Corrupción – Cuba – Corruption
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La caída de Machado y las deficiencias de la historiografía oficial

La caída de Machado y las deficiencias de la historiografía oficial
DIMAS CASTELLANOS | La Habana | 26 de Agosto de 2016 – 09:04 CEST.

Un comentario del autor del blog Baracutey Cubano acerca de mi artículo
“La caída del Presidente Gerardo Machado y la crisis de hoy” publicado
en este diario, brinda una gran oportunidad para debatir y abundar sobre
aspectos de la historia urgidos del análisis historiográfico.

Me referiré a tres de los argumentos que apunta en su texto el citado
bloguero:

1- Casi todos los militares que gobernaron el país fueron miembros del
Ejército Libertador que lograron la independencia luchando contra la
metrópoli española y todos renunciaron a su condición de militar para
gobernar como presidentes de la República de Cuba.

Es cierto que todos o casi todos lucharon por la independencia de Cuba.
Sin embargo, como explica Antonio Annino: “el carácter popular de la
guerra generó una nueva forma de legitimidad relacionada con el
prestigio alcanzado por los cargos militares… Esos generales buscaron
en el Estado el medio para consolidar la legitimidad adquirida en la
guerra y mantener así sus redes de clientelas. Los neocaudillos, al no
contar con el control patrimonial para la redistribución de beneficios,
identificaron el presupuesto del Estado como el instrumento para la
creación de sus redes de clientelas”. (Citado en Vanni Pettinà, Cuba y
Estados Unidos, 1933-1959, del compromiso al conflicto, Editorial
Catarata, Madrid, 2011, p. 24).

Es decir, la política se convirtió en fuente de ingresos. Ello explica
la magnitud alcanzada por la corrupción en la primera mitad del siglo
XX, sin la cual no se pueden explicar hechos posteriores y encadenados
como el suicidio de Eduardo Chibás, el golpe de Estado de Fulgencio
Batista en 1952, la revolución que tomó el poder con Fidel Castro en
1959, el estado de estancamiento económico y la corrupción generalizada
de hoy.

También es cierto quetodos renunciaron a su condición de militares para
gobernar como presidentes de la República de Cuba. Ellos no ejercieron
sus mandatos vestidos de uniforme. Esa anomalía solo ha ocurrido después
de 1959. El problema está en que la renuncia a la condición de militar
no basta para erradicar o neutralizar los hábitos adquiridos mandando
campamentos y dando órdenes de obligatorio cumplimiento, donde la
pluralidad y el debate están excluidos por la naturaleza y funciones de
los ejércitos.

Precisamente esa fue una de las grandes preocupaciones de José Martí en
su proyecto para edificar una república moderna. Tres citas bastan para
demostrarlo:

Su negativa a participar en el Plan Gómez-Maceo en 1884, de lo cual dejó
constancia en carta al Generalísimo: “Pero hay algo que está por encima
de toda la simpatía personal que usted pueda inspirarme, y hasta de toda
razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en
un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a
traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más
vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta…”.
En el discurso “Con todos y para el bien de todos”, Martí expresó:
“cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios
dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los
cubanos”.
El 10 de abril de 1892, en el acto de fundación del Partido
Revolucionario Cubano, Martí reiteró que el partido se crea “de modo que
en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la
independencia definitiva de mañana”.
2- Lo que realmente “tumbó” a Machado fue una crisis económica mundial
que afectó a Cuba y que los militares no quisieron esperar más para
dejar de apoyar a Machado.

La complejidad de los fenómenos sociales impide explicar los hechos a
partir de una causa única.

Gerardo Machado enfrentó el siguiente escenario: la desnacionalización
sufrida por la economía azucarera, que había alcanzado su máxima en los
años 20 cuando las empresas estadounidenses controlaban dos tercios de
la misma; el reclamo de mayor protagonismo dentro del sistema político,
realizado por sectores emergentes del país; y la inconformidad generada
por la prórroga de poderes, que comenzó en 1927 por el estudiantado
hasta extenderse a casi todos los sectores sociales.

