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La solidaridad con el Gobierno cubano y los límites de la decencia

La solidaridad con el Gobierno cubano y los límites de la decencia
Cada cual puede decidir Incluso apoyar a un gobierno represivo como el
cubano, pero nadie tiene derecho a hablar en su nombre de democracia y
justicia
Haroldo Dilla Alfonso, Santiago de Chile | 08/08/2016 10:03 am

A fines de julio tuvo lugar en República Dominicana el VIII Encuentro
Continental de Solidaridad con Cuba, según la prensa con unos 370
delegados de una veintena de países. Aunque el evento manejó temas
diversos, su norte fue la solidaridad con Cuba frente a un siempre
revivido “peligro imperialista” que encarna en la persistencia del
bloqueo/embargo y en el mantenimiento de la base militar estadounidense
en Guantánamo.
Este tipo de eventos ha sido usual en toda la parafernalia internacional
de esa marca política que se hace llamar Revolución Cubana. Y cuando aún
era efectivamente una revolución que suponía avances sociales
significativos, y la hostilidad norteamericana era un dato militar, eran
actos de fuerte concurrencia de todos quienes creían sinceramente en la
independencia nacional como un valor. Hoy son actos menguados, que solo
atraen a falanges nostálgicas de aquellos tiempos.
Y creo que la celebración en República Dominicana tiene el doble sentido
de atraer concurrentes (¿quien no disfruta una visita a la isla
donde-todo-comenzó?) y gozar del apoyo de los ripios izquierdistas en
desbandada que se alimentan del presupuesto del Partido de la Liberación
Dominicana. Y aplaudir una fantasiosa revolución continental mientras
coluden con la real situación de xenofobia, homofobia, insensibilidad
social y corrupción que caracteriza la gestión de este partido que en
algún momento fue esperanza y hoy es solamente frustración.
Pero no todos los concurrentes fueron oportunistas de baja ralea. En las
fotos, y menciones, escuché y vi figuras que han basado sus vidas en la
lucha por la democracia en República Dominicana, y que conocen a Cuba lo
suficiente como para saber la razón del hedor en Dinamarca. Algunas de
ellas lo siguen haciendo con denuedo. Y creo que esto les inhabilita
moralmente.
Me pregunto, ¿es razonable que personas honestas y decentes se
involucren en estos shows publicitarios? Obviamente, creo que no, y por
dos razones.
La primera es que desde diciembre de 2015 el Gobierno norteamericano
restableció relaciones diplomáticas plenas con la República de Cuba. Y
al mismo tiempo, amplió, por facultades presidenciales, numerosas
prerrogativas de contactos. No ha hecho más porque el Gobierno cubano no
ha dado la menor señal positiva que reduzca los costos políticos
internos del deshielo; y porque el levantamiento del embargo/bloqueo es
un tema legislativo que no puede resolverlo un presidente con un
congreso hostil. Y el otro tema pendiente, la base de Guantánamo, es un
asunto sencillamente para negociar, sobre el que el Gobierno cubano
nunca ha mostrado un interés significativo, pues lo que realmente le
interesa es que la base se mantenga.
Por supuesto que la presencia de un superpoder a solo 200 kilómetros de
una pequeña isla, es siempre un motivo de tensión. Así lo entendieron,
por ejemplo, los políticos republicanos prerrevolucionarios. Pero,
¿implica solidaridad militante?
Claro que no. Porque la solidaridad que expresan estos shows
publicitarios, como el que tuvo lugar en la UASD, lo es con el Gobierno
cubano exclusivamente. Y eso es lo que hace todo aquel que preste su
figura y su nombre para legitimarle.
Es solidaridad con un gobierno que ha sido incapaz de hacer sus
funciones con ese mínimo de eficiencia que permite reproducir la
economía. Solo sabe hacerlo apoyado en fuertes subsidios, unas veces
soviéticos y otros venezolanos, convirtiendo a la nación en dependiente
y frágil. Y por eso, y no por el bloqueo, la economía cubana es un
desastre donde la gente gana como promedio unos pocos dólares mensuales
en una economía de precios crecientemente dolarizados. Es un gobierno
que ha hecho de la pobreza generalizada la razón de su dominio.
Es solidaridad con un gobierno represivo que impide a los cubanos el
ejercicio básico de los derechos civiles y políticos, el acceso a
Internet en condiciones de real acceso, manifestarse libremente, ocupar
los espacios públicos y mediáticos para ejercer sus críticas y
eventualmente oponerse e intentar cambiar pacíficamente al gobierno. Las
personas que intentan hacerlo son reprimidas, encarceladas, golpeadas e
intimidadas. En los momentos del conclave, algunas de estas personas
estaban en huelga de hambre, bordeando la muerte. Solo piden que cese la
represión.
Es solidaridad con una élite política que en nombre de una revolución
que hace mucho terminó, y de un socialismo que nunca existió, está
produciendo su acumulación originaria y su conversión burguesa. Se
apropian de los mejores negocios privados, recorren el Mediterráneo en
yates de lujo, establecen vínculos con la inversión extranjera, al mismo
tiempo que los cubanos comunes viven existencias miserables, en el
día-a-día sin perspectivas de futuro.
Es, finalmente, solidaridad con un gobierno que ha colocado fuera de las
fronteras nacionales a un 20 % de su población. Es un gobierno que
argumenta que ello se debe a una ley americana de incentivo a los
emigrantes cubanos, pero eso es mentira: los cubanos emigran de mil
maneras porque no tienen posibilidades de realizar sus vidas. Miles de
cubanos se encuentran varados en centro y sur América en condiciones de
absoluto desamparo. A esos emigrados extrae remesas y cobra servicios
consulares astronómicos, pero al mismo tiempo les niega todos los
derechos. El Gobierno cubano, con el que se solidarizan los
participantes en el encuentro continental, ha producido la mayor
expropiación de derechos ciudadanos de toda la historia continental.
Por supuesto, cada persona tiene derecho a tener sus preferencias
políticas. Incluso a apoyar a un gobierno represivo, cínico y
autoritario como el cubano. Pero nadie tiene derecho a hablar en su
nombre de democracia, de justicia o de un futuro mejor. Cuba es un
pasado abigarrado y pernicioso. La solidaridad con el Gobierno cubano
está reñida absolutamente con la decencia.
Artículo publicado en el periódico dominicano 7 días. Se reproduce con
la autorización del autor.

Source: La solidaridad con el Gobierno cubano y los límites de la
decencia – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-solidaridad-con-el-gobierno-cubano-y-los-limites-de-la-decencia-326227

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