, excepto Corrieri. Yo
no sabía que él estaba muy enfermo, pues de saberlo no lo habría
molestado. Por eso nunca voy a olvidar su gesto de responderme
diciéndome que había designado a Alex Pausides para que atendiera mi
caso, aunque Pausides jamás me contactó”.

Puntualiza el escritor y periodista: “Lo único que pedí fue apoyo, que
me ayudaran a volver a ejercer mi carrera de abogado, un espacio dentro
de la cultura literaria guantanamera, que se respetaran mis derechos
como miembro de la UNEAC”. Y añade: “Creo que estas personas son
incongruentes e hipócritas. Congreso tras congreso han afirmado
públicamente que hay que cumplir con los estatutos y velar por los
derechos de los miembros de la organización y luego violan
cotidianamente lo que afirmaron. En público hablan mucho de tolerancia y
solidaridad. En la práctica actúan de forma despreciable”.

Y concluye que “la UNEAC ya no es una organización revolucionaria, es
una colonia de asalariados del pensamiento oficial, remedando una frase
del argentino del gatillo alegre”.

En 1981, Roberto de Jesús Quiñones Haces se había licenciado en Derecho
en la Universidad de La Habana. Luego publicó los poemarios La fuga del
ciervo, Escrito desde la cárcel, Los apriscos del alba y El agua de la
vida, y fue incluido en antologías como En esta cárcel de aire puro, de
décima cubana, y la del Premio Internacional de Poesía Nósside 2006. En
2014 apareció en Miami su libro de cuentos La chica de nombre eslavo.

También ha recibido varios premios y menciones, y ha publicado crítica
cinematográfica en el periódico Venceremos, así como poemas y artículos
en las revistas El Mar y la Montaña y Debate. Fue miembro de la UNEAC
desde 1985 hasta noviembre del 2015, fecha en que solicitó la baja de
dicha organización.

Aunque nació en Cienfuegos, se mudó para Guantánamo en 1985 cuando se
casó con su actual esposa y madre de sus hijos, y allí vive desde
entonces, pese a los “ataques abiertos y solapados, también en la red”,
que ha recibido, “pero si cuatro años, ocho meses y doce días de cárcel
y luego más de 13 años viviendo bajo una constante discriminación y
asedio no han podido doblegarme, mucho menos van a poder hacerlo estos
plumíferos del castrismo”.

Ya varios años antes de irse a la ciudad oriental, cuando era asesor
jurídico de la Unidad Presupuestada Inversionista Primera Central
Electronuclear de Cuba, Quiñones tuvo su primer problema con la
Seguridad del Estado: “Entonces pensé que siendo militante de la Unión
de Jóvenes Comunistas (UJC) podía criticar lo que allí se hacía. Fui
sancionado y prácticamente conminado a pedir la baja de ese centro de
trabajo por haber cometido también el grave delito de casarme con una
ciudadana colombiana, combatiente del M-19. A partir de entonces mi vida
ha sido una constante lucha con breves parcelas de paz”.

Ya en Guantánamo, comenzó a ejercer como abogado y pudo conocer “la cara
oculta de la sociedad cubana, las violaciones de la legalidad por parte
de las autoridades, los abusos de poder, la corrupción de dirigentes
administrativos y políticos a quienes nunca les pasan la cuenta. Lo que
en Cienfuegos había sido aviso, en Guantánamo se convirtió en evidencia.
Eso me enervaba y me dolió mucho porque me demostró que Cuba es un
proyecto baldío en las riendas del castrismo”.

Por supuesto, comenzaron entonces los problemas para él, las llamadas
para reuniones de análisis en el PCC provincial y en el bufete, “y se
instaló definitivamente sobre mí el mote de conflictivo”. La situación
empeoró cuando, en la década del 90, se relacionó con la Corriente
Agramontista de Abogados Independientes de Cuba, liderada por el
conocido activista de la oposición René Gómez Manzano.

Por esos años tuvo incluso que “pedir a la Organización Nacional de
Bufetes Colectivos amparo en el ejercicio de la profesión ante el acoso
de la policía y la Fiscalía provincial de Guantánamo”, y estuvo cuatro
años sin ejercer como abogado criminalista por defender a los opositores
pacíficos y cuando, en 1997, volvió a ejercer esa rama del derecho y a
defender a esas personas, “mi situación se hizo más difícil en el
bufete. Menos de dos años después caí preso. Nunca más me han permitido
volver a ejercer la carrera”.

Luego sería citado varias veces por el jefe de sector y la Seguridad del
Estado, pero la situación “se volvió realmente incómoda a partir de mayo
del 2012, cuando comencé a trabajar para Cubanet. Desde entonces la
vigilancia, el acoso, las detenciones, los registros y el despojo de
bienes necesarios para todo escritor forman parte de los riesgos de mi
cotidianidad”.

Cómo se conjugan en él el escritor, el promotor cultural, el poeta, el
investigador, el periodista y el abogado, es una pregunta obligada, pero
Quiñones Haces cree que, “a pesar de que se trata de ocupaciones
diferentes, no he hecho distinciones entre ellas”, y confiesa que
“muchas veces me sorprendió un poema en pleno juicio, en otras un verso
me sirvió de sostén para una defensa. Soy un hombre de la cultura y un
poeta que ha dicho mucho de lo que otros han callado y creo haberlo
dicho bien, más allá de la siempre posible perfección de la obra”.

“No importa que me minimicen ni discriminen”, continúa: “Para mí lo más
importante no es siquiera que me publiquen, sino saber que todavía puedo
sentarme a plasmar en un papel mis versos e ideas. Eso, el amor de mis
hijos y esposa, la solidaridad de vecinos y amigos —que la sentí muy
cercana cuando me hicieron el último registro— y mi fe en Dios es lo que
me sostiene frente a tanta maldad”.

Se considera disidente aunque “en Cuba se le ha dado una connotación
peyorativa” a esa palabra: “También a los opositores los llaman
traidores, vendepatrias y mercenarios, e incluso esos calificativos los
reciben los periodistas independientes. Dicen que recibimos dinero de
una potencia extranjera. En mi caso me gano la vida colaborando en
periódicos y revistas y claro que me pagan, pero en ninguno de ellos me
han dicho lo que tengo que decir. A veces colaboro en Primavera Digital,
una revista independiente extraordinaria que no tiene fondos para pagar”.

Y Quiñones aclara que “la historia ha sido tan manipulada aquí que los
cubanos desconocen que el yate Granma se compró con 250.000 dólares que
Carlos Prío le regaló a Fidel Castro y que los rebeldes recibían dinero
de muchos burgueses para que continuaran la lucha. A los periodistas del
Gobierno el Departamento Ideológico les indica los temas que deben
trabajar, el Gobierno les paga viajes al extranjero y su asistencia,
como miembros de la supuesta sociedad civil, a encuentros
internacionales para que vayan a golpear a los cubanos que no piensan
como ellos. A mí jamás Cubanet me ha impuesto nada”.

Roberto Quiñones no es enfático, pero sí elocuente y está lejos de la
amargura: “Creo que algún día no habrá intelectuales incongruentes, cuya
obra ahora se considere meritoria pero como personas dejen mucho que
desear. Por eso prefiero ser un buen hombre antes que un gran intelectual”.

Source: ‘Prefiero ser un buen hombre antes que un gran intelectual’ |
Diario de Cuba – www.diariodecuba.com/cultura/1468014297_23709.html

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