Corrupción – Cuba – Corruption
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Diez años sin Fidel – las cinco medidas que han cambiado Cuba en la última década

Diez años sin Fidel: las cinco medidas que han cambiado Cuba en la
última década

A muchos visitantes les puede parecer que la isla y su modelo político
sigue siendo esencialmente el mismo. No es así: esto es lo que ha
sucedido desde la llegada de Raúl Castro al poder
TIEMPO DE LECTURA10 min
04.08.2016 – 05:00 H.

La noche del 31 de julio de 2006, alrededor de las 8:30, un silencio
profundo se extendió por toda Cuba. A través de la televisión nacional,
con voz grave y cara de estar cumpliendo una responsabilidad tremenda,
el joven secretario personal de Fidel Castro anunciaba lo que solo unos
minutos antes cualquiera hubiera considerado imposible: “El Comandante”
estaba al borde la muerte, y casi como última voluntad, renunciaba a su
extensa lista de cargos y potestades. Tras medio siglo bajo su sombra,
la isla se veía súbitamente sola, a cargo de un gobierno colegiado que
encabezaría su hermano menor, el actual presidente Raúl Castro.
Los días que siguieron, el país pareció entrar en estado de shock.
Incluso la llamada oposición interna se replegó sobre sí misma ante lo
insólito de las circunstancias. Además, simultáneamente comenzaba una
movilización general de la fuerzas armadas, la Operación Caguairán, y en
numerosos centros de trabajo y barrios se sucedían campañas saludando el
80º cumpleaños del líder ausente, que hubiera debido celebrarse el 13 de
agosto siguiente.
Quien visitara La Habana en los meses finales de 2006 se llevaría la
impresión de que nada había cambiado, salvo porque en las oficinas
públicas se colocaban retratos del nuevo mandatario junto a los ya
tradicionales de su hermano y mentor, y en las consignas y discursos se
le incluía, como la nueva referencia de moda. “La transición en Cuba no
comenzará hasta la muerte de Fidel Castro”, alertaba El Nuevo Herald, el
principal diario en español de Miami, la “capital cubana” de los Estados
Unidos. Mientras, en numerosos bazares para turistas aparecían camisetas
con la imagen del exlíder guerrillero, libros con sus discursos y otros
souvenires que lo confinaban al parnaso de la “Revolución
comercializable”, como antes ocurriera con el Che Guevara.
Una década más tarde, de aquella aparente inmovilidad no queda más que
el recuerdo. Además de por toda una generación que ha crecido sin vivir
en propia piel la guía del “líder histórico”, la isla ha cambiado de
muchas formas, casi hasta el punto de hacerse irreconocible más allá de
lo epidérmico. Los diez años de gobierno del pragmático Raúl Castro han
defendido esa evolución o la han tenido que asumir como parte de las
circunstancias. Como sea, el resultado ha sido el mismo.
Estos son algunos de los momentos más importantes de la era pos-Fidel
Castro. Sus repercusiones condicionan no solo el futuro inmediato de
Cuba; incluso pueden determinar sus coordenadas durante buena de las
próximas décadas.

Alojarse en hoteles y viajar al exterior
13 de marzo de 2008. El diario ‘Granma’, el principal del país,
anunciaba la derogación de la normativa que impedía a los cubanos
alojarse en hoteles destinados a los visitantes extranjeros. “En una
coyuntura determinada se impuso priorizar el turismo foráneo, pero las
circunstancias han cambiado”, señalaba la nota. Se eliminaba así una de
las prohibiciones más cuestionadas por la población local y que incluso
violaba la Constitución.
16 de octubre de 2012. El Gobierno cubano modifica su ley migratoria.
Desde enero siguiente los nacionales podrían salir al exterior solo con
su pasaporte y la visa del país correspondiente. Además, se ampliaban
los plazos para su permanencia en el exterior sin perder la residencia
en Cuba y los emigrados mantenían su derecho a tener propiedades en la
Isla. Antes de la actual legislación, quien pretendía viajar de forma
permanente al exterior debía entregar al Estado todos los bienes que
estuvieran inscriptos a su nombre. Otra disposición permitió la
repatriación, hasta entonces penada por la ley, que incluso contemplaba
deportaciones y cárcel para los incumplidores.
El efecto más importante de la nueva política migratoria ha sido el
crecimiento exponencial del número de emigrantes, sobre todo de jóvenes
con calificación profesional (algunos estudios estiman que pudieran
representar hasta el 60% de quienes se marchan de forma definitiva).
Otro efecto de trascendencia internacionales han sido las crisis de
migrantes cubanos ocurridas en Ecuador y Centroamérica.

