Corrupción – Cuba – Corruption
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Stephen Purvis o la vida de un extranjero en Cuba… hasta que la Seguridad toca a la puerta

Stephen Purvis o la vida de un extranjero en Cuba… hasta que la
Seguridad toca a la puerta
marzo 19, 2017

El hogar de Purvis era una villa hermosa de los años 50, pronto llena
con sus cuatro niños. Los sábados los pasaba en la piscina de un club en
la playa. Pero el poderoso título de sus memorias, Close but No Cigar,
es su propia admisión de lo mal que la vida puede terminar bajo un
régimen comunista.
Muchos recuerdan a inicios del nuevo milenio a Stephen Purvis en las
recepciones de la embajada británica en La Habana con sus más de seis
pies, cabello gris recortado, vaso de ron en la mano, una amplia sonrisa
y buenas historias que contar, escribe Stephen Gibbs en The Guardian en
un extenso artículo que narra la odisea del arquitecto inglés en La Habana.

A Purvis le encantó Cuba, donde escapaba de la ordenada y aburrida vida
capitalista en Wimbledon. Le habían ofrecido un trabajo como director de
desarrollo con Coral Capital, una empresa de inversión y comercio, y
decidió mudarse a la isla con su esposa, dice Gibbs en el artículo
titulado ‘From now on you have no name’: life in a Cuban jail (A partir
de ahora no tienes nombre: la vida en una cárcel cubana) .

Coral Capital era una de varias pequeñas firmas extranjeras -casi todas
encabezadas por individuos extravagantes y aventureros- que se
instalaban en Cuba cuando el país buscaba socios internacionales después
del colapso de la Unión Soviética.

El trabajo de Purvis era buscar oportunidades de joint venture con el
Gobierno comunista cubano. Los proyectos planificados incluyeron el
primer campo de golf que se construyó en la isla desde la revolución de
1959, y la remodelación de un hotel antes glamoroso, el Saratoga.

Cuenta Gibbs que los Purvis se instalaron en una villa hermosa de los
años 50 de la capital, pronto llena con sus cuatro niños. Los sábados
los pasaba en la piscina de un club en la playa. Purvis también se metió
en el teatro, produciendo en La Habana el espectáculo de danza cubana
Havana Rakatan, que se exhibió con éxito por varios años en Londres.

Nadie, por supuesto, imaginó que esos días de gloria terminarían tan
abruptamente, con Purvis encarcelado en lo que él describe como un
“zoológico” montado para meter a los enemigos del Estado. Pero así
resultó. El poderoso título de sus memorias, Close but No Cigar, que
saldrá a la venta este 23 de marzo, es su propia admisión de lo mal que
la vida puede terminar bajo un régimen comunista.

“La última vez que vi a Purvis en La Habana fue en 2011, pocas semanas
antes de su arresto, en una fiesta de Año Nuevo (yo había sido el
corresponsal de la BBC en Cuba entre 2002 y 2007), pues la llegada del
Año Nuevo es una gran cosa en Cuba, en parte porque coincide con el
aniversario de la revolución castrista y allí estaban nada menos que dos
de las hijas del general Raúl Castro”, señala Gibbs en su artículo.

Para entonces, el terror cundía entre los extranjeros haciendo negocios
en la isla. Muchos estaban susurrando que este probablemente sería su
último fin de año en Cuba. Todos conocían a alguien que había estado
atrapado en una misteriosa pero cada vez más amplia serie de arrestos.
Dos destacados canadienses, Sarkis Yacoubian y Cy Tokmakjian, habían
sido detenidos desde el verano. Un conocido empresario chileno, que
antes se jactaba de ser amigo de Fidel Castro, había sido condenado en
rebeldía a 20 años de cárcel. Y el jefe de Purvis, Amado Fakhre, el CEO
británico-libanés de Coral Capital, había sido encarcelado en octubre.

“La sensación de un destino inminente estaba creciendo día a día”,
recuerda Purvis. Asegura que sería el primero en admitir que fue “un
idiota” por no dejar el país cuando todavía podía. Pero estaba
convencido de que no había hecho nada malo.

Ninguno de los extranjeros encarcelados había sido formalmente acusado
de nada, pero se suponía que estaban atrapados en la promesa del general
Castro de presuntamente “erradicar la corrupción”.

En el 2010, cientos de cubanos, incluyendo ministros y altos ejecutivos,
habían sido detenidos o despedidos. La red se estaba ampliando a los
extranjeros, que también estaban infringiendo la ley al pagar a sus
empleados cualquier bonificación por la izquierda, o incluso comprarles
el almuerzo.

Purvis, que admite pagar una pequeña pensión a un ex empleado, está
convencido de que los arrestos masivos no eran en realidad sobre la
corrupción, sino la torpe purga de la vieja guardia de Fidel Castro, que
estaba siendo reemplazada por una nueva camarilla (compuesta sobre todo
de ex militares) aliada de su hermano Raúl.

El 8 de marzo de 2012 vinieron por él. Poco después del amanecer, una
flota de Ladas sin chapa se detuvo estrepitosamente frente a su casa.
Purvis fue llevado esposado, su cabeza forzada entre sus rodillas, a una
casa anónima de estilo art deco cerca del aeropuerto. Allí, fue acusado
provisionalmente de ser un “enemigo del Estado”. Se le aconsejó no
contratar a un abogado y cooperar inmediatamente. De acuerdo con eso,
fue llevado a la tristemente conocida cárcel de la Seguridad cubana
conocida como Villa Marista, en lo que se describió, eufemísticamente,
como “instrucción adicional”, describe Gibbs.

