Corrupción – Cuba – Corruption
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Los que se fueron y los que se quedaron

Los que se fueron y los que se quedaron
La intolerancia puede disfrazar a la envidia y a la frustración, pero no
a la realidad
Miércoles, marzo 8, 2017 | Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba.- Los rostros de la lealtad al deporte “revolucionario”
cubano integran un Salón de la infamia erigido sobre las penalidades y
humillaciones de muchos de sus más prominentes protagonistas en
múltiples eventos dentro y fuera del país. Campeones olímpicos,
mundiales, panamericanos, centroamericanos y nacionales, cayeron en la
marginalidad.

De nada les sirvió la gloria deportiva, el patriotismo, la imagen
rutilante que dejaron del país, o el dinero aportado al Estado a través
de un Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación
(INDER), que los echó a un lado cuando dejaron de rendir, se lesionaron,
exigieron mejoras para competir, o fueron apáticos a la mezcla de
ideología y deporte en el país, que convirtió un jonrón, una lechada o
un hit, en una consigna: ¡Gracias a Fidel!

El rostro macilento del pitcher Manuel Alarcón, explotado del box y de
la vida por las lesiones, el abandono institucional y el alcohol, es
una de las muestras del juego sucio de la revolución cubana con sus
deportistas “leales”, pues al terminar su corta pero exitosa carrera
deportiva, tuvo que vender platanitos y palitos de tendedera para
sobrevivir, en una pesadilla donde los ecos de su gloria fueron apagados
de los altavoces de la revolución.

Modesto Verdura, otro de los imprescindibles en la historia del
pasatiempo nacional, pasó del terreno de béisbol a cargar sacos al
hombro en unos almacenes de su localidad, y Manuel “El brujo” Rivero,
condujo un carrito de recoger basura en Servicios Comunales, hasta que
le fueron amputadas las piernas por una diabetes mal cuidada que terminó
matándolo.

Elpidio “pillín” Mancebo, un recio toletero y estelar primera base de
los equipos orientales (Santiago) y en ocasiones del equipo nacional,
luego de su retiro hizo malabares para vivir y cuando se autorizó el
trabajo por cuenta propia arrendó su vivienda y acabó condenado a 12
años de prisión, por un presunto delito de corrupción de menores en su
terruño natal.

El retiro forzoso y en plenas facultades deportivas de varias estrellas
del béisbol cubano como Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, Omar Linares,
Víctor Mesa y otros más que ni siquiera han tenido un retiro oficial, se
acalló con migajas de jugar en equipos foráneos, o dándoles algún
carguito para dirigir o entrenar en distintos niveles de la pelota nacional.

Alrededor de 78 participantes en el Majá –venta de juegos- que pudrió la
pelota cubana a todos los niveles del país entre los años 75 y 82, según
relata en el libro homónimo, José Elías “El chino” González, su autor y
uno de los implicados en este acto de corrupción, terminaron
encarcelados en el Edificio 2, galera 35, del Combinado del Este de la
capital.

Con estos y otras decenas de peloteros leales a la revolución, que
fueron abandonados a su suerte o preteridos de las estadísticas del
béisbol nacional, se puede conformar una galería del fracaso donde la
fuga hacia otro país en busca del máximo nivel competitivo para la
realización profesional y personal del jugador, más que un acto de
deslealtad con la patria y a los que dejaron atrás, sea el ejercicio de
un derecho a vivir y un acto de defensa personal.

Los que se fueron

De ahí que me indignaran las declaraciones hechas por Ariel Pestano al
Play Off Magazine, donde el exreceptor de los equipos Villa Clara y Cuba
expresó su desacuerdo en que los peloteros cubanos que juegan en las
Grandes Ligas estadounidenses, lo hicieran de nuevo en el equipo
nacional, por considerar humillante su inclusión para los que se
quedaron a jugar aquí.