Los últimos “delfines” del fidelismo, eliminados
3 de marzo de 2009. Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, los dos
principales hombres de la “generación intermedia” (llamada a relevar a
los históricos en la dirección del país) llegan al Palacio de la
Revolución para una reunión del Buró Político del Partido Comunista. Esa
será sus última aparición como vicepresidente y ministro de Relaciones
Exteriores, respectivamente. Tráfico de influencias, mala manipulación
de los fondos del Estado y cabildeos para asegurarse los puestos
rectores en una pretendida sucesión se eslabonaron como las piezas de
convicción en su contra. Además, estaba la estrecha relación de ambos
con Conrado Hernández, representante de los intereses comerciales del
País Vasco en la Isla y supuesto informante del servicio de inteligencia
español. “Han sido tan irresponsables que todo lo que hablaban llegaba a
Madrid, y enseguida, al cuartel general de la CIA”, los increpó Raúl
Castro, en medio del silencio tenso del resto de la cúpula comunista.
En la misma reunión fueron destituidos deshonrosamente Fernando Remírez
de Estenoz, jefe de Relaciones Internacionales del Comité Central del
Partido; Otto Rivero, ex jefe de la Juventud Comunista y vicepresidente
del Consejo de Estado para asuntos de la Batalla de Ideas; y Carlos
Valenciaga, el secretario de Fidel que había leído la proclama de
renuncia. El acontecimiento, más varias entrevistas a funcionarios de
menor nivel también defenestrados, fue recogido en un largo video que
luego se discutió con militantes del Partido y dirigentes de todo el
país. Se trató del último capítulo protagonizado por los “delfines” del
fidelismo, pues antes ya había caído de su pedestal el carismático
Roberto Robaina, en esencia por las mismas razones.

El fin de la Batalla de Ideas
5 de diciembre de 1999. Cuba se lanza a una campaña con el objetivo de
lograr el regreso del niño Elián González. Ese día sería considerado
después como la fecha fundacional de la Batalla de Ideas, la estrategia
política y económica impulsada por Fidel Castro en la etapa final de su
mandato. Su saldo económico sería desastroso, con deudas estimadas de
más de 2.000 millones de dólares y grandes casos de corrupción. Desde el
punto de vista social, sus beneficios resultan contradictorios.
Diciembre de 2008. Tras casi dos años de gobierno, y ya con el poder
formal que le otorgara su elección como presidente en febrero de ese
año, Raúl Castro anuncia la “eliminación de las gratuidades”. La medida
contempló la desaparición de numerosos subsidios y prestaciones, además
del fin de la mayoría de los programas sociales que integraban la
Batalla de Ideas. Desde ese momento comienza a implementarse en el país
un nuevo modelo de gestión económica, “basado en la productividad y la
búsqueda de eficiencia”. En abril de 2011 las decisiones del nuevo
mandatario se convertirían en política a largo plazo, con la aprobación
de los Lineamientos por parte del sexto congreso del Partido Comunista.
La fórmula defendida por La Habana, “el socialismo próspero y
sostenible”, se basa en la reducción de costos sociales y la
concentración de inversiones en sectores productivos que aporten
utilidades con rapidez. El proceso ha incluido también la eliminación de
misiones de colaboración gratuitas en otros países, la concentración de
diversas ramas económicas en manos de las empresas subordinadas a las
fuerzas armadas y el gradual despido de un millón de trabajadores
estatales (una cuarta parte del total).