“Villa”, como es conocida por los disidentes cubanos, es un antiguo
seminario católico en las afueras de La Habana convertido por los
castristas en centro de interrogatorio en 1963, donde utilizan técnicas
perfeccionadas por la KGB. Eventualmente, dicen, todo el mundo “canta”
en Villa. Purvis cree que él y su jefe son los únicos ingleses que han
sido llevados allí. Durante meses, se convirtió en “Prisionero 217”. Su
vida fue totalmente controlada por un hombre conocido como “el
instructor”. Pasaba casi cada hora del día en una celda del tamaño de un
colchón, con otros tres internos (uno de los cuales creía que era un
informante del gobierno). Los cuatro compartían una letrina abierta.

Las terribles condiciones sólo fueron atenuadas por los “juegos
psicológicos” de los interrogatorios que tuvieron lugar día y noche.
Purvis dice que fue interrogado durante horas, a menudo sobre los
detalles de las vidas de otros extranjeros en la isla. La intención era
hacer que informara sobre cualquiera que pudiera haber hecho algo
ilegal, por poco que fuera. Purvis dice que se negó a hacerlo,
probablemente ahorrando a otros expatriados (algunos de los cuales aún
viven y trabajan en Cuba) un destino similar al suyo propio. No niega
que “la tentación estaba allí”, señala Gibbs.

Después de meses en Villa Marista, dice que se sentía “a la deriva”,
dormía poco y estaba perdiendo su visión. Aproximadamente una vez al mes
escuchaba de un intento de suicidio cerca. La tensión en su familia era
enorme. Su esposa sufrió un colapso y tuvo que ser hospitalizada. La
anciana madre de Purvis vino a Cuba para cuidar a los niños antes de que
finalmente se tomara la decisión de que la familia se fuera del país.

En su libro, Purvis es mordaz sobre la falta de ayuda recibida de la
embajada del Reino Unido en La Habana. Ninguna escolta consular fue
ofrecida a la esposa y los hijos de Purvis el día que salieron de Cuba.

Purvis fue trasladado a La Condesa, una prisión de máxima seguridad para
extranjeros. Describe a sus compañeros allí como “un grupo mixto” de
inocentes, asesinos, violadores y narcotraficantes.

En junio de 2013 se organizó una fachada de juicio, en un proceso que
finalmente conduciría a la libertad de Purvis, al tiempo que le
convencía del carácter burlesco de la justicia cubana. Como el juicio
era secreto, no se le mostró ninguna evidencia, por lo que nunca tuvo
oportunidad de saber de qué se le acusaba o de preparar una defensa.
Purvis fue declarado culpable de transacciones ilegales en moneda
extranjera. Su condena fue de dos años y medio de duración sin custodia.
Fue puesto en libertad.

Todos sus bienes en Cuba se han perdido. El proyecto del campo de golf
en el que trabajó ha sido asumido por una empresa china. El Saratoga es
ahora considerado el mejor hotel de Cuba. Madonna celebró su 58
cumpleaños allí el año pasado. Los inversionistas de Coral Capital
todavía están tratando de recuperar su desembolso.

Después de regresar a Londres, dice que se volvió “agresivo y volátil”.
Los hábitos penitenciarios eran difíciles de sacudir. Con frecuencia
llamaba a la cárcel de La Condesa para hablar con sus amigos allí.

Purvis dice que se está “recuperando ahora”, y el proceso de escribir
este impactante libro de memorias, que ha sido nominado para un premio
Gold Dagger, ha ayudado a ese proceso.

En un fragmento del libro sobre la entrada a Villa Marista se lee:

“Este lugar fue originalmente destinado a ser un seminario, pero ahora
no hay ningún signo de ninguna inspiración celestial. Dios ha abandonado
el lugar y está en las manos del lado oscuro. Aquí es donde se encierra
a los presuntos agentes de la CIA, donde los funcionarios purgados se
arrepienten y donde todos los cubanos temen pisar. Aquí es donde el
contratista estadounidense Alan Gross fue interrogado durante meses y
meses para tratar de probar que era un espía y no un activista judío.
Esta es su Lubyanka, su cuartel general de la Gestapo. Estos toscos y
verdes bloques están diseñados para extraer confesiones, reales o
fantásticas, para paralizar mentalmente a los enemigos del Estado. Tiene
una temible reputación de tortura psicológica.

Salimos a un amplio corredor… Me empujan a una habitación de lado y me
ordenan poner todas mis cosas encima de un colchón repugnante, sucio,
manchado de mierda. Una almohada manchada con sangre es tirada en la
parte superior. Miro fijamente la sangre con incredulidad, una ola de
desesperación dentro de mí…

Me arrastro, ahora casi catatónico. El guardia tiene una cadena larga
que lo rodea y un enorme bastón de goma bamboleante que golpea contra la
pared mientras marcha. Todo está en silencio excepto por el goteo del
agua, el chirrido de las botas de los guardias y el sollozo de un hombre
en una celda”…

(Basado en el artículo ‘From now on you have no name’: life in a Cuban
jail, publicado por Stephen Gibbs en The Guardian)

Source: Stephen Purvis o la vida de un extranjero en Cuba… hasta que
la Seguridad toca a la puerta –
www.martinoticias.com/a/cuba-britanico-stephen-purvis-prision-libro/141336.html

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