Corrupción – Cuba – Corruption
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De lo sublime a lo ridículo no hay más que un jeep

De lo sublime a lo ridículo no hay más que un jeep
EUGENIO YÁÑEZ | Miami | 4 de Diciembre de 2016 – 18:55 CET.

En la Cuba castrista, versión de Macondo en tiempo real, puede suceder
cualquier cosa. Hasta que el jeep conduciendo las cenizas de Fidel
Castro se haya descompuesto a la entrada de Santiago de Cuba, y los
solemnes custodios de la urna hayan tenido que descender del vehículo
para empujarlo.

De manera que el supuestamente invicto Comandante, que fue capaz de
sobrevivir a más de 600 atentados organizados por “el imperialismo”,
según la fantasiosa y tramposa versión que cuentan sus alabarderos sin
aportar pruebas incontrovertibles y convincentes (porque tales
“atentados” son inventados), no fue capaz de superar normalmente el
recorrido La Habana-Santiago, porque entrando en “la cuna de la
Revolución” falló el jeep ruso que transportaba las sublimes cenizas.

Naturalmente, el transporte utilizado para ese movimiento podría haber
fallado en cualquier momento por su siempre cuestionable calidad, siendo
de los tipos de equipos que desde el inicio de su gobierno impuso el
dictador, que prefirió traerlos desde la Unión Soviética y “el campo
socialista” al despreciar, desde antes de que se impusiera el embargo,
los transportes y repuestos fabricados por “el imperio”, aunque a él
personalmente siempre le gustaron y utilizó para sus traslados las
marcas “capitalistas” Oldsmobile, Alfa Romeo y Mercedes Benz. El
ineficiente y protocolar Chaika blindado soviético que utilizaba a veces
era solamente para guardar las formas con sus amigos de la KGB.

Además de la poca confiabilidad del vehículo ruso utilizado para
trasladar los restos, es evidente la falta de preparación y capacidad de
los encargados del mantenimiento y puesta a punto del transporte en el
país, si incluso cuando están transportando las cenizas del Magno
Cadáver se pueden producir fallos como ese. ¿Qué hubiera sucedido si la
supuesta “agresión enemiga” que caricaturescamente se ensayó en el
recién concluido Bastión 2016, hubiera sido un evento real? ¿Hubiera
estado en condiciones el transporte “revolucionario” para enfrentar un
ataque enemigo en gran escala, cuando incluso el jeep con las cenizas de
Fidel Castro se encangreja en medio de la ciudad y hay que bajarse a
empujarlo? ¿Era realmente un jeep, o un carretón disfrazado?

Si algo así hubiera sucedido en África o en América Central se hablaría
del subdesarrollo, del colonialismo que esquilmó a los pueblos del
Tercer Mundo, o de cualquier otro de los temas favoritos de la izquierda
violenta para justificar su ineficiencia y corrupción.

Pero tratándose de un país donde, según declaró muy recientemente Raúl
Castro, su ya fallecido hermano enseñó a los cubanos durante toda su
vida que todo lo que se le ocurriera se podría lograr, es bochornoso, y
hasta patético, que entre las cosas que no se puedan culminar esté el
transportar las cenizas del —según ellos— difunto más importante del
país sin que el vehículo que las traslada tenga desperfectos mecánicos.

Por cierto, la frase de “Sí se puede” que tanto repitió Raúl Castro en
la ceremonia funeral final en Santiago de Cuba, y que mecánicamente
coreaban como focas amaestradas los participantes, fue la misma que
utilizó el presidente Barack Obama durante toda su campaña presidencial
en el 2008. Era de pensar que los verdaderos revolucionarios serían
capaces de imaginar consignas movilizadoras diferentes a las que
utilizan los gobernantes “imperialistas”.

Otro elemento a tener en cuenta es que cuando los custodios de la urna
tuvieron que bajar del vehículo para empujarlo, en cierto sentido
patinaron los mecanismos de la seguridad personal, pues debieron
abandonar momentáneamente la función de custodiar para empujar,
convirtiendo el jeep en uno de pilas, porque hizo falta una “pila de
gente” para moverlo y echarlo a andar nuevamente.

Se dice que en Santiago de Cuba muchos cubanos que adoran dioses
diferentes a los hermanos Castro ya han comenzado a señalar que el
desperfecto del jeep fue una clara señal de que esa “tierra caliente” no
deseaba recibir los despojos del dictador, y que tanto al difunto como a
su hermano debería gritárseles como gritaba Fidel Castro a los cubanos
que en 1980 abandonaban el país por El Mariel: “No los queremos, no los
necesitamos”.

De cualquier forma, Raúl Castro debería tomar medidas para que durante
sus propios funerales no ocurriera lo mismo en el traslado de sus restos
hasta el Mausoleo del Segundo Frente donde radica su nicho mortuorio.

La solución es muy sencilla. Que dejen guardados los ineficientes
“yipis” rusos y utilicen para remolcar la urna marcas “imperialistas”
reconocidas por su calidad, eficacia, solidez y prestaciones, como
Jeep, Land Rover, Mercedes, BMW, Nissan, o cualquier otra.

Source: De lo sublime a lo ridículo no hay más que un jeep | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1480874116_27180.html

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