Iniciativa privada e inversión extranjera
7 de septiembre de 2011. La Gaceta Oficial número 209 recoge ocho
resoluciones de diferentes ministerios a través de las cuales se
autoriza el trabajo por cuenta propia, en un sentido verdaderamente
amplio y definitivo. Hasta entonces había sido muy difícil obtener
licencias para ejercer dentro del sector privado, que solo podía
ocuparse de un limitado número de actividades pagando altos impuestos.
“El trabajo por cuenta propia ha llegado para quedarse, y quienes lo
ejerzan no deben ser satanizados, son trabajadores como cualquier otro”,
apuntaría meses más tarde el propio mandatario cubano. Las 181 labores
amparadas por la nueva legislación podían quedar a cargo de particulares
o cooperativas. En casi cinco años el número de “cuentapropistas” se ha
cuadruplicado (actualmente supera el medio millón de personas); la
intención del gobierno es que para 2030 represente entre el 40 y el 50%
del mercado laboral.
“Para desarrollarse, el país necesita no menos de 2 500 millones de
dólares de inversión al año, por eso resulta fundamental acceder al
capital foráneo”. Así justificó Marino Murillo, el archipoderoso zar de
la reformas económicas, la necesidad una nueva ley para la inversión
extranjera. La aprobación de esa normativa por parte del parlamento
cubano, el 29 de marzo de 2014, dejó atrás legislaciones anteriores que
limitaban los derechos de los empresarios externos, sobre todo en cuanto
a propiedad del suelo y las instalaciones, y la repatriación de sus
ganancias desde la Isla. Otro aspecto fundamental de sus disposiciones
se centró en lo relativo a la contratación y el pago de los empleados
cubanos, que quedó bajo del control de compañías locales. La Ley 118
rompió en muchos aspectos con la tradicional ortodoxia socialista, que
por décadas defendió el principio de la propiedad estatal sobre los
medios de producción. Sin embargo, con todo y su publicitado nacimiento,
la medida ha estado lejos de brindar los frutos que de ella se
esperaban: en dos años el total de inversiones no ha superado los 500
millones dólares.

El acercamiento a EEUU
20 de marzo de 2016. El presidente norteamericano Barack Obama arriba a
La Habana en una visita “imposible”. Los acontecimientos de aquellos
días todavía son motivo de debate en la capital cubana y constituyen
referencia imprescindible para cualquiera que pretenda analizar la
realidad del país ahora y en el futuro cercano. Mas el hecho no es
único, sino que ha formado parte de la activa política exterior
“posibilista” promovida por Raúl Castro desde 2006.
Entre los hitos de ese proceso han estado la liberación de los
disidentes encarcelados durante la llamada Primavera Negra (la medida
fue efectiva el 7 de julio de 2010), las visitas de los papas Benedicto
y Francisco (marzo de 2012 y septiembre de 2015), el comedimiento de la
cancillería en sus declaraciones acerca de la actualidad internacional,
las negociaciones de paz para poner fin a la guerra en Colombia (el
acuerdo final fue firmado en La Habana el 23 de junio pasado) y la
renegociación de la deuda externa con acreedores de tanto peso como
Rusia, China y España (por ejemplo, Madrid condonó 1.500 millones de
euros en mayo, a cuenta de futuros acuerdos comerciales).
Para un observador avisado, la mañana del 17 de diciembre de 2014 no fue
un suceso inesperado; más temprano que tarde cabía esperar un
acortamiento de distancias entre la Casa Blanca y el Palacio de la
Revolución, con consecuencias impredecibles para la isla y la región.
Aunque todavía se siente su presencia como conductor espiritual, no era
Fidel Castro quien estaba en el poder; ahí está el quid del asunto.

Source: Diez años sin Fidel: las cinco medidas que han cambiado Cuba en
la última década. Noticias de Mundo –
www.elconfidencial.com/mundo/2016-08-04/diez-anos-sin-fidel-las-cinco-medidas-que-han-cambiado-cuba-en-la-ultima-decada_1239793/

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