Según el exenmascarado “no es por el hecho de que sean cubanos o no, si
no porque llamarlos a una selección nos quitaría el valor (a los
peloteros que se quedaron) que nosotros nos merecemos, Una cosa así nos
ofendería, ellos se reirían de nosotros. ¿En qué sentido? En el
monetario, en la profesionalidad, aseguró un Pestano con mucho que aclarar.

Entre las ridículas consideraciones de Pestano sobre las humillaciones
que sufrirían los sacrificados y fieles peloteros que se quedaron aquí,
¿por qué no incluye las provocadas por un gobierno que los hizo jugar
por un salario miserable, apenas sin implementos ni uniformes, durmiendo
en literas en los estadios, mal alimentados, para medio siglo después de
prohibirles soñar con la pelota “esclava”, como calificó a la Major
League Baseball (MLB), dar lo que sea, por verlos jugar allá, con tal
de adueñarse de la mayor parte del dinero que les corresponde?

¿Quiere mayor humillación Ariel Pestano que la de no poder mencionar
durante años el nombre de sus compañeros de equipo que juegan fuera del
país, al ser considerados vende patrias y traidores por una revolución
que sin el menor escrúpulo, invita a varios de estos recientes
millonarios “traidolares”, a regresar para impartir clínicas de béisbol
a las nuevas generaciones de peloteros cubanos, como lo hicieran José
“Pito “Abreu y Yasiel Puig?

¿De qué valores habla Pestano cuando hoy los peloteros cubanos son
vendidos más baratos que pirulís y preservativos de a peso sin importar
si es a un equipo de Inuit en una liga esquimal, si pueden quitarles
aunque sea un pedazo del hielo adquirido con su sudor? ¿O acaso su
rechazo es porque quienes los contraten –INDER mediante- sean americanos
o no?

¿Prefiere el pundonoroso enmascarado que los equipos cubanos continúen
siendo la mona y el hazmerreír en cuanto torneo fuera de Cuba compitan
sin los aportes de otros coterráneos que hoy militan en ligas foráneas
como Aroldis Chapman, Yoenis Céspedes, Kendry Morales, Leonys Martín,
Gourriel, o los antes mencionados Pito Abreu y Yasiel Puig?

La intolerancia puede disfrazar a la envidia y a la frustración, pero no
a la realidad. ¿Considera Pestano que David Ortiz o Miguel Cabreara son
traidores por jugar en la MLB? ¿No son ellos quienes con su esfuerzo y
dinero forman ligas infantiles y apoyan el deporte de las bolas y los
strikes en sus países de origen, en gestos muy lejos de la deslealtad?

Alfredo Despaigne, quien juega en la liga profesional japonesa, ¿lo hace
por solidaridad con las víctimas del terremoto, del tsunami o de la fuga
nuclear en Fukushima, o por dinero para él, su familia y el Estado
Usurero? ¿No hacen lo mismo el resto de peloteros cubanos que juegan en
otros países? Entonces, ¿qué diferencia hay con quienes lo hacen en la
MLB, sino que aquellos no tienen que darle nada al Estado cubano y sus
testaferros del INDER?

¿No sería mejor que parte de los millones de dólares ganados por Yoenis
Céspedes y otros peloteros cubanos, se invirtieran aquí para desenterrar
un deporte que de pasión y orgullo para los cubanos pasó a ser una
vergüenza nacional por sus resultados en los últimos años, con un
retroceso en todos los niveles que se ve desplazado del gusto popular
por el fútbol?

Esperemos que Ariel Pestano haya sido nombrado hace unos días director
del equipo de béisbol menores de 23 en Villa Clara, gracias a sus
indiscutibles méritos en el béisbol, y no por sus declaraciones al Play
Off Magazine en contra de que sus excompañeros en el béisbol cubano que
hoy juegan en las grandes ligas americanas, puedan integrar el equipo
Cuba.

vicmadominguez55@gmail.com

Source: Los que se fueron y los que se quedaron CubanetCubanet –
www.cubanet.org/destacados/los-que-se-fueron-y-los-que-se-quedaron/

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