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Los privilegios de Iberostar en Cuba

Los privilegios de Iberostar en Cuba
La hotelera española fue la primera empresa extranjera en obtener del
gobierno un permiso de exportación e importación
Miércoles, febrero 8, 2017 | Osmar Hernández

LA HABANA, Cuba.- La noticia de que la española Iberostar es la primera
empresa extranjera en obtener un permiso de exportación e importación
del gobierno cubano solo pudiera ser una gran exclusiva para quienes no
conocen los embrollos de la economía cubana.

Aparentemente, hasta hace solo unos meses, ningún inversionista
extranjero en la isla podía importar y exportar de manera autónoma. Pero
no debemos dejarnos engañar, la obligación de acudir a un intermediario
estatal, luego de sortear un engorroso entramado burocrático no exento
de corrupción y de tretas políticas, aún continúa en pie.

Téngase en cuenta que el anuncio de lo que para algunos es una muestra
de flexibilización no llegó junto con un listado de empresas que
acompañen a Iberostar en su buena suerte, de modo que la medida es un
privilegio excepcional que quizás se pudiera extender a otros
empresarios, según vayan superando la criba de confianza.

Iberostar, durante décadas, parece haber prestado grandes servicios al
gobierno cubano para ser la primera de tantas que, pudiera decirse, “se
le ha permitido salir del armario” y dejar de usar la máscara que
siempre debió llevar, al igual que otras empresas extranjeras radicadas
en Cuba, para el trasiego y hasta el contrabando de mercancías. Off
shore incluidas, probablemente.

Pero es difícil no preguntarse una y otra vez, ¿por qué Iberostar ha
sido la primera?

El gobierno cubano esgrime sus argumentos sobre la base de una lealtad
sostenida y, de paso, sobre los datos de estabilidad y crecimiento de la
empresa española que se muestran en diversos registros internacionales,
sin embargo, disimulará el histórico y hasta maquiavélico entramado de
relaciones entre la familia Fluxá, dueña de Iberostar, con algunos de
los Castro.

Una extensa y hasta novelesca telaraña que no solo se limita a la
aventura de Iberostar en el territorio insular sino que se ha extendido
a la Europa peninsular, involucrando a empresarios españoles e
italianos. De estos últimos el que más se suele recordar es a Alessandro
Cristoforetti, gran amigo de Antonio Castro y miembro de una familia
alguna vez vinculada al crimen organizado. Su padre encontró la muerte a
manos de mafiosos italianos.

Este es el Sandro (como le llaman los más allegados) al que, involucrado
con los Fluxá y dueño de varias propiedades en las Islas Baleares
relacionadas con el golf y la hotelería de lujo, Fidel Castro no solo le
permitiera traer a Cuba y regalar a Tony un ostentoso auto Hummer (alto
consumidor de combustible y, hasta pudiera decirse, que emblema del
“ejército enemigo”), sino que, durante los años 90 y hasta bien entrado
los 2000, recibiera el privilegio exclusivo de importar cigarrillos de
marca y la cerveza Heineken a Cuba, sorteando la burocracia del
Ministerio de Comercio Exterior.

A su vez, Sandro podía sacar de la isla todo el tabaco y el ron que
quisiera para alimentar sus varias off shore tanto en Panamá como en
Islas Baleares, también en Asia, todas muy fáciles de rastrear en internet.

Las mercaderías de lujo de Cristoforetti entraban a y salían de Cuba en
contenedores, ligadas con otras importaciones y exportaciones
tradicionales pero, a diferencia de estas y por intervención de Tony
Castro, no necesitaban demasiados trámites para alcanzar el destino final.

A cambio, el italiano no solo contagiaría o alimentaría al pequeño
Castro con su fanatismo por el golf y las carreras de autos, sino que le
regalaría largas estancias en sus hoteles en Mallorca y paseos en yate
por el Mediterráneo junto a miembros de familiares de esas dos castas
rivales, dueñas de Iberostar y de Globalia, también establecidas en la
isla caribeña y ambas, en gran medida por influencia de Cristoforetti,
con carta blanca en el actual megaproyecto de campos de golf de los Castro.

Sin embargo, la preferida del gobierno cubano siempre ha sido Iberostar
por ser la más leal, no a la nación socialista, sino a la familia real
cubana.

Globalia ha apostado por Cuba pero no lo suficiente como para correr la
misma suerte que su competencia, de modo que, hace ya algunos años, los
Castros influyeron en la decisión de Cristoforetti de vender el hotel
Son Antem de Llucmajor, en Mallorca, a Iberostar y no a Globalia, una
pugna que ocupó los titulares de la prensa española en su momento.

El actual Iberostar Son Antem, propiedad de Sandro, administrado
anteriormente por la cadena norteamericana Marriot Internacional y con
un excelente campo de golf de 18 hoyos, ha sido escenario en varias
ocasiones de campeonatos donde ha participado Tony Castro. Cosas de la vida.

La novela de “amor” entre Iberostar y el gobierno cubano es mucho más
extensa y con centenares de tramas y subtramas donde abunda el horror y
el misterio. Pero este es solo un capítulo piloto de un enorme culebrón
donde nada es lo que parece ser.

Source: Los privilegios de Iberostar en Cuba | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/los-privilegios-de-iberostar-en-cuba/

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