En ese contexto, durante su primer mandato presidencial (1925-1929,
Machado utilizó al Estado como regulador de la economía, dictó la Ley de
Obras Públicas, desarrolló un vasto plan de construcciones, aplicó una
política arancelaria moderna para estimular la producción nacional e
inició el desarrollo de la industria transformadora. Con esas y otras
medidas logró atenuar los efectos heredados de las crisis de 1920.

Durante el segundo período presidencial de Machado, Cuba sufrió el
impacto de la crisis mundial de 1929, la cual provocó una brusca caída
del precio del azúcar de 1,23 centavos por libra en 1930 hasta 0,57 en
1932; la imposibilidad de acceder a préstamos internacionales; la rebaja
hasta el 60% de los sueldos de empleados y funcionarios públicos, que
conformaban una clase media urbana; mientras la amplia clase media
rural, particularmente los colonos, sufría un drástico descenso de las
condiciones de vida.

Tal resultado se produjo en un momento en que el sindicalismo —desde la
fundación de la Confederación Nacional Obrera en 1925— había adquirido
mayor capacidad organizativa y el Partido Comunista enarbolaba la lucha
de clases. Ese escenario, exacerbado por la ilegitimidad de la prórroga
de poderes tomo cuerpo en las huelgas, rebeliones, desembarcos y
alzamientos y en la respuesta represiva de Machado.

3- Los militares de manera espontánea se opusieron a seguir apoyando a
Machado; esa oposición empezó primero en la fortaleza de La Cabaña,
posteriormente en el Castillo de la Fuerza y después en el Campamento de
Columbia.

El descontento generalizado alcanzó a las fuerzas armadas y fue
generando divisiones. La pérdida del apoyo de los militares a Machado no
fue espontánea, sino un proceso. La alta oficialidad compuesta en su
gran mayoría por veteranos del Ejército Libertador, respondía a las
altas esferas del poder político. No así los capitanes y tenientes
graduados sin vínculos con esas esferas. Mucho menos el estamento más
bajo, el de las clases y soldados.

En agosto de 1931 el general Mario García Menocal y el coronel Carlos
Mendieta organizaron un levantamiento contra Machado y un desembarco por
Gibara. Desde 1932 los coroneles Julio Sanguily y Horacio Ferrer, el
teniente coronel Erasmo Delgado y el capitán de aviación Torres Menier,
entre otros, comenzaron a conspirar. Y en 1933, la presión de las
huelgas y la mediación de Sumner Welles, embajador de EEUU, generaron
fracturas dentro del ejército.

El 11 de agosto de 1933 los oficiales del primer batallón de artillería
tomaron militarmente al Estado Mayor del Ejército. A ellos se sumaron la
aviación, varios distritos militares, la fortaleza de La Cabaña y la
marina en el Castillo de la Punta, mientras el coronel Sanguily lanzaba
al aire la noticia de la sublevación por la radio.

La decisión de Machado fue dirigirse a Columbia para detener la
insurrección. A la vez el coronel Sanguily y el capitán Torres Menier
también se dirigieron a Columbia, discutieron con Machado su negativa a
participar en la represión contra huelguistas e insubordinados, lo cual
decidió la situación. Se acordó disolver el Gobierno y se entregó el
poder al general Alberto Herrera, jefe del Estado Mayor del Ejército.
Unas horas después Herrera fue sustituido por Carlos Manuel de Céspedes
como presidente provisional de Cuba.

Al mes siguiente, el 3 y 4 de septiembre, la “conspiración de los
sargentos”, encabezada por Pablo Rodríguez Silveiro, Fulgencio Batista,
José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migoya, Juan Estévez Maynir, un
cabo y dos soldados, conformaron la Unión Militar Revolucionaria,
conocida como Junta de los Ocho, hicieron contacto con Antonio Guiteras,
con el periodista Sergio Carbó y con el Directorio Estudiantil
Universitario (DEU), del cual tomaron su programa, lo que le imprimió
carácter revolucionario a la caída de Machado.

Como podemos ver, la oposición de los militares a Machado no fue
espontánea, fue resultado de múltiples factores que conformaron el
proceso conocido como Revolución del 30, cuya relación con la situación
actual de Cuba exige de nuevos análisis y debates.

Source: La caída de Machado y las deficiencias de la historiografía
oficial | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1472195050_24816.html

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